martes, 29 de agosto de 2017

Corcho de limonada


La migración de venezolanos a los múltiples confines del mundo tiene varias aristas. Por una parte, otros países están recibiendo una de las generaciones mejor preparadas desde el punto de vista académico sin necesidad de invertir ni un centavo en la formación del más depurado talento humano del continente.

Por otro lado, están quienes en la desesperación emigran como advenedizos, cargando las características propias de una peregrinación desesperada, que no se encuentra depurada de los males de una sociedad como la nuestra. Países vecinos se han visto afectados por las actividades que al margen de la ley realizan algunos de quienes hoy en día se van de nuestro país.

Pero lo que a mi parecer es más grave, independientemente de que nos estemos convirtiendo en un problema y a la vez una solución para otras naciones, es que con la desbandada venezolana, quienes seguimos apostando por nuestra nación, nos estamos quedando sin los prestadores de los más importantes servicios. Miles de profesionales de las más disímiles áreas, pero particularmente los más jóvenes, se marchan de Venezuela como quien huye de la peste o un mal mayor.

Tratar de obstaculizar la partida de connacionales no tiene mucho sentido, porque por una parte no somos una isla y los canales para salir del país son infinitos, además de que se estaría vulnerando con los derechos más elementales de una persona, como lo es el poder decidir en cuál lugar del planeta desea vivir. A mi juicio, en estos tiempos tan enrarecidos, debería ser tema de reflexión para quienes ostentan el poder en la Venezuela contemporánea, cómo hacer que nuestra nación se vuelva un lugar en donde las nuevas generaciones apuesten por un mejor porvenir. Cada vez son más los jóvenes que corren disparados como si estuviésemos viviendo el fin de los tiempos mientras los vecinos de la región presumen del sano equilibrio que han logrado sus sociedades.

Todo ello pasa por dos elementos sin los cuales la estampida de venezolanos seguirá siendo indetenible. El primero es que nadie en su sano juicio y a edad temprana vivirá en un país con los niveles de inseguridad personal que tenemos, lo cual lleva a la necesidad de acabar con la impunidad, aumentar el carácter represivo de las fuerzas del orden público y ofrecer los más variados y mejores empleos.

Lo segundo es condicionante de lo primero. Por más estrambóticas o ilusas que puedan parecer unas consignas políticas, una y otra vez se van a estrellar con la realidad que representa el tema económico. Con una economía crónicamente enferma y sin atisbos de asomar cambios a cercano o mediano plazo, quedarse en Venezuela es una apuesta que difícilmente se puede sostener a través del razonamiento lógico.

Las migraciones son parte de la historia de la civilización y nuestra nación atraviesa por ese fenómeno, que toca de cerca a cada familia en los más diversos estratos sociales. La diferencia con otras situaciones, como por ejemplo los desastres naturales o las guerras, es que en nuestro caso no solamente es algo que de alguna manera se indujo, sino que además se pudo evitar.

Para quien no vive por estos lados, debe tratar de hacer el dificilísimo ejercicio de entender que el país que una vez conoció no existe ni volverá a ser como era, simplemente porque cuando las sociedades cambian en su esencia valorativa, dejan de ser lo que les daba identidad y mutan a sociedades con características diferentes, imposibles de revertir.

El asunto venezolano es y será por muchísimo tiempo tema de estudio para las más audaces mentes que una y otra vez se toparán con el problema de la necedad humana. Incapaces de aceptar que el mejor país es el que ofrece mayores elementos de bienestar colectivo y armonía social, los que aquí habitamos somos testigos de un insólito caso en el cual una nación que iba bien encaminada, se desvió por los senderos más agrestes y difíciles de transitar.

Nada nuevo bajo el sol y es pertinente asomar ejemplos: La Alemania dorada de grandeza histórica, termina con el advenimiento de Adolfo Hitler y el surgimiento del nacionalsocialismo que llevó a la ruina de Europa. El esplendor del más ambicioso de los imperios dio como hijo a una figura como Calígula, manifestación de la depravación en Roma. Los atenienses que crearon lo más granado de la civilización y de quienes heredamos la filosofía, desaparecieron en su nicho original. Ejemplos que representan un sinfín de casos de países o culturas que luego de haber alcanzado un alto grado de relevancia humana tocaron fondo, llegando al subsuelo de lo impensable.

Ojalá los cambios imprescindibles se puedan dar y no naufraguemos como tantos predecesores, que aquel país de gente alegre y divertida se recupere de las embestidas de estos tiempos y sea la inteligencia y no la autodestrucción la que se imponga. Ojalá que no pasemos a formar parte de la larga lista de naciones que eran una promesa y lo que anhelaban ser se transformó en un recuerdo.



Twitter: @perezlopresti

Ilustración: @Rayilustra 

Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 29 de agosto de 2017

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