domingo, 15 de diciembre de 2019

Lo contemporáneo


Durante quince años y de manera ininterrumpida, desde el Departamento de Psicología y Orientación de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de Los Andes, en Venezuela, en donde tuve el grato privilegio de ser Jefe en tres oportunidades, dirigimos un programa de actividades en donde tratamos de darle sentido a “lo contemporáneo”.


Con gran esmero y dedicación, colegas, preparadores y estudiantes, organizábamos cada una de estas actividades a las cuales asistía un número sustancioso de personas en forma regular. Los tópicos no podían ser más ambiciosos y simultáneamente terrenales. Básicamente la actividad se desarrollaba en un espacio de lujo, la Cátedra Simón Bolívar de la Facultad, en donde invitábamos a uno o dos expertos en un tema en particular y luego se establecía una conversación con el público asistente en donde la esencia de la actividad era exponer las ideas al debate público. Tuvimos invitados de primera categoría, tanto humana como académica y se generó respeto por las ideas del otro, independientemente de lo controvertido que estuviese con la forma de pensar de los presentes. El debate cordial como elemento dialógico, fue la esencia de esta actividad. 

¿Cómo te llamas y te diré qué eres?

Inicialmente, la actividad se llamaba Psicología del arte, lo cual era muy atinado por ser una invitación conceptual a la libertad, pero por razones que tienen que ver con los artilugios con los cuales se debe tratar de vencer la burocracia, la defensa de lo propositivo y dar sentido de certeza a las autoridades que avalaban la actividad, tuvimos que cambiarle el nombre por uno más rígido y serio: Programa de actividades interdisciplinarias del Departamento de Psicología y Orientación. Ese cambio nos permitió vencer resistencias, mostrarnos ceñidos a la camisa de fuerza que imponen ciertos dinosaurios intelectuales y finalmente hacer lo que quisiésemos, con un grado de libertar solo posible de desarrollar en el seno de La Universidad Autónoma Venezolana, lo cual representa una conceptuación sobre la docencia que dista mucho de parecerse a las instituciones privadas y/o las tuteladas por el gobierno, que no tienden a cultivar los preceptos de quienes nos formamos e impartimos docencia bajo el generoso manto de la autonomía. 

La obsesión por lo contemporáneo

Sobre por qué el tema de la contemporaneidad es asunto que obsesiona a quien escribe estas líneas, lo he dejado plasmado en al menos cuatro libros de mi autoría: Psicología. Lecturas para educadoresPsicología y contemporaneidadLos cambios psicológicos y Para todos y para ninguno y otros ensayos, todo lo cual traté de volcar en esa actividad que de manera colectiva desarrollamos de manera habitual por quince años en Mérida.

Lo contemporáneo forma parte de las cosas que más me atraen porque creo que el hombre, inmerso en su propio tiempo, difícilmente puede llegar a comprenderlo y se transforma en una especie de cordero que va de un lado a otro dependiendo de quién sea el guionista de ocasión. De ahí que una protesta callejera, un tumulto, la moda, la música que se populariza o una causa aparentemente ideologizada es el campo en donde trabajamos y pensamos quienes queremos comprender el tiempo en que vivimos. Pero por encima de cualquier cosa, tal vez lo que mayor fascinación ejerce en este servidor público son las expresiones de la cultura popular o las inducciones que se hacen para que la cultura popular repita patrones impuestos. 

1.Las expresiones de la cultura popular: De lo populachero y vulgar surgen locuciones universales de amor y valor, las cuales saltan y se convierten en símbolos y principios de culto. Imposible perderse tal riqueza, representada en consejas, expresiones musicales, manifestaciones creativas, razonamientos tan burdos como enriquecedores y la sapiencia de la calle y el mercado, ambos vertederos de lo mejor y lo peor del hombre común.

2.Las inducciones que se hacen para que la cultura popular repita patrones impuestos: Cunden laboratorios de la industria publicitaria y se establecen pautas de consumo e inducción de necesidades ficticias. Lo mismo pasa en el terreno de lo ideológico, en donde el pensamiento argumentativo pasa a ser un eslogan y se repiten las mismas consignas desvencijadas y fracasadas sin que se les pueda contra-argumentar sin recibir los cuestionamientos o pataletas de rigor. Las camisas de fuerza ideológicas pasan a ser consignas de limitados intelectuales en donde anida la histeria y las formas más bestiales de justificación de lo violento. 

Regresando a los buenos tiempos

Incapaz de mantenerme quieto frente a las cosas que he cultivado en la vida, otra vez cada jueves, a la misma hora, el Programa de actividades interdisciplinarias del Departamento de Psicología y Orientación sigue existiendo, pero en otras latitudes y con un tercer nombre. La contemporaneidad sigue enmarañando espacios y estaremos ahí, juntando a participantes y espectadores.   





Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 17 de diciembre de 2019. 





domingo, 8 de diciembre de 2019

Contracultura versus contracultura



El hecho de que existan individualidades que se opongan en forma tajante “al sistema” forma parte de los elementos de cualquier sociedad. Es natural que haya personas que manifiesten su contrariedad por la forma como se conducen las dinámicas grupales. El arte, por ejemplo, suele surgir como elemento que contraviene el sistema de creencias de los distintos conglomerados.

Sería muy poco lo que hubiese cambiado la historia de la civilización si no fuese porque individualidades o grupos no estuviesen permanentemente señalando aquellas cosas que incluso no queremos escuchar. Gracias a estas formas de interpretar la realidad y de percibir el entorno es que se inducen cambios, como el derecho al sufragio universal o los derechos sexuales y humanos, en general.

Esto no tiene nada de especial, al punto de que, con frecuencia, los movimientos que inicialmente son percibidos como contraculturales terminan por ser parte de la sociedad en términos de integración a la misma. Los movimientos “contra” o de vanguardia, acaban por formar parte de lo socialmente aceptable, se academizan y se normalizan con el paso del tiempo.

Contracultura de muerte

Bajo esa premisa, pudiésemos decir que existen propuestas vitalistas, que enaltecen lo humano y lejos de ser revanchistas u oportunistas, favorecen al desarrollo. En este sentido, existe una contracultura positiva que finalmente se vuelve adaptativa. De manera antagónica, existen movimientos claramente signados por el odio, la muerte, el deseo de venganza y la anulación del otro, que lejos de formar un aporte se vuelven taras civilizatorias con las que hay que lidiar. Son capaces de invalidar generaciones enteras y la búsqueda de un fin último de carácter maligno se convierte en una clara amenaza para la mesura y el alcance de logros.

¿Cómo distinguir unos de otros? Es una interrogante difícil de resolver, toda vez que hay claros ejemplos de movimientos contraculturales que acecharon la paz humana y terminaron por generar paz y conciencia de los problemas que se planteaban. De igual manera han aparecido formas de lucha que se mostraban benéficas (casi beatíficas) que escondían el espíritu de los lobos con piel de ovejas. De ahí que debe existir un mínimo de sentido común en los grupos que les permita hacer el discernimiento de rigor y separar la paja del trigo.

Los rebaños de ovejas

Lastimosamente para quienes somos parte de la gran nave planetaria, tenemos que ver casi con espanto cómo gigantescas multitudes hacen cosas sin saber por qué las hacen, dicen cosas sin saber por qué las dicen y difícilmente son capaces de pensar con un mínimo de profundidad. Esta muchedumbre es la que en ocasiones trastoca el buen sentido de los pueblos, apuesta por formas erráticas de convivencia o idealizan a líderes monstruosos. Son el acompañamiento mayoritario que conforma la tragedia humana, porque no son reflexivos al momento en que la primera de las ovejas tome la decisión de lanzarse al vacío. La secundan en una expresión malsana que apuesta por lo peor de lo humano, lo que es vulgar y carente de trascendencia. Es la gran chusma, capaz de destruir o poner en jaque de vez en cuando los cimientos de lo humano. Bajo el engaño y la manipulación de rigor son capaces de rebajar lo bello y elevado al punto de volverlo cenizas. El hombre con principios potencialmente se verá enfrentado al gran rebaño, si no tiene las suficientes habilidades para lidiar con él. Entre hacerse el tonto y asumir roles de liderazgo habrá de transcurrir la vida de quien tiene el suficiente talento para pensar por cuenta propia.

La educación es la gran llave que abre las puertas para poder desarrollar sociedades sanas. La insania social tiene que ver con incapacidad de tener ojo crítico ante los asuntos propios de la existencia. Pocas inversiones dejan tantos frutos como la inversión en materia educativa, porque permite la movilización y el igualitarismo social, generando equidad. Un Estado inteligente ha de fomentar la posibilidad de que sus ciudadanos se eduquen o de lo contrario estará generando el caldo de cultivo para que aparezcan las formas más inadecuadas de desenvolvimiento. La educación nunca es un gasto y siempre es una inversión. Pobre de quienes no perciban la educación como el mejor de los bienes humanos, porque tarde o temprano lo alcanzará la barbarie. La educación es la máxima expresión sobre cómo materializar la cultura en términos de equilibrio entre pares y de fomentar mejores niveles de vida en los habitantes de cualquier país.

En la medida que el acceso a la educación sea el privilegio de unos pocos o en la medida en que la educación se masifique al punto que pierda la calidad, cualquier sociedad estará en peligro de que las maneras más abyectas de comportamiento sean las que se apoderen el control de los estamentos de poder. Educar ha sido y sigue siendo parte de lo que soy. Esperemos que la pasión por la educación se contagie.



Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 10 de diciembre de 2019.  

Venezolanos: Navidad 2019


Va a ser una Navidad especialmente sensible para muchos venezolanos este año. Con familiares desperdigados por el mundo, será inevitable que en cada rincón de cada familia se derramen lágrimas por quienes se han tenido que marchar a otros confines, buscando mejores condiciones de vida. La fragmentación de las familias y el vacío de la separación estarán presentes este mes.

De todas las fechas del año, muchos, entre quienes me encuentro, esperamos los días navideños con emoción y alegría. Para cualquier venezolano, no tiene nada de especial que la Navidad se celebre desde el 15 de noviembre en adelante. Para quienes somos andinos, por ejemplo, Navidad es hasta que se hace la paradura del niño, por lo que la fiesta dura al menos dos meses. Este tiempo tan particular, con su enorme carga de religiosidad y tradición, permite  que una y otra vez nos miremos a la cara en torno a la mesa y a los más deliciosos platos de la comida de nuestro país. Esencialmente la navidad es una fiesta familiar.

Para quienes nos vemos forzados a pasarla en otros confines la vivencia no es menos rara, toda vez que quisiéramos que la reunificación de cada familia se hiciese algún día realidad. Ya ni entiendo el problema venezolano en términos de explicación política, porque el cansancio y el hastío de las expectativas no  satisfechas han hecho que de alguna manera haya terminando por aceptar nuestro país tal como es: Una repetición de yerros en los que se sobreponen intereses personales y grotescos idearios para tratar de justificar tamaño entuerto. Viví la fragmentación de una sociedad, tanto como ciudadano que trata de cumplir con las normas como desde el ámbito personal, lo cual remueve el mundo interior, los valores y los afectos.

En tierras de nadie

La idiosincrasia de cualquier compatriota lo hace vulnerable al desarraigo y a la sensación de vacío. No es cosa menor andar por el mundo escuchando música venezolana, comiendo arepas y cantando un cumpleaños feliz tan largo. Como errantes, nos encontramos con personas de otros países enjutas, encerradas en su neurosis, carentes de musicalidad vital, mientras la danza, la fiesta y la carcajada nos acompañan a donde quiera que vayamos. Es que ser venezolano lo hace a uno sin lugar a dudas un ser especial. Del país de las grandes celebraciones y la chanza de rigor, solo puede seguir brotando alegría, aun en las más difíciles circunstancias.

Contemporáneos y familiares están regados por la tierra, desde Australia hasta Canadá y cada vez que me nombran a alguien, casi por reflejo pregunto ¿en dónde se encuentra? y las respuestas no dejan de ser sorprendentes. En general, cada familia tiene al menos una persona fuera de Venezuela, mientras otros grupos de conocidos se han podido marchar en su totalidad.

Una colega, en una reunión a la que acudí recientemente, me decía que tenía tres hijos, en tres países diferentes, mientras se le escapaban las lágrimas. ¿De cómo llegamos a disolver la esencia de una nación? será tema de estudio de varias generaciones. En lo que a mí respecta, todo recuerdo hermoso de mi país lo llevo tatuado en mi memoria. Imagino que solo se puede vivir una vez en el paraíso.

De lo negativo, que es mucho, lastimosamente está vinculado con hechos políticos que escaparon a nuestra capacidad de resolución. Los que pudimos conocer las dos Venezuela, la que una vez tuvimos y la actual, sabemos que no es mala decisión migrar a otros confines si es imprescindible. En la medida que nuestras Universidades nos prepararon con una formación de calidad y bajo la premisa de que pudimos ser beneficiados con educación gratuita, se generó una condición de igualitarismo que se la agradecemos a quienes tuvieron la elevada visión de apostar por la enseñanza.

Cuando cada barril petrolero se invirtió en educar a los venezolanos de los más diversos orígenes, se nos estaba convirtiendo en potenciales entes transformadores de cualquier contexto en el cual nos desempeñásemos. Eso somos hoy en día quienes nos tuvimos que marchar, con el título por delante. Quien no estudió en la Venezuela potencia, perdió la posibilidad de adquirir una formación que pocos países están en condiciones de ofrecer a sus ciudadanos.

El mejor lugar del mundo

En estos días de Navidad, no puedo dejar de recordar las enseñanzas de mi abuela, con sus largas e impresionantes historias sobre la Segunda Guerra Mundial, su infinita gratitud con el país que la recibió y las insondables vicisitudes por las que transita cualquier migrante. En estos días no dejo de recordar a mi abuela cada vez que decía que el mejor lugar del mundo es donde a uno le vaya bien y lo decía rodeada de su familia.

Yo digo que el mejor lugar del mundo es donde a uno le vaya bien y eso tiene que ver con poder compartir cada día con las personas que amamos. En esta Navidad tan especial, en la cual el desarraigo está presente en muchos compatriotas, no puedo sino agradecer al país que tanto me dio.





Publicado en el diario El Universal de Venezuela el martes 03 de diciembre de 2019.