domingo, 8 de diciembre de 2019

Contracultura versus contracultura



El hecho de que existan individualidades que se opongan en forma tajante “al sistema” forma parte de los elementos de cualquier sociedad. Es natural que haya personas que manifiesten su contrariedad por la forma como se conducen las dinámicas grupales. El arte, por ejemplo, suele surgir como elemento que contraviene el sistema de creencias de los distintos conglomerados.

Sería muy poco lo que hubiese cambiado la historia de la civilización si no fuese porque individualidades o grupos no estuviesen permanentemente señalando aquellas cosas que incluso no queremos escuchar. Gracias a estas formas de interpretar la realidad y de percibir el entorno es que se inducen cambios, como el derecho al sufragio universal o los derechos sexuales y humanos, en general.

Esto no tiene nada de especial, al punto de que, con frecuencia, los movimientos que inicialmente son percibidos como contraculturales terminan por ser parte de la sociedad en términos de integración a la misma. Los movimientos “contra” o de vanguardia, acaban por formar parte de lo socialmente aceptable, se academizan y se normalizan con el paso del tiempo.

Contracultura de muerte

Bajo esa premisa, pudiésemos decir que existen propuestas vitalistas, que enaltecen lo humano y lejos de ser revanchistas u oportunistas, favorecen al desarrollo. En este sentido, existe una contracultura positiva que finalmente se vuelve adaptativa. De manera antagónica, existen movimientos claramente signados por el odio, la muerte, el deseo de venganza y la anulación del otro, que lejos de formar un aporte se vuelven taras civilizatorias con las que hay que lidiar. Son capaces de invalidar generaciones enteras y la búsqueda de un fin último de carácter maligno se convierte en una clara amenaza para la mesura y el alcance de logros.

¿Cómo distinguir unos de otros? Es una interrogante difícil de resolver, toda vez que hay claros ejemplos de movimientos contraculturales que acecharon la paz humana y terminaron por generar paz y conciencia de los problemas que se planteaban. De igual manera han aparecido formas de lucha que se mostraban benéficas (casi beatíficas) que escondían el espíritu de los lobos con piel de ovejas. De ahí que debe existir un mínimo de sentido común en los grupos que les permita hacer el discernimiento de rigor y separar la paja del trigo.

Los rebaños de ovejas

Lastimosamente para quienes somos parte de la gran nave planetaria, tenemos que ver casi con espanto cómo gigantescas multitudes hacen cosas sin saber por qué las hacen, dicen cosas sin saber por qué las dicen y difícilmente son capaces de pensar con un mínimo de profundidad. Esta muchedumbre es la que en ocasiones trastoca el buen sentido de los pueblos, apuesta por formas erráticas de convivencia o idealizan a líderes monstruosos. Son el acompañamiento mayoritario que conforma la tragedia humana, porque no son reflexivos al momento en que la primera de las ovejas tome la decisión de lanzarse al vacío. La secundan en una expresión malsana que apuesta por lo peor de lo humano, lo que es vulgar y carente de trascendencia. Es la gran chusma, capaz de destruir o poner en jaque de vez en cuando los cimientos de lo humano. Bajo el engaño y la manipulación de rigor son capaces de rebajar lo bello y elevado al punto de volverlo cenizas. El hombre con principios potencialmente se verá enfrentado al gran rebaño, si no tiene las suficientes habilidades para lidiar con él. Entre hacerse el tonto y asumir roles de liderazgo habrá de transcurrir la vida de quien tiene el suficiente talento para pensar por cuenta propia.

La educación es la gran llave que abre las puertas para poder desarrollar sociedades sanas. La insania social tiene que ver con incapacidad de tener ojo crítico ante los asuntos propios de la existencia. Pocas inversiones dejan tantos frutos como la inversión en materia educativa, porque permite la movilización y el igualitarismo social, generando equidad. Un Estado inteligente ha de fomentar la posibilidad de que sus ciudadanos se eduquen o de lo contrario estará generando el caldo de cultivo para que aparezcan las formas más inadecuadas de desenvolvimiento. La educación nunca es un gasto y siempre es una inversión. Pobre de quienes no perciban la educación como el mejor de los bienes humanos, porque tarde o temprano lo alcanzará la barbarie. La educación es la máxima expresión sobre cómo materializar la cultura en términos de equilibrio entre pares y de fomentar mejores niveles de vida en los habitantes de cualquier país.

En la medida que el acceso a la educación sea el privilegio de unos pocos o en la medida en que la educación se masifique al punto que pierda la calidad, cualquier sociedad estará en peligro de que las maneras más abyectas de comportamiento sean las que se apoderen el control de los estamentos de poder. Educar ha sido y sigue siendo parte de lo que soy. Esperemos que la pasión por la educación se contagie.



Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 10 de diciembre de 2019.  

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