lunes, 26 de septiembre de 2022

Cambio y recambio


 

Nicolás Maquiavelo: “Cuando un príncipe se halla en la obligación de saber obrar competentemente según la naturaleza de los brutos, aquéllos a los que él debe imitar son la zorra y el león, enteramente juntos. El ejemplo del león no basta, porque este animal no se preserva de los lazos, y la zorra tampoco es suficiente, porque no puede librarse de los lobos. Es necesario, pues, ser zorra para conocer los lazos y león para espantar a los lobos, de modo que los que solo toman por modelo al león no comprenden sus intereses.” La inspiración probablemente la toma Maquiavelo de Cicerón. El zorro y el león, que se utilizan como símbolos de la astucia y el poder, tienen abundantes y antiquísimos antecedentes en toda la literatura.

Acción y reacción

Conforme aparezcan grupos preconizando esbozos de modelos o modelos ideológicos propiamente tales, que propendan a la terminación abrupta de las cosas como las conocemos, de la misma manera aparecerán fuerzas sociales que harán contrapeso. Mientras una mujer es asesinada por la policía iraní por mal ponerse el trapo en la cabeza, una funcionara del gobierno español propone la monstruosidad de avalar el abuso sexual infantil. En ambos casos, aturde el silencio de las vanguardias contemporáneas que se rasgan las vestiduras por males menores. Frente a los males mayores se impone la ceguera. Al final, en los sistemas tiende a imponerse el equilibrio y al hacer el balance de estos, si aparecen fuerzas de extremo, serán confrontadas por fuerzas radicales. Los sistemas son así. El peso y contrapeso de estos ha impulsado el destino de la civilización.

Diestros y siniestros

He escuchado por parte de personas conservadoras señalar que son liberales. De hecho, si nos topamos con cincuenta liberales, es posible que sean más las diferencias que las semejanzas en relación con la manera de ver el mundo. Pareciera que el término ya tiene un agotamiento que sesga su entendimiento y en general, el liberalismo en términos económicos vendría a ser lo que unifica el concepto. En los demás asuntos, las diferencias son desconcertantes. Por otro lado, en el siglo que corre, lo que conocíamos como izquierda en términos tradicionales se amalgamó con cualquier clase de lucha con visos de anomalía mental y terminó tramposamente convirtiéndose en lo que conocemos como progresismo. Ese desorden terminológico, en donde se confunden y condensan conceptos, tenderá a clarificarse conforme pase el tiempo. Mientras tanto, bien vale la pena comprar cotufas y comprar asientos en la primera fila.

La esperanza recurrente

Retomo nuevamente El Príncipe, porque no solo es la brújula que debería marcar el norte de tantos que se dedican a la política, sino que asombrosamente muchos de quienes se sumergen en tan agitadas aguas no conocen ni siquiera de refilón el texto. Como obra inmortal y viva, cada página sigue siendo para el más redondo aprendizaje. Tanto para saber cómo conducirse como para tratar de entender en qué fallan quienes un día se toman en serio la idea de cambiar el mundo. 


Publicado en el diario El Universal de Venezuela (y otros medios de comunicación) el martes 27 de septiembre de 2022.

lunes, 19 de septiembre de 2022

De feria en feria

 


Estaba buscando específicamente un libro de Paul Auster y las tres librerías que visité estaban a reventar de gente. No conseguí La Trilogía de Nueva York, pero salí con un montón de textos que son de mi interés, no los había leído y me han mantenido atento, de cabeza en la lectura. En las noches sigo soñando conque estoy en una playa del Caribe, por los lados de Morrocoy. En los sueños aparece una mujer que no logro distinguir. Se muestra amable y me sirve el desayuno. Antes de despertarme casi logro distinguir su rostro y me despierto sin haberla reconocido. Creo que es una mesera que conocí en Brasil. No sé todavía. Una vez fuera del sueño y en este mundo real, una buena mesa de fines de invierno hace que me despierte con un buen café caliente, de origen italiano.

Mérida, mi amor

Nací en la ciudad de Mérida, en Venezuela, al graduarme de médico me fui y regresé para establecerme definitivamente casi una veintena de años después de haber partido. Circunstancias forzosas me llevaron a tener que migrar y sigo tratando de reconducir mi vida desde Chile, en la ordenada ciudad de Santiago. Acá he tenido contacto con mucha gente, de lo cual ya he podido escribir y sigo escribiendo, pero no puedo ser ajeno al fenómeno de la migración de mis compatriotas, lo cual, a mi parecer, seguirá empeorando conforme pase el tiempo. Una vez expulsados del paraíso, la posibilidad de conseguir sosiego se dificulta. En la frente tenemos la marca de Caín.

Remesas y un puñado de dólares

Con la escandalosa y vergonzosa diáspora venezolana, muchos connacionales envían remesas con las cuales sobreviven sus allegados en el país del norte de Suramérica. Por otra parte, la economía cogió su cauce natural y ante una moneda sin valor, se dolarizan las transacciones cotidianas. Quedarme en Venezuela no era una opción para mí. Cada cual tendrá su propia historia qué contar. En mi caso, la aquiescencia es sinónimo de pérdida de libertad y condenamiento del espíritu. El movimiento tiende a definir las acciones de mi vida. Ese carácter trashumante es parte de mi naturaleza y como tal lo asumo. A fin de cuentas, siempre se puede conseguir un buen rincón para seguir escribiendo y una buena taza de café.

Un día a la vez

La imposibilidad de planear la vida tal como nos gustase que fuera hace que seamos recurrentes con la idea de vivir un día a la vez, sin saltarse ninguno, tratando de sacarle a la savia de la vida hasta la última gota de lo que nos pueda ofrecer. Con esa mentalidad más o menos vamos conduciendo la barca, que por necesidad apunta a ser la de la cordura y lo tendiente a lo concreto. Tratamos de vivir un día a la vez, con sus horas, minutos y milésimas de segundos, porque así nos ha tocado o simple y llanamente porque nos lo merecemos. 


Publicado en el diario El Universal de Venezuela (y otros medios de comunicación) el martes 20 de septiembre de 2022.

domingo, 11 de septiembre de 2022

El optimismo como norte

 


Es todo un arte cocinar pato. Sobre todo, cuando se hace a la francesa. Mi esposa lo buscó por Santiago y con un Syrah, pasamos una tarde de fin de semana comiendo y bebiendo, escuchando buena música en medio de una grata conversa y nuestra mutua compañía. Antes de la medianoche nos venció el sueño y en mis ensoñaciones, una y otra vez, me adentraba en el Caribe, donde siempre vuelvo de manera recurrente a la delicia de sus aguas cristalinas.

El sobrio Santiago

Santiago es una ciudad con personalidad muy definida. Al contrario de otras capitales latinoamericanas, destaca por la sobriedad de sus calles y edificaciones. Es una urbe adusta y ordenada, son una vialidad que no existe en ningún rincón de la región. El orden la caracteriza y su aquiescencia, sin dudas fue removida por las dinámicas sociales de los últimos años, la migración y la pandemia. Como toda removida, tenderá a conseguir nuevamente el rumbo que la caracteriza y el orden debería poder primar nuevamente. Son asuntos de los que se encarga el tiempo. Mientras tanto, nuestro rol contemplativo y analítico seguirá su camino.

Asuntos de interés

¿De qué se interesa un filósofo de la contemporaneidad? De absolutamente cualquier cosa que pueda llamar su atención.  A mi juicio, precisamente la labor del filósofo es no dejarse contaminar mentalmente por las modas e ideas que puedan imperar en su tiempo. Contrario a la muchedumbre, la posición filosófica es seguir pensando de manera independiente y personal, sin que los vientos ni enredos de las multitudes desvíen la orientación de la brújula. Por más que se intente imponer una visión o punto de vista colectivo, la brújula seguirá marcando dónde queda el norte. Lo demás es fútil y espasmódico. El sentido de la realidad gusta salirse con las suyas.

Descubriendo obviedades

A veces, bien vale la pena volver a lo que nos ha funcionado anteriormente. Como entrar a una librería como si fuese un supermercado y comprarme un libro que no haya leído. En tiempos de hiperinformación y redes antisociales, aparecen tantos falsos sabios y destornillados maestros que ya es una competencia entre ellos por triunfar en relación con la banalidad. Cuando descubrir lo obvio se apodera de la mayor parte de los espacios puede que estén pasando dos cosas: O que se impone el sentido común o la ignorancia es tan apabullante que se va posicionando fácilmente de los espacios. En mi propensión al optimismo, creo que hay un equilibrio que tiende a dominar los asuntos de este mundo y de cualquier posibilidad de trascendencia.

Primavera en tiempos de esperanza

Con el fin de la trágica pandemia, la actual primavera es momento para celebrar la vida. Las fondas comienzan a abrirse en Chile y la celebración de las Fechas Patrias ya es un hecho. Los atardeceres son desmedidamente deslumbrantes y cada mañana es una invitación a vivir a plenitud. Mientras a muchos se les va la vida saltando de entuerto en entuerto, tal vez la sensación de que la vida es como un único cartucho es también una invitación a no desperdiciarlo. Aprender a vivir la vida a plenitud es también entender que la plenitud de la existencia es ajena y lejana a lo autodestructivo. La búsqueda de la felicidad o el descubrimiento de esta son asuntos de cada quién, solo predico la idea de que tal vez esta vida sea la única oportunidad de conocerla. 


Publicado en el diario El Universal de Venezuela (y otros medios de comunicación) el 13 de septiembre de 2022.

domingo, 4 de septiembre de 2022

Atrapados en el mundo

 


Compramos las cervezas ayer sábado porque hoy domingo las ventas de alcohol están prohibidas. El día primaveral, asomando el fin del invierno es una invitación a caminar, lo que voy a hacer al terminar este texto. De regreso voy a preparar un lomo liso argentino, prietas chilenas y cervezas mexicanas. Será de lo más internacional este domingo. En medio de mis pensamientos y exploraciones gastronómicas trato de darle orden a las ideas. El mundo se antoja particularmente antojadizo, entre guerras por un lado y agitaciones por causas extrañas, como el hecho de que alguien programó mal la hora y en realidad los relojes están marcando sesenta minutos más de lo que deberían. Ojalá todos los problemas fueran así de graves, como el de la hora.

Puertos inciertos

A la par de tratar de informarme de lo que ocurre en mi entorno, lo vivencial sigue teniendo prioridad. Miramos el mundo a través del ojo personalísimo de cada uno. La realidad es tan caprichosa que se hace imposible tratar de hacer que otros vean lo que percibimos y sobre aquello que tenemos por cierto. Infinidad de amigos me dicen que ya llegaron a Estados Unidos y están trabajando, en un gran esfuerzo por escapar de una realidad social que mientras van pasando los días se hace más difícil de modificar. El tiempo lleva al acostumbramiento y el ser humano es capaz de adaptarse a cualquier cosa. El lugar donde una vez fui feliz ya es como lo conceptúo en mis recuerdos. Una de las cosas interesantes de la pandemia fue que nos cohesionó como la gran raza humana que somos. Ese estado de perturbación global de más de dos años, con todos los elementos trágicos que conllevó, también fue una especie de raro sosiego civilizatorio. Ya eso se acabó y lo humano con sus aciertos y desventuras reaparece en su máximo esplendor.  

Consecuencias insólitas

Parece irreal sopesar la realidad cuando la vemos en retrospectiva. Lo que grandes masas de personas deciden un día en las urnas electorales puede terminar siendo una catástrofe algunas décadas después. En su momento no somos capaces de darnos cuenta de lo que hacemos porque el ser humano no tiene capacidad de entender la circunstancia en la cual se encuentra inmerso.  De las consecuencias que se derivan de la responsabilidad personalísima de elegir no nos podemos salvar, y lo político con sus múltiples representaciones nos va a perseguir hasta el último día de nuestras vidas. El ejercicio de imaginar otros escenarios siempre es contra fáctico. No se puede especular en relación con lo que no fue, cuando lo especulativo es el marco de referencia de lo que es. Especulamos cada vez que pensamos y mucho más cuando expresamos nuestra opinión. Cuando tengo que explicar lo que somos, considero que estamos lejos de lo racional, afines a la repetición sin fundamento, opinadores sin base y argumentativos en el mejor de los términos.

Educación gratuita y obligatoria

Vengo de una sociedad en donde no solo se garantizó la gratuidad de la educación, sino que incluso se preconizó su obligatoriedad. Eso, planteado en tales términos es supremamente avanzado. Gracias a la extraordinaria renta petrolera, se pudo apostar por una educación gratuita de muy elevada calidad. Ese escenario es difícil que se repita, por lo que soy una consecuencia afortunada de las cosas muy positivas de la venezolanidad. La apuesta educativa, viéndolo en perspectiva, no solo fue la mejor de todas las inversiones del país de donde vengo, sino que esa inversión la aprovechan muchos de los países a donde llegamos. La exponencial migración de venezolanos a todos los confines del mundo no sólo hizo que exportáramos la cultura, sino como cualquier proceso migratorio, las personas de los lugares en donde aterricemos adquirirán maneras y elementos vinculatorios propios de la venezolanidad. La gran capacidad que tuvieron egregios compatriotas de mirar a lo lejos y apostar por el sistema educativo como herramienta de ascenso social, logró sus frutos en su momento, pero de manera activa y con gran esfuerzo se desestructuró hasta en sus cimientos. La gran proeza humana no es conquistar espacios civilizatorios. La gran proeza humana es mantenerlos. 


Publicado en el diario El Universal de Venezuela (06-09-2022) y otros medio de comunicación.