lunes, 29 de agosto de 2022

De aquí a la mortalidad

 


Pueden ser de cualquier parte de América Latina, de lo que estoy muy seguro es que no eran venezolanos. La pareja se nos acercó a la mesa de la feria de comida. Él con panza batracoide y ella de contextura mediana: Mientras hacían señas ininteligibles con los dedos nos dijeron que los ayudásemos, que eran venezolanos y necesitaban dinero porque eran refugiados. -Llegaron a la mesa equivocada, compadre, el venezolano soy yo-, les dije, mientras trataban de escurrirse entre los comensales y el encargado de la seguridad los sacaba del local. Ahora resulta que hay quienes se hacen pasar por venezolanos para pedir limosna.

Siguen saliendo

Recientemente la Organización de las Naciones notificó que los venezolanos en el mundo, forzados a salir del que una vez fue el país más rico de la región, ascendió a más de seis millones ochocientas mil almas. Con la flexibilidad que supone el fin de la pandemia, el momento es ideal para que una nueva estampida de connacionales recorra los más disímiles rincones de la tierra. La exportación forzada de los elementos culturales que nos asemejan va creando nuevos espacios y escenarios que podrían ser potenciales oportunidades de exploración económica. No es solo un sinfín de personas que se ven en la necesidad de migrar, también es un mercado que consume alimentos y asuntos propios que nos identifican, como la música o nuestro particular sentido del humor. Esa música se universalizará y ese humor tan propio y transgresor, que siempre ha tendido a burlarse de lo que sea sin ningún tipo de freno, causará hilaridad o rechazo dependiendo de quién capte el mensaje. En esa salida saldrá todo tipo de personas del espectro social. Algunos dedicamos tiempo en tratar de comprender las características de lo que pasa y seguirá ocurriendo, a la vez que vemos cómo en los noticieros de la televisión, los mal portados ocupan los espacios estelares por los delitos cometidos.

Treinta millones

Creo que alguna vez fuimos unos treinta millones de personas que habitábamos el paraíso terrenal. El castigo por haber desconocido todos los avisos de advertencia era la expulsión del maravilloso lugar de donde somos. Como castigo, lo estamos pagando con creces. Quienes lo asumen como una nueva y buena oportunidad tendrán que pasar la página. Al fin y al cabo, la salida de mi casa es la puerta de entrada a todos los lugares del mundo. Tal puede implicar cual, en este caso, lo que hace que el carácter trashumante del venezolano se vuelva su sino, su condición ontológica. De alguna manera, el carácter migrante se ha de transformar por definición en su verdadero ser. Así nomás. O porque parte de su familia se fue del país o porque está en él. En recorrer las páginas de los diarios de otras naciones se nos irá buena parte del tiempo. Es menester adaptarnos a otras realidades para poder salir adelante. La necesidad de interpretar lo circundante y las infinitas expresiones idiomáticas son apenas algunas barreras o desafíos a los cuales se va a enfrentar cualquier venezolano del presente. Todo indica que millones se seguirán sumando a un peregrinar que a la par de la tragedia, sin duda es también la posibilidad de apreciar la más extraordinaria aventura, en todas sus formas. No olvidemos que en nuestro país la educación la pagaba la renta petrolera, por lo que muchos pudimos beneficiarnos de ella a través de los estudios formales. Difícilmente veremos una sociedad en donde la educación sea gratuita y de calidad en todos sus niveles. Quien no estudió en Venezuela difícilmente lo hará en otro lado, porque las oportunidades para hacerlo eran incomparables. El profesional venezolano será una persona potencialmente deseable en cualquier sociedad, mientras nuestros niños cantarán el himno nacional de otros países y se irán mimetizando con otras identidades.

Diásporas y otras menudencias

Por lo pronto seguirán saliendo y saliendo venezolanos hasta llegar a los más distantes lugares de la tierra. La mayoría jamás regresará. Que se desintegre una sociedad por sus errores en la toma de decisiones es algo que ha pasado muchas veces en la historia de la humanidad. En tiempos de comunicaciones pertinentes e impertinentes, esta fuga desmedida, diáspora en caída libre, desplazamiento a donde sea, gente que se muestra desadaptada porque no estaba preparada para migrar (¿quién lo está?) se hace notar de manera mucho más escandalosa que en cualquier otro tiempo. Mientras tanto y aunque nos parezca insólito, la humanidad sigue dando vueltas y la vida sigue. Pobre de quien se le ocurra quemar el único cartucho vital y conformarse con la mezquindad como espacio para la vida. La diáspora venezolana, probablemente, apenas comienza. 


Publicado en el diario El Universal de Venezuela (y otros medios de comunicación) el 30 de agosto de 2022.


lunes, 22 de agosto de 2022

En inéditas circunstancias

 


De las múltiples aficiones que cultivo, además de leer y escribir, suelo cocinar. Las largas caminatas por infinidad de senderos y mi apego a la buena mesa han sido espacios en los cuales me he refugiado para salvaguardar áreas de vida en donde solo tiene cabida lo placentero de la existencia. Que bien puede ser una punta argentina o unas berenjenas a la plancha, la idea del disfrute por cocinarlas y el poder hacer un buen maridaje con vinos seleccionados sin prisa me genera goce. Mucho más porque lo hago con la mujer que amo. La mayoría de las veces cocino para compartir con ella y en otras ocasiones le cocino a ella.

Un paso a la vez

Tengo cincuenta y cinco años de edad y vivo en Chile. Hace cinco años migré de mi país y no he regresado. Me gradué de médico cirujano en 1991 y de psiquiatra en 1997. Con treinta años como médico y veinticinco de psiquiatra, algo he visto. En este país pude validarme como psiquiatra y trabajo como tal desde que arribé.  Trabajar como especialista en psiquiatría en Chile me ha permitido familiarizarme en primera fila con aspectos de la idiosincrasia chilena, que por otra vía hubiese sido más complejo. Entre las cosas a las cuales me dedico en la actualidad, además de compartir atardeceres y buenas cenas con mi esposa, está el interés y estudio por el tremendo problema que se ha generado con los más de seis millones de venezolanos que tuvimos que emigrar. Cada vez son más los compatriotas que se acercan a recibir atención por sus asuntos emocionales, lo cual va aumentado el mapa de experiencia en relación con las cosas que voy recopilando sobre el fenómeno migratorio venezolano y sus repercusiones.

Preparados para partir

Una amiga muy querida, en 2015, escribió un manual para migrantes venezolanos. Cuando lo leí me pareció que estaba muy bien a manera de orientación general. El asunto de las visiones en relación con la migración es que se estrellan con dos factores que el migrante no puede prever: Los imponderables y la incertidumbre. Como el tiempo de uno no es el tiempo de los demás, la queja del migrante es un llanto de lágrimas huecas lanzadas a un pozo vacío. La lucha contra los imponderables y la incertidumbre está más relacionada con la capacidad adaptativa, la maleabilidad de posturas y tener muy claro y precisado el foco hacia donde nos dirigimos. Si el foco no apunta hacia adelante, todos los esfuerzos se desvanecen y la tristeza y las formas más variadas de ansiedad se pueden apoderar de la persona. Ahí es donde participo como psiquiatra, en el momento en que el barco comienza a hacer aguas.

Cambiando el mundo

Con gran dificultad podemos cambiar cosas muy concretas de nuestra propia vida. La posibilidad de cambiar nuestro entorno se hace casi imposible al migrar. Por eso, para quien migra, se genera el muy difícil desafío de adaptarse sin renunciar al sistema de valores que nos protege de caer en desgracia. Hacer lo correcto, independientemente de lo adversas de las circunstancias, suele abrazar buenos resultados. Mucha paciencia y perseverancia para alcanzar las metas forman parte del decálogo del migrante. La solidaridad entre compatriotas se transforma en una bolsa de gatos cuando no una potencial pesadilla. Recurro a Víctor Frankl, quien en su libro El hombre en busca de sentido deja plasmado que había un grupo de judíos en los campos de concentración, que, para obtener prebendas por parte de los Nazis, se alejaban de la solidaridad y se volvían en auténticos adversarios de sus propios compañeros encerrados. Así ha sido, es y seguirá siendo. De ahí que las expresiones de solidaridad genuinas pueden surgir de donde menos lo esperamos. Sigo con mis notas acumulando experiencia.

 

Publicado en el diario El Universal de Venezuela (23-08-2022) y otros medios de comunicación.


domingo, 14 de agosto de 2022

De libertades

 


El impacto de un mensaje a través de las redes sociales puede llegar a tener resultados inimaginables. Muchas veces tanto para quien lo emite como a quienes se sienten identificados o denostados por el contenido. Es que en las redes sociales pululan los más oscuros sentimientos a flor de piel y un pequeño empujón es suficiente para causar un auténtico terremoto sociológico.

El inconsciente colectivo

La necesidad de expresar emociones y puntos de vista tiene libertad casi absoluta en las redes sociales. De esa realidad se hace uso y por supuesto, abuso, al punto de ser un territorio minado en donde los peligros asedian. Se pueden destruir reputaciones y hasta vidas cuando se emiten mensajes con ligereza. Menudo embrollo que nos creamos en esta contemporaneidad que se va complejizando exponencialmente conforme pasan los días.  Es interesantísimo ver cómo en las redes puede predominar lo reactivo, lo pulsional, lo que tiene la persona en su sustrato psicológico. En las redes, queriendo y sin querer, las personas se pueden mostrar desmedidamente reales. Como son. Eso lleva a que el mensaje valga por la forma en que se emite y no por el contenido. Volvemos a la manada sin filtro, a la insondable dimensión de lo más primitivo de lo humano.

El precio de la libertad

De sobrevivir, el escritor Salman Rushdie probablemente perderá un ojo y quedará con lesiones en un brazo y en el hígado luego de haber sido apuñalado por un desquiciado. Abanderado de la libertad, el novelista sigue pagando el duro precio por haber escrito el libro Los versos satánicos. Fue condenado a muerte en 1989 por el delito de escribir con libertad y lo está pagando de manera extremadamente violenta. ¿Acaso quienes lanzan mensajes sin contemplar sus consecuencias están tan lejos de que le ocurra una tragedia como al escritor Salman Rushdie? ¿Qué los diferencia? En la infinita ordinariez de las redes sociales, la ausencia de sentido de responsabilidad en relación con lo que se transmite, convierte a la libertad en banalidad, vulgaridad o culto a la atrocidad. En Rushdie, por el contrario, prevalece la inteligencia de quien trata de expresarse asumiendo las consecuencias de su mensaje. En el caso del escritor recientemente atacado, prima la inteligencia al servicio de la transgresión por una causa que solo se sabe apreciar en justa medida cuando se pierde.  

Encadenados a la vulgaridad

En las redes social termina venciendo la vulgaridad. La banalización de la sexualidad, la chabacanería y la violencia son las tres patas sobre las cuales se sustentan las actuales maneras de comunicarnos. Paradójicamente nunca había existido tanta sordera frente a lo comunicacional y abundan falsos maestros y eruditos de lo que sea. En estas y otros asuntos nos vemos propensos a reflexionar porque es muy difícil dejar pasar la ocasión de tratar de desenmarañar el presente. De sus setenta y cinco años de vida, Rushdie ha pasado treinta y tres bajo la amenaza de ser asesinado por cultivar la idea de que la libertad es un valor absoluto. A la par, una humanidad sin sentido de la responsabilidad trata de practicar la libertad absoluta exaltando valores básicos. ¿Es similar la libertad que trata de promover Rushdie con la que vulgarmente se exhibe en las redes?

Bueno y breve

Los mensajes cuyo contenido es de carácter audiovisual tienen un poder inmenso sobre las grandes mayorías. Propensos a responder sin darle muchas vueltas a los asuntos, el carácter reactivo de nuestro presente es casi alucinante. Como bien se sabe, una imagen vale más que cualquier cantidad de palabras porque lo que se hace supera a lo que se dice, al menos en la mayoría de los casos. Cuando aparece un mensaje en las redes y este es de carácter impactante, el infinito caleidoscopio de las cosmovisiones responde. De ahí que la manera como nos informamos en el presente tenga tanta capacidad persuasiva y poco contenido. La forma termina siendo el mensaje, que en realidad es el triunfo de nuestras más básicas emociones sobre nuestra capacidad de pensar. 


Publicado en el diario El Universal de Venezuela (16-08-2022) y otros medios de comunicación. 

domingo, 7 de agosto de 2022

Bananas en Nueva York

 


Cerca de la entrada de Central Park, un puertorriqueño tenía una venta de frutas. Me estaba quedando en el Waldorf Astoria de Nueva York y estaba tan atribulado por los compromisos adquiridos que me quedaba poco tiempo y mucho espacio (la habitación del hotel era inmensa) al punto de que la solución más práctica y sencilla para resolver el asunto de la comida era comprarme un racimo de cambures (bananas). Así lo hice y fue lo mejor.

Ciencia y arte hasta la sepultura

Durante cuatro años trabajé con una población de personas que presentaban esquizofrenia y había sido invitado a un evento de carácter internacional en la cual pululaban los expertos de los más recónditos confines para presentar los resultados de sus distintas investigaciones. Parte de mi infancia transcurrió en Syracuse, cerca de Nueva York, por lo que la ciudad me es bastante cercana. De las cosas espectaculares de esa ciudad inigualable, se encuentra la estatua de Simón Bolívar en una de las entradas de Central Park. Precisamente la que estaba cerca de la frutería en donde compré un racimo de bananas. Era el mes de mayo y no pude evitar ponerme una franela estampada de colores vivos propios del caribe, por lo que entrar al lobby del Waldorf Astoria vestido de manera colorida cargando un racimo de bananas no pasó de ser una extravagancia propia de quienes se quedan en hoteles como ese.

Bienvenidas y despedidas

La versatilidad es un arte. Es el arte de asumir la infinitud de la vida. En esa versatilidad algunos nos sentimos como peces en el agua. Es tan propio de quien asume una actitud versátil de la existencia el dedicarse a la gran torta de la filosofía como ser experto en un asunto concreto. En eso se nos va la vida, como cuando vamos de compras a Walmart y escogemos entre setenta variedades de pan o entramos a una librería, en busca de un buen libro, como si estuviésemos haciendo mercado. Ese eterno transitar entre magníficas paradojas y avasallantes metáforas que hacen que una despedida se transforme en bienvenida y viceversa. Llamo a un amigo para invitarlo a tomarnos una cerveza y me explica que está acudiendo a Alcohólicos Anónimos. Haberlo dicho antes. A veces bien viene un buen café.

Alardes de vitalidad

La chica, alardea de su belleza ante mi absoluta indefensión. Me parece ya abusivo de mi parte que me sigan pasando cosas ordinarias y extraordinarias de manera pareja, en un equilibrio tan perfecto que raya en lo alucinante. La miro como quien se detiene a ver una Catedral Gótica mientras ella se ordena y desordena los cabellos y me regala una perfecta sonrisa de dientes de perlas. Le cuento que metí un racimo de cambures en el Waldorf Astoria y refuerza mis alardes de excentricidad a la par que se solidariza conmigo y explica las virtudes de comer bananas. ¿Qué más le podemos pedir a la vida a estas alturas del juego? Al fondo, una pantalla muestra a la cantante Juri enarbolando La maldita primavera y pienso en la nieve, el maldito copo de nieve.

Maldito copo de nieve

Hay dos imágenes que me vienen a la mente cada vez que aparece la palabra nieve. La primera es de mi infancia en Syracuse, con un metro veinte centímetros de nieve bloqueando la entrada de la casa. Afortunadamente vivíamos al lado del depósito de sal de la ciudad y éramos los primeros en poder salir de nuestra morada. La segunda imagen es la de las innumerables veces que quedé en medio de una tormenta de nieve en los andes venezolanos, a casi cinco mil metros de altura. Todavía siento el viento cortante en la cara cada vez que evoco esa imagen. Por demás está decir que no soy muy afín a la nieve. Sé lidiar con ella y hasta puedo jugar, pero una buena playa con una hamaca atada a un par de palmeras sigue siendo la puerta de uno de mis paraísos preferidos.

 

Publicado en el diario El Universal de Venezuela (09-08-2022) y en otros medios de comunicación.

lunes, 1 de agosto de 2022

En Madrid hace calor

 


A través de la Universidad de Los Andes y por invitación, estuve hace ya un buen tiempo haciendo una pasantía por el Servicio de Psiquiatría del Hospital Gregorio Marañón, en Madrid. Fue un verano muy caluroso, en el cual me planteé seriamente la posibilidad de migrar de Venezuela con la aspiración de tener un mejor porvenir. De las experiencias de ese verano tengo unas cuantas historias en el tintero, pero en esta ocasión me referiré específicamente a unos asuntos propios del migrante que va descubriendo universos conforme pasa el tiempo.

El primer paso

A mi parecer, el primer paso para poder migrar es establecer un propósito de lucha. Se migra para “ir a”. Si se migra para escapar o “irse de”, el camino, obviamente va a ser más tortuoso. Pero si se parte con la finalidad de llegar a un puerto y ese puerto lo tenemos medianamente claro, las posibilidades de yerro son menores. Como montañista aprendí muchas cosas, incluyendo metáforas que me han servido para poder viajar. Una vez establecida la bitácora del viaje, en la cual debemos tener claro para dónde y con qué motivo partimos, armamos los pertrechos y llevamos los avíos necesarios para sobrevivir.

El campamento base

En un primer momento, debemos hacer una parada en la casa de alguien cercano que nos permita, durante un promedio de dos a cuatro meses (ni más ni menos) poder estar seguros e intentar aclimatarnos en lo que sin duda va a terminar siendo un enorme desafío personal. Ese desafío se multiplica por mil cuando migramos con familia que depende de nuestras acertadas decisiones. En una primera fase, al campamento base debe ir el mejor prospecto del grupo familiar. Una vez que tenga la posibilidad, se trae al resto de los miembros del clan. Ese salto es siempre una acrobacia, pero los miembros de una familia no deben estar separados por mucho tiempo.

Exigido por mil

Salvo los momentos de esparcimiento o de reunión entre amigos, mientras antes vayamos pisando el pasado, mucho mejor. Desprenderse de cosas como las preocupaciones políticas y otros pesos que no aportan para nada al migrante es fundamental para llevar el morral más liviano. Se mira hacia adelante cuando se parte y en función de un proyecto tangible que, si se pierde de vista, el barco hace aguas. Tal vez desprenderse de ese anclaje a lo que dejamos atrás es de las cosas más difíciles, pero imprescindible. Someterse a la tortura de la nostalgia es potencialmente autoflagelarnos sin necesidad. La vida es una y con frecuencia es contra reloj.

La gente es cariñosa

En la medida que vamos descubriendo escenarios y personas, vamos moldeando una percepción que se nos va formando progresivamente acerca de la identidad colectiva del pueblo a donde llegamos. Cada grupo tiene sus particularidades, las cuales necesariamente podrán ser aceptadas sin necesidad de ser practicadas. En relación con el proceso de descubrimiento de las identidades colectivas, habrá muchas percepciones. Ahí juega un poco la ruleta de la suerte. Sin embargo, es prudente recordar que el ser humano, en su esencia, es el mismo, independientemente donde vayamos. Hay personas que bien merecen ir al cielo, así como sobran los canallas. Es el eterno retorno a lo humano.

Competidores eternos

Como humanos que somos, y muchas veces sin darnos cuenta, competimos y potencialmente le arrebatamos espacios a las personas de un lugar. De ahí que los trámites migratorios suelen ser infernales, todo lo cual tiene el propósito de obstaculizar la plena inclusión de un extranjero a una sociedad. Nada es casual en las oficinas de extranjería, entre otras cosas porque “el tiempo de uno no es el tiempo de los demás”. La solidaridad no suele ser un concepto fácil de hallar en la infinita burocracia que rige el planeta. De ahí que se aprecia cuando por sana necesidad nos apoyamos unos con otros, incluso en las más adversas dificultades.


Publicado en el diario El Universal de Venezuela (02-08-2022) y en otros medios de comunicación