lunes, 27 de junio de 2022

Cruzando puentes

 


Cuido mi dentadura. Incluso llegué a trabajar un tiempo como ayudante de odontólogo. Al aprender memorizamos y el atesorar esa memoria es lo que llamamos experiencia. Antes de cruzar forzosamente el puente Internacional Simón Bolívar, entre los años 2015 y 2017, la crisis venezolana llegó a un punto que para muchos se hizo muy difícil sobrellevar. Llegué a ver cómo pesaban el papel moneda, que era ya la antesala del huracán de la hiperinflación. Recuerdo haber tenido el dinero para ir al supermercado y encontrarme con estantes vacíos. De las cosas que llegué a comer en esos años no sólo se resiente mi memoria, también mis muelas.

Exquisiteces y necesidades

En una ocasión, buscando harina, terminé comprando una que, con etiqueta gris, señalaba ser artesanal. Resultó ser tan dura que casi pierdo un colmillo. De esas cosas que tuve que comer porque no había otra opción, estaban dos que revuelven un poco el estómago. Por una parte, estaban unos envases que decían ser “productos lácteos” y cuando uno leía el contenido, no aparecía la palabra leche por ninguna parte. Lo otro que era difícil de digerir eran una suerte de “productos cárnicos” que tampoco mencionaban la palabra carne por ningún lado. Solo Dios sabe qué estuvimos comiendo en ese tiempo. Esas cosas, como el no conseguir la comida necesaria para vivir, fueron lo suficientemente motivadoras para preparar los documentos con sus respectivas apostillas.

Artículos para la supervivencia

En tiempos de crisis importante, desaparecen los artículos para el cuidado y aseo personal. La falta de crema dental hizo que muchos experimentásemos con otras posibilidades. La primera era la crema dental de origen chino, que era una suerte de plastilina que se quedaba pegada en los dientes y no hacía espuma. Después vinieron los otros experimentos, como el uso de bicarbonato o el limón, todos inútiles. Que haya un viraje y se abra la posibilidad de que se normalice el intercambio comercial entre Colombia y Venezuela, solo puede ser motivo de alegría para quienes cultivamos cierta actitud pragmática hacia la vida. Es imprescindible contar con lo necesario para vivir o de lo contrario la posibilidad de ser hacia adelante se nubla.

Lucha de clases y afines

Lo interesante de los cambios sociales que buscan modificar de raíz a una sociedad es que al final puede pasar que no haya ganadores. Quienes se creen ganadores quedan atrapados en falsas burbujas de las cuales no se pueden mover. Son fantasías vitales en las que pueden disfrutar de los placeres sensoriales de la vida, sin mucho contenido y una trascendencia que quedará señalada como negativa para siempre. Quienes aparecen como perdedores, quedan sumidos en la ceguera de la desesperanza o de la negación, sin capacidad de proyectarse a otros escenarios y con la expectativa de que las cosas mejoren sin poder participar activamente en esa mejoría. El grito de lucha es esa frase minusválida que asoman: “Aquí, aguantando la pela.” Por eso siempre he pensado que nada es más perverso que la falaz búsqueda de la conflictividad entre miembros de una sociedad, que termina solo por cambiar a los protagonistas que se habrán de beneficiar con el nuevo orden y la repartición de bienes.

Migrantes pujantes

Todo proceso migratorio forzado es desmedidamente complicado. La parte buena de lo malo es que no hay un solo tipo de migrante. Está el que escapa y no sabe para dónde ni para qué, lo cual va a hacer que su proceso sea más enredado. Está el que migra teniendo en mente objetivos concretos y posibilidades de realización tangibles, que por muy modestas que sean, siempre serán un impulso para seguir adelante. En 2017 crucé el puente Internacional Simón Bolívar. En Cúcuta, en una modesta pensión, me cepillé los dientes nuevamente con crema dental. Tal vez sean detalles, o símbolos, en fin.

 

Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 28 de junio de 2022.

 

lunes, 20 de junio de 2022

Colombia y los cambios inevitables

 


Entre Mérida y Puerto de Santander, en Colombia, se puede uno gastar en su propio auto unas dos horas y media. Está más cerca que Valera o Barinas. Conozco esa zona porque era frecuente ir a desayunar en Cúcuta, hacer las diligencias de rigor y estar de vuelta al atardecer. Para los andinos venezolanos era un paseo que hacíamos con frecuencia. Esa frontera, como a tantos venezolanos, me es familiar hasta el punto de haber trabajado durante años en Estados fronterizos como Táchira y Apure. De la vida en la frontera colombo-venezolana guardo infinidad de recuerdos y experiencias.

Vino el cambio y se quedó

En 2017 salí forzosamente de mi país a través de esa frontera. Crucé el Puente Internacional Simón Bolívar, que estaba a reventar de personas y cuando pasé la línea que divide a ambos países había un puesto en donde se repartía un plato de sopa. Era un grupo de gente bondadosa le daba comida al montón de refugiados que por ahí pasábamos. Esa frontera, de actividad inusual, se convertía en símbolo de derrota y fragmentación de muchas familias venezolanas. También se convertía en un lugar de esperanza para quienes queríamos labrar un mejor porvenir. Las fronteras son lugares vivos, de una fuerza indetenible. En algún momento esa frontera se cerró y se cometió un error de consecuencias nefastas. Las relaciones entre ambos países siameses cambiaron para peor y las repercusiones las pagamos literalmente quienes vivimos del trabajo honesto y el esfuerzo personal.

El cambio inexorable

El arribo de la izquierda al poder en Colombia era una cuestión de tiempo. Una vez que asumieron la vía política y abandonaron las armas se les abrió la autopista de la legalidad para abrazar las instancias del poder. Es tan propio de lo humano el aspirar a nuevas y distintas formas de vida que es casi ingenuo intentar rechazarlo. Los pueblos se cansan de las fórmulas de gobierno y aspiran a que haya cambios. Estos pueden ser para mejor o para peor, pero ese es otro asunto. Hay sociedades que mejoran con nuevas ideas y otras que se hunden en el peor de los infiernos. Negar el cambio es propio de gente reaccionaria y poco adaptativa. Prever que va a haber cambios es propio de personas que tienen contacto sano con la realidad. Si quienes asumen las riendas de una sociedad tuviesen en mente que los cambios son inevitables, seguramente sus gestiones serían mucho mejores, entre otras razones porque propondrían hacer las modificaciones sociales que la gente espera.

Oportunidades fallidas

Con los resultados de las elecciones en Colombia, afortunadamente se abre la posibilidad de cambios sustanciales para Venezuela. Es imprescindible retomar las relaciones bilaterales con el país más importante para los venezolanos. Esa apertura y vínculo deben darse en todos los espacios. Urge intentar normalizar la frontera colombo-venezolana, que, a raíz de la ruptura de relaciones entre ambos países, se convirtió en un torbellino de problemas y formas de vida malsana que cambió la vida de los millones de personas que viven de que esa frontera funcione con un mínimo de salubridad y reglas. Es fundamental que las relaciones entre ambos países se normalicen y la actividad humana, incluyendo, por supuesto la actividad comercial, le dé aire fresco y subsane el montón de yerros que llevaron a desmoronar las relaciones entre ambas naciones. Es una oportunidad de oro en la que no se puede fallar.

Asumiendo realidades y pisando tierra

Tengo, como muchísimas personas, expectativas en relación con el nuevo gobierno de Colombia. Espero que el acercamiento con Venezuela destranque una dinámica política muy errática que desde 2017 hasta el 2022 solo ha sumado infinitud de estrategias fallidas que lejos de mejorar a mi país lo han llevado a ser el ejemplo mundial de lo que no debe ser una nación. El cambio de gobierno en Colombia destranca por fin una enormidad de posturas autodestructivas y le da una vitalidad y posibilidad de cambio a Venezuela que no había tenido en cinco años. Que así sea. 


Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 21 de junio de 2022.

domingo, 12 de junio de 2022

Amigos humanistas por el mundo



Mientras estudiaba y luego de haberme graduado de médico, he cultivado la amistad con un buen grupo de talentosos colegas amantes de las humanidades. Este punto de encuentro con quienes comparto vocaciones ha sido de gran valor y desarrollo propio al punto de que lo considero una burbuja. La burbuja en la cual habita buena parte de lo que soy como persona. Una burbuja que me permite moverme de uno a otro mundo y también estar simultáneamente en ambos.  

Humanistas y escritores

Algunos de estos compañeros de viaje, además de ser estudiosos de disciplinas humanísticas, también escriben, por lo que los intereses comunes no solo parten de la posibilidad de ampliar nuestra mirada hacia lo universal, sino que además aterrizamos en el terreno de plasmar aquellas cosas que vamos pensando y creando.  Escribir nos lleva a expresar públicamente lo que tenemos en mente, lo cual conduce al difícil espacio de la exposición pública. Cuando un texto o trabajo sale de nuestra creatividad y es mostrado a los demás, de alguna manera el texto ya no nos pertenece. De ahí que regodearse en relación con lo que vamos escribiendo y publicando solo tiene sentido si es para seguir escribiendo y publicando, como cuando se construye una edificación y se va colocando bloque sobre bloque y piso sobre piso. Se escribe para seguir escribiendo.

Médico y literato

No son pocos los médicos que han dedicado buena parte de su vida a escribir. Los ejemplos no solo abundan, sino que tal vez el estar marcados por una forma de conceptuar la vida, que es propia del médico, se va generando un tipo de creatividad que tiene sus singularidades. El escrutar lo humano en todas sus dimensiones, en particular desde la enfermedad y los elementos que la trascienden, puede generar una forma muy particular de concebir la realidad. A la par de cada acto médico existe una posible historia por contar, lo cual puede ser posible si se cuenta con los recursos literarios para hacerlo. Existen muchas historias contadas, existen muchas historias bien contadas, pero una historia excepcionalmente contada es inusual y tiende a sorprender. En eso va el arte de quien cuenta aquello que vive y experimenta de manera única. La medicina suele ser agua para el molino del cual se va nutriendo el que trata de darle mayor sentido a las vivencias a través de la palabra escrita.

Humanistas y cirugías

No son pocos los médicos que han dedicado buena parte de su vida a filosofar. Filosofar sobre el quehacer es de una gran riqueza, porque se filosofa sobre algo concreto. De ahí que quienes tenemos un oficio previo a haber estudiado filosofía, desarrollamos con frecuencia una propensión a hacer cosas tangibles y de exponer nuestras ideas desde un plano más operativo. Quien parte de la medicina para cultivar las ideas propias del hombre de pensamiento, va a tener una extraordinaria raíz de dónde han de surgir sus interpretaciones de cuanto acontece porque la vida y la muerte están presentes en cada acto médico. Esa vivencia, que cunde hacia lo que vamos estudiando y creando termina por configurar una manera de pensar que además de poseer abstracción, tiene cierta tendencia a poner los pies en la tierra. Nuevamente la medicina es agua para el molino de quien se dedica a la filosofía.

Burbuja en dos direcciones

La burbuja resulta que es bidireccional. Por un lado, están las inmaculadas ideas y la creación como un acto artístico. Por otro está la realidad del día a día, con sus pesados desafíos y el enfrentarnos cara a cara con lo peor de lo humano. La monstruosidad a la par de la elevada posibilidad creativa. He escuchado tantas, pero tantas historias, que las mismas no se pueden recrear porque no son creíbles. Por eso la expresión literaria se ve forzada a minimizar la excesiva fuerza de lo real para atenuarlo a través de las palabras y la gracia de la escritura en buen tono. Cada vez que miro para atrás y veo lo que ha sido mi vida, no puedo sino agradecer. Con mucho afecto y admiración a quienes desde el desafío médico compartimos la fascinación por las humanidades y todas sus maravillosas disciplinas.

 

Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 14 de junio de 2022.

lunes, 6 de junio de 2022

Un montón de gente

 


Retomando las salidas con amigos, los cafés en las calles, los estrenos en los cines y las caminatas por los parques, la invitación de los tiempos en los cuales la pandemia cambió (¿terminó?) han sido de reencuentro con lo que normalmente somos y hacemos. Ahora toca seguir la senda por recorrer y mirar hacia adelante. Como cualquier historia colectiva, los percances y la invitación perenne a la aventura seguirán siendo parte de la vida.

Migraciones y migrantes

Cuando revisamos la experiencia de las grandes masas humanas que por una u otra razón se han visto forzadas a desplazarse de un lado para otro, el trauma está presente. El grupo de migrantes de segunda generación suele desarrollar mayores trastornos emocionales que otros grupos poblacionales porque se produce un conflicto cultural en el que el desarraigo se puede salir con la suya. He visto a más de un expositor de algo así como “el manual del perfecto migrante” o “el decálogo de la migración” pulverizarse emocionalmente. La cosa no es tan sencilla y negar la realidad puede ser siempre la salida más fácil. Analizar y encarar lo real requiere de un gran esfuerzo. Imagino que de esa materia va a estar impregnado el producto de quienes forzosamente tuvimos que migrar y seguimos haciendo esfuerzos por seguir adelante y marcar presencia en este mundo.

Forzando la poesía

A la par de la migración, pestes, guerras, cambios propios de nuestro tiempo y nuevas maneras de comunicarnos se van desarrollando conforme pasa el tiempo. Para poder tener éxito como cantante, grandes compositores rapean de manera vulgar y usan el comodín de que lo que hacen es arte urbano. Creo que es ambición desmedida mostrar lo que no se es para entrar en el aro de las grandes corrientes. La necesidad de aceptación puede quebrar a las más fuertes personalidades. Un amigo me pregunta en dónde se metió la poesía y le contesto que sigue ahí, solo que se presenta en nuevos formatos. Lo poético, que es la representación artística del habla y del sentimiento sigue fluyendo, pero no siempre de la manera tradicional. Ahora intenta conquistar nuevos espacios, haciendo pataletas y grandes esfuerzos para no desaparecer.

Relato y lectores

Una de las cosas que me espanta de lo que se escribe en la contemporaneidad es la propensión para decir lo que la mayoría repite. Precisamente lo valioso de quien escribe es que lo hace desde una perspectiva individualísima en la cual lo contracorriente suele ser la esencia del arte. Cuando se escribe desde el compromiso de una causa social o una ideología, el relato se empobrece y deja de ser trascendente porque la idea sustituye la esencia de lo humano. Mientras las ideas son impolutas y muchas veces de carácter reivindicativo, lo humano, en su esencia, es controvertido y conflictivo. Lo humano en su sentido más puro, puede que no lleve a ninguna parte. Lo reivindicativo, por el contrario, representa un esfuerzo por unificar el pensamiento. Mientras el creador rompe con el entorno, el panfletario trata de seguir las pautas que el entorno le va dictando para alcanzar un objetivo. Cuando me hablan de arte o ciencia, es arte o ciencia. Los calificativos muchas veces sobran.

¿Dictadura de minorías?

¿Acaso ha habido un tiempo en el que ciertas minorías no han tratado de apoderarse del control de la totalidad? Forma parte de lo civilizatorio y de la historia del hombre. En muchas ocasiones se consigue el fin buscado y en otras es un nuevo salto al vacío. Los caminos que conducen al abismo son infinitos y en ese terrible oficio pereciera regodearse una y otra vez ciertas expresiones del alma humana. La perseverancia infinita por alcanzar espacios de futilidad pareciera ser el norte de muchos, mientras los grandes conflictos humanos son invisibilizados. Es mejor luchar por una causa exprés que lidiar con los grandes problemas civilizatorios. Es cuestión de convicción, pero sobre todo de darle el carácter de valorativo a muchas cosas que nos rodean.


Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 07 de junio de 2022.