lunes, 28 de junio de 2021

Tres deseos

Si me quedara solo en una isla desierta atrapado hasta el fin de los tiempos...


Si me quedara solo en una isla desierta atrapado hasta el fin de los tiempos y tuviese la posibilidad de pedir tres deseos, no dudaría en afirmar que los tengo bien claros.

El primero sería un libro, pero obviamente no cualquier libro, porque tratándose de seleccionar entre todas las obras que se han sido escritos en el curso de la civilización, un ejemplar que me habría de acompañar hasta mi muerte habría de ser un texto deslumbrante, poseedor de la capacidad de mantenerme cautivo a la idea de tomarlo y releerlo cuantas veces fuese posible sin la eventualidad de cansarme o considerarlo aburrido. Además de que la obra habría de tener la característica de abarcar todo aquello con lo cual uno se podría sentir satisfecho al momento de dedicarse a leer. Este libro lo seleccioné la primera vez que lo leí y hoy, a mi edad, sostengo que no debo cambiarlo. Debe ser entretenido, divertido, causante de hilaridad, provocador de risa y de una profundidad abismal. Erasmo de Rotterdam escribió el Elogio de la locura y muy por el contrario de lo que su título podría producir como consecuencia de estar en una isla por infinitud de los tiempos, este texto paralizante y extraordinario sería la compañía literaria y filosófica que necesitaría para poder mantenerme medianamente cuerdo. En realidad, el título obedece a una traducción un tanto divertida, pues en su idioma original es un juego de palabras, que podría ser transcrito a algo así como elogio a la moria o elogio a la necedad, dependiendo del idioma. Un título que representa una broma genial del gran Erasmo a su amigo Tomás Moro.

El segundo sería una bodega. Pero obviamente no una bodega cualquiera sino uno de tamaño extraordinario, que pudiese contener la mayor cantidad de vino posible que durase al menos un centenar de años de guarda y que se pudiese consumir en cantidades suficientes para alegrarme cada día que pasase en la isla sin que faltase una sola gota de este hasta el final de mi existencia. Ese vino no podría ser cualquiera, ni siquiera el que tuviese el linaje de una familia creadora del producto de la vid, mucho menos el producto de una casa comercial. Tendría necesariamente que ser el vino que Cristo creó en la fiesta de bodas de Caná de Galilea y es reconocido por muchos cristianos como el primer milagro que se le adjudica a nuestra religión occidental preponderante por antonomasia. Con ese vino y con ese libro, creo que tendría para pasar al menos una centuria reflexionando sobre esto y lo otro, a la par de bailar y reír en una fiesta infinita de lo que podría ser una condena en una isla sin gente, sin amigos, sin allegados, sin compañeros de trabajo y fundamentalmente sin motorizados. 

El tercer deseo, dado que ya no tengo tanta capacidad de maniobra para seguir justificando las necesidades básicas de un hombre atrapado para siempre en una isla sería obviamente una mujer. Pero ahí no podemos dejarnos llevar por lo banal, puesto que una mujer mustia sería la catástrofe existencial para alguien confinado en la isla. Tendría que ser una mujer muy especial, pero de manera imprescindible la más especial de todas, que respete mis momentos de lectura, que sea capaz de señalar que Erasmo es un genio, pero también un idiota por no entender a las mujeres y además celebrar conmigo el vino que Jesucristo enarboló como el primer milagro. Esa mujer debe saber bailar, debe saber reír con dientes de perla y debe (es necesario) recordarme que abusé del vino de cada fecha de todos los días que me ha de acompañar hasta el último día en que existamos. Sólo conozco una mujer que tenga esas cualidades y por eso me casé con ella. El tercer deseo sería que mi esposa me pudiese acompañar en la isla (y que no se moleste por ello), porque de todos los seres humanos con los cuales me he vinculado y de todas las posibilidades de vincularme con lo femenino, sólo en mi esposa he encontrado el sosiego y el hálito de sabiduría que es necesario para sobrellevar la existencia, tener una vida dignamente  feliz y poder compartir los placeres de la vida que bien sabemos que cuando son compartidos con el ser amado son exponencialmente placenteros.

Esos serían los deseos que pediría si existiese la posibilidad, por quedar confinado en una isla y entender que aun cuando estoy en mi casa escribiendo este texto, estoy exilado en realidad en una isla que es el mundo interior de cada uno de nosotros, acompañado de la mujer que amo, la cual me sigue en mi mundo interior y en mis miserias de humano. Tengo, además, el Elogio de la locura en la cabecera de la cama, y por una idea tomada de Truman Capote, poseo siete ejemplares forrados de siete colores distintos de manera que cada uno de los mismos corresponda a un día diferente de la semana. Estando en mi propia casa tengo esos dos deseos cumplidos.

Me falta el vino milagroso, que, a falta de este, un tempranillo de la Ribera del Duero sería medianamente suficiente para no pedirle tanto a la vida.


Publicado en el libro de mi autoría Para todos y para ninguno y otros ensayos. 2015.



domingo, 20 de junio de 2021

El protagonista

 


Latinoamérica, América Latina, Hispanoamérica, en fin, como se llame, es centro de magnas aventuras y desventuras del mundo contemporáneo. Representa el sitio de los más grandes contrastes en relación con estilos de vida; en este lugar del planeta surgen por minuto las más fanatizadas formas de interpretar la existencia y el pasado no termina de cuajar, comportándose como una bola de plomo que impide que se arribe a un ansiado futuro de certezas y se logre mitigar un poco la exaltación de las pasiones. En esta parte del orbe, bien podemos encontrar en el mismo lugar y de manera simultánea, las más elevadas expresiones de lo civilizatorio y los más enconados y arcaicos puntos de desencuentro de vetustas ideologías que fosilizan el pensamiento por contacto visual.

El palacio era de sangre

Con sangre de buey y cal está pintado uno de los despachos presidenciales más simbólicos del continente y hablar de Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, José de San Martín, Andrés Bello, Simón Rodríguez, José Gregorio Hernández, Eva Perón, Rómulo Gallegos, José Antonio Ramos Sucre, Agustín Lara, Armando Reverón, Fernando Botero, Julio Cortázar, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Rómulo Betancourt y tantas pero tantas personalidades que han marcado el rumbo de lo más elevado y básico de la cultura occidental es converger en el gran lugar en donde lo emocional pasa a mezclarse con ataques de racionalidad impoluta. En esta parte del planeta, sangre, sudor, semen, lágrimas, barro y pólvora, forman el ambiente de la cotidianidad y no es inusual despertarse con la convicción de que la nación en donde uno vive ha sido declarada un estado fallido o se desata una trifulca callejera que bordea los límites de una guerra civil. Esa es la región en donde estamos parados, un sitio en donde las furias surgen con la fuerza explosiva de los volcanes y lo simple puede transformarse en lo más complejo en un abrir y cerrar de ojos. Eje de los más incongruentes contrastes, por épocas parece el continente de la esperanza y por ciclos, lo desesperanzador parece salirse con la suya. Se venden boletos de entrada para quienes no quieran morir de aburrimiento.

Seducciones clásicas

En este sitio de la tierra la seducción es solo una manera de vincularse, en donde lo discursivo tiene en ocasiones tal fuerza que se logra voltear lo real en el imaginario colectivo. La palabra supera la realidad y existe la necesidad y goce general de ser enamorados por las imágenes auditivas. Las voces de los juglares, de los cuentacuentos callejeros, de los escritores de novelas, que por plata hacen telenovelas de amores pesados por lo insuperable de sus enredos, la discursos políticos, que no valen nada en realidad pero que cuando alguno logra edulcorar su prédica es capaz de movilizar las más singulares sentimientos, los vocablos de los embaucadores, de los mercachifles callejeros, de los sofistas de la cotidianidad, de quienes salen a la calle a comprar algo y terminan vendiendo, las señales de los paqueteros, de los tramposos, de los alucinados, de quienes se creen santos y tal vez lo sean, de las personas más malas del mundo, de los grandes aventureros, la palabra que es más fuerte de aquellas voces de Sirena que tentaron al mismo Ulises y terminaron por dejar de ser nómadas para hacerse sedentarias para siempre en América Latina. La voz del narrador radial de fútbol que es capaz de transformar el partido más aburrido de la historia en una falaz confrontación que puede llevar a quien lo escuche a experimentar un ataque cardíaco. La letra seductora de los grandes poetas y compositores musicales. La palabra de los boleros y de las más románticas baladas.

Desde arriba hasta abajo

En el territorio de lo improbable, cualquier lugar nos puede parecer propio. Desde México hasta la Patagonia, con el Pacífico y Atlántico de cada mano, el mar Caribe es el colofón de los lugares supremos, en donde cada día con sus noches puede convertirse en una interminable fiesta mientras la locura no se halla ajena de lo cotidiano y el dios Baco dejó de ser romano por aburrimiento para volverse caribeño por naturalización y en un malabar propio de quien no para de reír, cambió el vino por ron. ¿Quién puede contener tamaña expresión de pulsiones y afectuosidades?  En esta parte del planeta, cualquiera puede morir de amor ya sea por la mirada cautiva de quien es seductor por naturaleza o por la navaja afilada de quien se deja llevar por la locura de las sospechas. La seducción está tan presente en algunos lugares de este territorio que se generó una atmósfera de arte en donde para competir por aquello que nos apetece, habremos de desarrollar las más delicadas estratagemas y los más feroces combates de la cotidianidad. Tal es la fuerza pasional que nos mueve, tal es la confluencia de linajes de los cuales estamos hechos. Así somos y por largo rato seguiremos siendo, quizás por los siglos de los siglos. Que así sea. 


Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 22 junio de 2021. 

martes, 8 de junio de 2021

La demencial tesis del Eterno retorno

 


Tengo trabajo y llueve sin parar nuevamente. El pavimento está peligrosamente mojado. Panta rei, en griego “todo fluye”, es la fórmula expresiva del pensamiento de Heráclito: Todas las cosas se mueven incesantemente y nada está quieto. Nunca nos bañamos dos veces en el mismo río, porque su permanencia es solo aparente; en realidad, el agua que lo constituye nunca es la misma y tampoco somos los mismos cuando intentamos cruzarlo. La realidad es un proceso de mutación eterno producido por el conflicto de elementos contrarios. “Las cosas frías se calientan, el calor se enfría, lo húmedo se seca, lo que está árido se humedece; la madre de todos los asuntos es la guerra”. Según las afirmaciones de Heráclito, en todas las cosas se esconde una lucha de contrarios. Es la esencia de la vida, para quienes nos sentimos embelesados por sus ideas.

Preguntas recurrentes sobre el devenir

¿Cuándo acabarán los problemas? ¿Por qué las cosas son así? ¿Pasará algo mejor? ¿Por qué me tocó a mí? Las respuestas pueden ser tan tajantes como desconcertantes: En todo momento están ocurriendo cambios, mucho más si se trata de la dinámica propia de la vida en sociedad. El problema de los cambios sociales es que el cronómetro humano pareciera no tolerar la velocidad con la cual los asuntos se van modificando y en gran parte de las veces, no ocurren los cambios tal cual como los esperamos. Cuando Heráclito simbolizó el devenir mediante el fuego, debemos tener presente que es precisamente el más inestable de los elementos: Como calor es principio de vida; como luz, se difunde por todo el cosmos, como llama, transforma lo que alcanza. Cualquier transformación de la materia presupone una intervención del fuego. No hay que hacer un gran esfuerzo para comprender que, entre los símbolos del devenir, Heráclito consideró “el dinero”. De hecho, la moneda de cambio no solo pasa constantemente de mano en mano, sino que también es capaz de expresar el valor de cualquier mercancía: “El fuego transforma todas las cosas y todas las cosas cambien mediante el fuego, de la misma forma que el oro transforma todas las cosas y todas las cosas cambian mediante el oro”.

El Eterno retorno: A Heráclito

Aunque Heráclito haya pasado a la historia como el filósofo del devenir, la crítica moderna ha desvelado un segundo aspecto de su pensamiento, una interpretación encantadora de la realidad conocida como la “unidad de los contrarios”. El devenir vendría a ser solo la apariencia de las cosas, detrás de las cuales se esconde una armonía más profunda, absolutamente abismal. La totalidad de los fenómenos permanece siempre igual a sí misma y cada pareja de contrarios forma, en realidad, una unidad indisoluble. “El camino hacia arriba y abajo es uno y el mismo”, afirma Heráclito; es decir, si se observa con atención, cada subida es, al mismo tiempo, una bajada. Cuando una persona dice que a título personal no se merece lo que le está ocurriendo no puedo dejar de creer que en realidad sí se lo merece, porque forma parte de esa unidad en la cual la existencia de un principio se acompaña de la presencia de su contrario, configurando una unidad. Los pueblos vamos creando nuestro propio devenir y no se puede esperar que los resultados de ello sean diferentes de lo que vamos construyendo y destruyendo cada día. El caso de nuestras vidas o nuestras sociedades es la consecuencia de acumulación de las más disímiles formas de conducción que tarde o temprano tendrán que equilibrarse, por un tiempo, para generar ciclos que son unidades en sí mismos.

Parasitismos y equilibrios

Desde la vinculación disparatada con el concepto de trabajo hasta el fomento de las más estrambóticas maneras de parasitismo social, el caldo de cultivo de lo que somos nos llevó inevitablemente a consolidar las sociedades desestructuradas que hemos venido edificando. No fue el azar lo que nos trajo hasta acá, sino un gran esfuerzo obstinado por crear la realidad en la cual nos encontramos. El día (o el bien) existe únicamente en virtud de la noche (el mal) y la salud no sería apreciable sin la enfermedad. De ahí que el mundo, aparentemente dominado por el desorden, revele en cambio una lógica interna; justamente para definir esta suerte de ley secreta de la armonía, Heráclito utilizó por primera vez el término “logos”, que lleva a convertirse en el rasgo característico de lo más depurado del pensamiento occidental. La doctrina del devenir de Heráclito es una idea filosófica de larga data que marca el principio de todos los intentos de explicar las transformaciones de la materia y de la naturaleza del movimiento y se encuentra presente incluso en pensadores aparentemente alejados de su problemática. ¿Acaso lo que vivimos cada día no es una suerte de contraposición de contrarios que inexorablemente, y aunque nos cueste apreciarlo, cada día conduce a cambios que ocurren con una notoriedad que no percibimos, pero sin embargo siguen ocurriendo? 


Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 08 de junio de 2021. 

martes, 1 de junio de 2021

Apología al buen tono

 


Cada viaje a Margarita era la posibilidad de adquirir las exquisiteces más insólitas. La zona libre permitía disfrutar de un paraíso caribeño a la par de hacer las más estupendas compras. Mi preferida era la de Zaragoza, la cual entraba a competir con la totalidad de las playas de la isla, una mejor que la otra. En un local comercial se podía conseguir cualquier variedad de caviar y cerveza Ámsterdam, de más de 10 grados de alcohol, cuyo vendedor garantizaba que con dos de estas bebidas hasta el más plantado comenzaba a hablar mandarín. Esa posibilidad de disfrutar del caribe en toda su plenitud lo ofrecía la más bella de las islas, la de las legendarias perlas: La isla de Margarita.

El mejor lugar del mundo  

Comienzo hablando de Margarita porque es paradisíaca, como lo es la totalidad de mi país, un lugar para amar y conocer, en donde siempre es posible albergar esperanzas y soñar por un futuro mejor. La emergente industria turística venezolana apostó por dar trabajos a infinidad de familias. En una ocasión, en Madrid, una agencia de viajes ofrecía promociones para cualquier parte del mundo. Pregunté por qué no promocionaban a Venezuela y me dijeron que por dos razones: 1. Porque era un destino que se promocionaba solo, sin necesidad de publicitarlo, ya que quienes lo visitaban le hacían la mejor de las propagandas. 2. Porque si promocionaban a Venezuela, se le caían los otros destinos. Venezuela no tenía comparación ya que era el país más hermoso y de los más económicos para visitar. Siempre se ha dicho que la industria del turismo es la más ecologista de todas. En parte es cierto y en parte, es también una amenaza, cuando se aspira al dinero fácil sin ver las consecuencias del daño ambiental en función de futuro. Pareciera que gran parte de la raza humana apuesta por su autodestrucción al irrespetar la naturaleza. Grandes complejos turísticos que maten a la vida silvestre es un escupitajo para arriba. Pan para hoy y hambre para mañana. Al transgredir ecosistemas en nombre del turismo, se apuesta por la vía fácil de la ganancia a corto plazo. ¿Sirve un poco de educación para algo?

Venezuela y su futuro turístico

Sin dudas que la industria turística en un país paradisíaco será siempre una apuesta para ganar dinero. Será interesante ver cómo en los próximos años, cuando se tenga que reconstruir a la nación suramericana, ver los desarrollos turísticos emergentes como una gran posibilidad de tener un mejor país que beneficie a todos. Ojalá no se convierta en un lugar para el turismo sexual, como ha pasado con otros destinos y sea la familia venezolana la que se beneficie. En realidad, existen infinitud de buenas experiencias turísticas en el país del norte del sur del continente. Desde las grandes cadenas hoteleras hasta el sistema de posadas atendidos por sus propios dueños, que hacían que uno se sintiese como en casa, siempre prevaleciendo la legendaria hospitalidad venezolana. Es una mengua irreal que este rubro no sea la gran posibilidad de miles de familias que esperan que quienes dirigen el país hagan los cambios de timón necesarios para que se recupere Venezuela. Ha sido cruel y desgastante el daño que se ha infringido a la nación en nombre de extravagantes idearios políticos que han hecho que seis millones de connacionales estén dando vueltas por el mundo. Es tan irreal que apenas se puede creer. Vemos una dicotomía tan estéril como infantil en una disputa hasta el infinito entre quienes manejan los destinos del país y quienes se le oponen. De mi parte soy uno más de los que forman la gruesa diáspora, abiertos a invertir en Venezuela cuando las condiciones lo permitan. Mientras tanto hacemos lo posible por vivir y disfrutar lo que se pueda de vida.

Pasando las páginas

No entiendo apostar por una causa perdida, toda vez que el cronómetro del existir sigue corriendo. Tomar un poco de distancia del huracán venezolano se me hizo una necesidad imprescindible. Esa distancia me permite ver mejor las cosas. Atrapados en retorcidos sentimientos, es muy ambicioso que Venezuela se recupere. Cuando escucho a fanatizados que me hablan de perseguir y castigar, solo veo cómo sus almas se vuelven tan ruines como a quienes critican. Lo que es una tragedia sin parangón, también es una potencial oportunidad. Salir unos años de Venezuela, conocer otros lugares del planeta y seguir disfrutando de amaneceres con sus atardeceres, buenas cervezas frías y la más variada música sigue siendo parte del arte de la existencia. Creo que la vida tiene un solo boleto, que es el de ida y no se permiten devoluciones. Anclarse en el revanchismo y la obcecación de perpetuar lo malsano me es tan ajeno como distante. Apuesto por un ápice de civilización que induzca a pensar en trabajar por buenas causas. Ojalá se dé el gran viraje que todos esperamos en Venezuela. Mientras tanto disfruto cada instante de la vida, que es en realidad un ejercicio artístico que se me hace irrenunciable. 


Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 01 de junio de 2021.