lunes, 21 de agosto de 2017

El “yaísmo”


Cierto pensamiento filosófico que se suele predicar en las academias distingue dos tipos de irracionalismo.

La justificación de los yaístas”

1.El irracionalismo gnoseológico afirma que la razón humana no es capaz de explicar la realidad, pues su intrínseca complejidad está más allá de los límites de la mente humana. En este caso estricto, ciertas doctrinas filosóficas podrán calificarse de irracionalistas: así, por ejemplo, el escepticismo, que antiguamente negaba la existencia de todo tipo de verdad; en la Edad Media el misticismo y la teología negativa, que reducían todo conocimiento a una simple y pura forma de intuición; y también el moderno romanticismo, que prácticamente plantea que el arte y los sentimientos son la única forma posible de conocimiento.

2.El irracionalismo ontológico afirma que es la propia realidad la que se rige por los principios no racionales del azar, de la casualidad, de la vida, entendida esta como proceso imprevisible. Esta forma absoluta y metafísica de irracionalismo, que considera al mundo como algo absurdo, ilógico, insensato y falto de objeto, es típica y exclusiva de la época contemporánea y elocuente expresión de lo que muchos ven como la crisis de nuestro tiempo.

La voluntad de vivir 

Durante el segundo decenio del siglo XIX, Shopenhauer formuló una doctrina más esencial: la voluntad de vivir. La describió como un impulso primordial, una fuerza ciega que va más allá de la dimensión espacio-temporal. La doctrina y la figura de F. Nietzsche fueron aún más determinantes para el nacimiento del irracionalismo contemporáneo. Este filósofo interpretó de una manera aún más radical las profundas exigencias de la reacción antipositivista, por lo que se convirtió en un efectivo estímulo para la renovación filosófica, aún en curso, conocida como crisis de la razón. Por el impulso de las ideas de Nietzsche, el irracionalismo se ha configurado como una importante y peculiar forma de la cultura y el arte moderno de la que surge una nutrida y variada serie de vanguardias.

Irracionales al ataque

La postura irracionalista típica de nuestro tiempo puede sintetizarse en los siguientes aspectos recurrentes:

La desconfianza respecto a las posibilidades del pensamiento científico, lógico o histórico para explicar la realidad. Rechaza la idea de que el pensamiento se produzca mediante la intervención de razón e intelecto, y propone que éstos sean sustituidos por la intuición y la acción: es decir, por la experiencia concreta de la vida.

El rechazo de los modelos tradicionales y de todo valor moral, político o religioso, ya que los considera expresiones de un mito racionalista y metafísico. Es una posición que puede llevan al rechazo total de la civilización occidental desde sus orígenes. Nietzsche también adoptó una posición dura al respecto, afirmando la negatividad de toda filosofía desde Platón en adelante, apostando al intento de inventar o imponer un nuevo sistema de valores distinto del tradicional. La doctrina del superhombre de Nietzsche ha aportado el modelo para la asunción de conductas consideradas socialmente desviadas, comportamientos revolucionarios o provocadores.

El fracaso del “ya”

En medio de todo esto, ha sido una especie de slogan o forma de conducirse de ciertos sectores el apostar porque las cosas se materialicen de manera inmediata, jugando a la vida en sociedad como si fuese una consecución de espasmos a efectos de lograr las cosas. Cada vez que leo o escucho la consigna “YA”, sea a través de le lucha por conseguir espacios de poder o de materializar cambios, no puedo dejar de ser suspicaz frente a quien hace la proclama. Posas cosas en la vida, y menos las dinámicas sociales, se materializan de manera instantánea y quien promueve el “yaísmo” no sólo se hace eco de una fantasía propia de los tiempos que corren, sino que en su obscura irresponsabilidad termina por prolongar la agonía de los males que vivimos en colectividad.

Quien corre como un caballo muchas veces termina como un burro, porque las cosas tienen una razón de ser y existe una causalidad que rige la historia. Una cosa deriva en la otra y salvo los imponderables, hay una lógica detrás de cada uno de los movimientos de los pueblos. Mucho daño hace y sigue haciendo el “yaísmo” porque es parte de la forma de pensar de nuestro tiempo en donde la razón queda aplastada por la intuición sin fundamento y la acción mal conducida que termina en fracasos, desilusiones y prolongación de lo caótico. 


En lo personal, sigo apostando por la razón como brújula que guía, entendiendo que en la sociedad existen múltiples actores, que simultáneamente van tejiendo un entramado de base cuyos alcances son difíciles de predecir, pero que se puede hacer el esfuerzo por entender. Más daño han hecho quienes han apostado por las decisiones inmediatistas que aquellos que en su serenidad van construyendo con bases fuertes los senderos que han de transitar los pueblos. Mi rechazo a quienes apuestan por las soluciones mágicas, porque su fundamento es y seguirá siendo nuestra mayor condena. 


Twitter: @perezlopresti

Ilustración: @Rayilustra 

Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 20 de agosto de 2017


La esperanza y el ciudadano


Como consecuencia de los cambios que vivimos cada día, estamos expuestos a experimentar una montaña rusa emocional y es natural que tarde o temprano llegue un momento en el cual nos sintamos desmotivados, incluso francamente desesperanzados frente a las adversidades.

Adaptativamente, como elementos de supervivencia, se suele reaccionar de tres formas: 1. Quedarnos paralizados o negar aquello que está pasando, sea porque no nos involucremos en lo que ocurre o francamente nos apartemos de cuanto nos circunda. 2. Reaccionar de manera hosca, irritable o francamente violenta ante aquellas cosas que no podemos resolver y las percibimos como injustas. 3. Literalmente salir corriendo frente a los problemas, ya sea para escapar de un peligro, sea imaginario o real, para buscar mejores escenarios de vida, abrirnos nuevos caminos y trazar senderos para consolidar otras oportunidades.

Caso 1: Cuando se decide por hacerse a un lado o cerrar los ojos ante lo que ocurre, puede que funcione por un tiempo, pero tarde o temprano la realidad nos va a alcanzar, ya sea porque nos la topemos en la estantería de un supermercado y los alimentos sencillamente no están a nuestro alcance o debamos hacer la más mísera de las colas para alimentarnos con un poco de harina o nos alcance la violencia.

Caso 2: Las demostraciones de violencia no son propias del ciudadano, primero porque en las sociedades medianamente equilibradas, el ejercicio de lo violento no es un acto amparado por las normas de convivencia y porque generalmente la violencia forma parte de lo institucional como instrumento para repeler conductas antisociales. La violencia suele crear un espiral de generar mayores formas de violencia y al ciudadano solo le queda el derecho a la legítima defensa.

Caso 3: Escapar frente a una situación a la que percibimos como irresoluble no solo es una conducta adaptativa, sino que las grandes migraciones y éxodos humanos han formado parte de la historia de la civilización. Esas grandes masas de gentes lidiando frente a las adversidades de tener que controlar nuevos escenarios de vida ha sido consecuencia de cosas espantosas, pero en muchos casos ha derivado en lo más depurado de las mejores cosas propias de la cultura, como por ejemplo el mestizaje venezolano.

A veces vale la pena detenerse un rato a pensar y recordar que cierto tipo de desesperanza es claramente inducida y se ha apostado por la perfección de las técnicas para provocar estos estados, los cuales no solo han sido aplicadas con efectividad muchas veces, sino en los más distintos contextos.

Pero si el escenario no es quedarse paralizado, ni aislarse de lo que ocurre, ni actuar de manera violenta y la idea de salir corriendo no está planteada, entonces queda lidiar cada día que pasa con realidades que pueden ser inesperadas y suelen estar marcadas por la más radical incertidumbre. De esta manera, la posibilidad de ser invadidos por la desesperanza está siempre latente y para poder sobrevivir no queda otro camino sino calcular los pasos que se hagan, lo cual debe cumplir con unas premisas para no ser arrastrado por la vorágine de las agitaciones sociales.

La vida sin esperanza es sencillamente inviable, porque la esperanza sustenta el equilibrio emocional de cualquier ser humano y al abandonar esta idea, nos desestructuramos. Es imprescindible tener un marco referencial de creencias que nos den ordenación ya sea que se encuentren fundamentadas en creencias de las denominadas espirituales o en formas de pensamiento con rasgos ideológicos. A fin de cuentas no se puede estar mentalmente a la deriva, porque nos hundiremos inexorablemente. El ser humano nació para soñar y creer.

Las grandes causas humanas son largas y penosas. Con solo pasearnos superficialmente por la gran historia del hombre, nos encontramos de manera repetida con persecuciones, confrontaciones, adversidades, calamidades y las más abyectas injusticias, las cuales han sido derrotadas una y otra vez por el genio de lo humano que batalla sin cesar, entendiendo que la vida es una lucha sin tregua en la cual se vence solo si se tienen los más elevados sentimientos propios de lo civilizatorio, lo cual incluye el mirar con aplomo hacia adelante aferrados a nuestras convicciones.


¿Qué son a fin de cuentas las convicciones y en qué se sustenta la esperanza? En el sistema de valores que mantiene la vida social y personal. Desde lo social, se apuesta porque el valor adquiera incluso el carácter de norma, de ahí que se premia a quien obre de manera justa y se cuestione al que hace daño. De manera personal, lo valorativo es precisamente el punto más elevado de nuestro mundo interior y quien abandona su sistema de creencias y hace a un lado los valores, o se destruye como ser o se desvirtúa como persona.  El sistema de valores es la brújula que nos dice hacia donde se debe dirigir cada paso que damos, siempre de la mano con lo proactivo, el temple y lo esperanzador.


Twitter: @perezlopresti

Ilustración: @Rayilustra 

Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 15 de agosto de 2017


miércoles, 9 de agosto de 2017

ENTREVISTA: “La esquina caliente”

El jueves 10-08-2017 a las 8:30 a.m. estaremos en vivo en la Televisora Andina de Mérida (TAM), en el prestigioso programa “La esquina caliente”, conducido por el amigo Rafael Augusto (Tuto) López.




martes, 8 de agosto de 2017

Retratos de la histo(e)ria


Milan Kundera pensaba en su personaje Tomás desde hacía años, pero no había logrado verlo con claridad hasta que se le iluminó esta reflexión: lo vio de pie junto a la ventana de su piso, mirando a través del patio hacia la pared del edificio de enfrente, sin saber qué debía hacer. Tomás sintió entonces un inexplicable amor por una chica casi desconocida. Pero ¿era amor? La sensación de que quería morir junto a ella era desproporcionada: ¡era la segunda vez que la veía en la vida! ¿No se trataba más bien de la histeria de un hombre que en lo más profundo de su alma ha tomado conciencia de su incapacidad de amar y que por eso mismo empieza a fingir amor ante sí mismo?

Infinidad de obras literarias han tomado como el eje central de su trama la dinámica propia de las relaciones amorosas. La fascinación del hombre por el amor ha sido recreado en todas las formas de expresión inimaginables, que van desde el fragmento de la novela La insoportable levedad del ser, que aparece en el primer párrafo de este trabajo, hasta las más inescrutables maneras de expresión artística, generalmente en un contexto sociocultural que determina lo que los personajes piensan, dicen y hacen. De hecho, sin ese contexto histórico, la valoración completa del arte se encuentra menguada.

Cuando un artista o creador de cualquier parte del planeta o de la Venezuela del siglo XXI se encuentra ensimismado haciendo sus quehaceres relacionados con la expresión artística, su obra va a estar profundamente marcada por las cosas que están ocurriendo en su entorno, las cuales van a modificar desde su estado de ánimo hasta el tema que ocupa la realización de lo que produzca. No puede escapar de esto la forma como se van tejiendo las relaciones interpersonales, mucho más el amor, que es afectado o condicionado por lo que vivimos cada día.

Una chica me invita a cenar en un restaurante de Caracas y la cuenta es lo suficientemente abultada como para superar lo que suelo ganar en un mes dando clases en la universidad; presencio un asalto al salir del restaurant y atravesamos la noche caraqueña en su carro, corriendo a gran velocidad sin detenernos en los semáforos por “cuestiones de seguridad”. Pareciera que el elemento prisa es propio de la manera como nos intervinculamos en los tiempos que estamos, tanto por un asunto relacionado con la supervivencia, como por una forma de conducirnos que se hace natural en nuestros días.

-¿Te diste cuenta del precio del dólar?- Me pregunta a quemarropa mientras hago la digestión y nos dirigimos a nuestro destino. ¿Acaso cada cosa que vivimos cada día no modifica incluso nuestra manera de amar o estoy siendo poseído por la histeria de la cual nos habla Tomás? En la noche caraqueña necesito sacar dinero de un cajero automático y mi acompañante suelta una carcajada: es imposible.

Creo que para muchas cosas las personas tenemos un límite. En las relaciones amorosas de nuestro tiempo el plantearse la posibilidad de irse del país no es ajeno a lo que se dice cada día. Forma parte de lo que se podría concebir como el proyecto futuro de cada cual para poder tener una vida mejor. Por una parte se encuentra la dura realidad que vivimos y pagamos y por otra la disociación aparatosa de la información que recibimos. Existe una especie de antagonismo mediático que señala la existencia de dos realidades ante la cual el sentido común de cada uno debe imponerse para estructurar su propia impresión de lo que ocurre.

Quizá nunca antes en lo que va de civilización hacía quedado un registro periodístico e historiográfico tan abultado como en la Venezuela del presente, en la cual cada ciudadano graba, escribe y comenta todo aquello que acaece. Cuando en un futuro se reconstruya lo que estamos pasando, la desolación inundará a los investigadores y seremos un ejemplo de estudio para reformular cosas y polemizar en relación a los alcances de los problemas propios de la ética de los pueblos.

La invasión de Checoslovaquia en 1968, nos señala Kundera, fue fotografiada y filmada por completo y está depositada en los archivos de todo el mundo. Los fotógrafos y las cámaras checos se dieron cuenta de que solo ellos podían hacer lo único que todavía podía hacerse: conservar para un futuro lejano la imagen de la violencia. Todos los anteriores crímenes del imperio ruso tuvieron lugar bajo la cobertura de una discreta sombra. La deportación de medio millón de lituanos, el asesinato de cientos de miles de polacos, la liquidación de los tártaros de Crimea, todo eso quedó en la memoria sin documentos fotográficos y, por lo tanto, como algo indemostrable, de lo que más tarde o más temprano se afirmará que fue mentira.

En nuestro caso venezolano la historia será implacable con quienes no se han conducido conforme a las normas que como sociedad hemos convenido. Lo registramos cada día en nuestros actuales medios de comunicación y nos marca en la manera como lidiamos con los amores de nuestra vida. 






Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 08 de agosto de 2017.

Ilustración: @Rayilustra 

miércoles, 2 de agosto de 2017

Una temporada en el infierno


La historia de la civilización ha cultivado un deslumbramiento tradicional en relación a las cosas asombrosas, que posean una marca de teatralidad, de misterio o de franca locura. Lo vemos en el arte, en todo aquello que tenga que ver con las ciencias o los asombrosos adelantos tecnológicos de nuestro tiempo. Siempre existe una larga cola detrás de cada una de estas manifestaciones humanas, percibidas por el común de las personas con deleite, fascinación, temor o admiración.

La historia de la poesía moderna, por ejemplo, tiene la marca de lo tenebroso. No es casual que un poeta maldito como Arthur Rimbaud sea el que haya surcado el rumbo de la creación artística de este género literario. Lo poético cambia porque solo con la avasallante presencia de la locura es que se crean las cunetas que deslumbran y hacen que se imiten los modelos a seguir. La breve obra de Rimbaud posee el suficiente poder y la aplastante fuerza que se necesita para “demoler  la creación”. Sus obras: Poesías, Cartas del vidente, Una temporada en el infierno, Iluminaciones y Cartas completas, marcaron una ruta creativa que va desde los movimientos vanguardistas como el surrealismo hasta el peso de la creación de las más disímiles artes del siglo XXI.

Pero el asunto obviamente va mucho más lejos en el tiempo y la larga lista de extraordinarias relaciones entre lo que percibimos como anormal y la fascinación que nos produce es parte de todas las manifestaciones de la cultura universal. En la tragedia griega, lo extremadamente grave es los que termina por fascinar: desde el incesto del rey Edipo hasta la filicida Medea, que en un ataque de locura por celos, les da muerte a sus hijos, cada expresión artística del hombre no hace sino rendirle un culto a la locura macabra que se encuentra presente en cada rincón de la existencia. Miguel de Cervantes Saavedra pudo expresar su percepción del mundo solo a través de la enajenación y logra recrear en un viejo loco los temas fundamentales en relación al hombre y sus múltiples vínculos con el entorno. De esta manera se burla de tantas cosas prohibidas y plantea los más peliagudos problemas sin entrar en conflicto con las personas de su tiempo y logra que sea la risa la que se apodere de los lectores.

Haciendo un recorrido por el brillo de la música, pareciera una especie de biografía psicopatológica en donde muchos de los más grandes representantes del humor musical parecieran necesitar de la muleta del alienado para recrear sus producciones. No menos presente está el artista plástico y su intensa relación con lo raro que va desde la grandeza creativa de Van Gogh hasta el deslumbrante Armando Reverón.

La idea del científico loco como potencial hombre que seduce y que es capaz de destruir, suele causar tanta fascinación como rechazo y no menos extravagantes son los creadores contemporáneos de las más intrincadas microtecnologías, que son capaces de ingeniar desde juegos hasta las inusitadas formas de comunicación con neolengua incluida, que las nuevas generaciones asumen como parte cotidiana de sus vidas. En los deportes, la competencia se ha vuelto cada vez mayor, porque las inalcanzables marcas ya no son ni siquiera pensables de lograr por el hombre común y el superatleta se muestra como una forma anómala de ejercitar el cuerpo, con su redundante impacto en la mente del individuo y de lo cultural.

Pero todas estas maneras de encantamiento hacia lo mórbido, de manera paradojal, terminan por formar parte de la cultura cotidiana y pierden su carácter de hallarse al margen de lo social para finalmente ser objeto de interés de los centros de estudios, convirtiéndose en un saber de tipo convencional. Nada de especial tiene, porque así ha funcionado lo civilizatorio. 

El asunto se hace más que interesante cuando sobrepasa al individuo y adquiere un carácter social y no podía estar por fuera de estas premisas que asomo, el caso de los liderazgos. Cuando después de un Adolfo Hitler, parecía que la humanidad iba a entrar en una época de reflexión, surgen los más descabellados personajes y el siglo XX llegó a parecer una especie del museo del terror por la cantidad de guías con los más disonantes desvaríos y la relación con las grandes masas precisamente por los desvaríos mentales del líder.


Ese rasgo de intervinculación entre lo insano y las muchedumbres es la marca de Caín que nos sigue persiguiendo incluso en nuestro tiempo, en donde los más disparatados sujetos siguen haciendo el papel de conductores de las naciones, llenando de interés las vidas y las carencias más retorcidas que se encuentran en el mundo íntimo de los pueblos en una espera acechante para disparar a la escena del protagonismo a los líderes más insensatos. Con todas las cuotas de progreso que podamos adquirir y con los más impresionantes avances tecno-científicos, está en la naturaleza social del hombre el ser seducido por las fuerzas oscuras que se hallan siempre latentes.  


Twitter: @perezlopresti


Ilustración: @Rayilustra 

Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 01 de agosto de 2017



jueves, 27 de julio de 2017

Frases y pensamientos de Alirio Pérez Lo Presti

Don Freddy Ríos ha tenido la generosidad de elaborar imágenes con textos de mi autoría. Aquí algunas de ellas. Mi agradecimiento a @doserre 























































La totalidad de los textos fue publicada en el diario El Universal de Venezuela. 

martes, 25 de julio de 2017

Aplomo ante el plomo


En muchas ocasiones, pensar qué es lo correcto se puede volver un dilema. Lo digo porque en la Venezuela de nuestros días, se hace difícil mantener una actitud serena en la cual se logren controlar las más contrariadas pasiones. ¿Cómo mantener la racionalidad cuando es la incertidumbre lo que campea?

Desde el discurso que escuchamos por parte de quienes dirigen la nación hasta los hechos que ocurren a diario en nuestras calles, no pareciera que la sensatez fuese a hacer su aparición y nos seguimos cundiendo de desesperanza. Un amigo ya fallecido, me dijo que con el tiempo, algún día iba a encontrar en la filosofía mi mejor compañía y creo que poco a poco así se ha venido configurando mi fiel amiga; porque lo filosófico no sólo es el campo para cuestionar las cosas, sino que hay elementos de certeza que solo en el estudio contante se pueden encontrar.

En estos días de agitación me he volcado a recordar a los estoicos y he pensado que para ellos, tal vez no hubiese existido incertidumbre posible ante el escenario que enfrentamos. Como prevé la ética estoica, Séneca, por ejemplo, prefirió el suicidio que faltar a su deber. El estoicismo fue fundado en Atenas en torno al año 300 a.C. por Zenón de Citio. En la historia de la que fue sin duda una de las principales escuelas helenísticas, la enseñanza se dividía en tres partes: 1) Física, fundamentada en el concepto de pneuma. 2) Lógica, campo donde los estoicos intuyeron por primera vez la distinción entre signo, significante y significado, en una sugestiva anticipación de las teorías semióticas contemporáneas. 3) Ética, campo en el que rápidamente se concentró la reflexión.

La moral estoica prescribía “vivir según la naturaleza”, es decir, según el principio de racionalidad que los estoicos, con una optimista valoración de la realidad, considerada esencial en el hombre y en el Universo. La misma lógica o pneuma o Dios que subyace en la inteligencia del hombre mueve asimismo la naturaleza, en la que nada se origina por azar o por suerte. Este racionalismo metafísico, cósmico y absoluto, según el cual cualquier acontecimiento ocurre por necesidad, junto con la visión cíclica del tiempo, dio origen a la deslumbrante doctrina del eterno retorno.

En el hombre, la vida en función de la naturaleza se expresa en el sentido del deber (la acción según el orden racional). En oposición al hedonismo epicúreo, que situaba en la felicidad el objeto de la existencia, el estoicismo distinguió entre: 1) Comportamientos necesarios que siempre han de buscarse, como el empeño en la vida civil, el respeto a las obligaciones familiares, a la patria, a los pactos y a la amistad. 2) Comportamientos injustos o lo que es lo mismo, en contra de la razón; estos comportamientos siempre han de evitarse, incluso sacrificando la propia vida (en esta categoría entran todas las acciones dictadas por la emoción, considerada como una verdadera patología del alma). 3) Comportamientos indiferentes, ni virtuosos ni viciosos, de los que no se ocupa el sabio: salud/enfermedad, belleza/fealdad, riqueza/pobreza. El sabio acepta su destino vital.

Esta posición ante la vida va a anidar en varias personalidades a lo largo de la historia, pero particularmente en uno de los más extraordinarios hombres que ha existido y me refiero a Miguel de Cervantes Saavedra, quien adquiere o perfecciona lo que él va a llamar después “la virtud de ser paciente en la adversidad”. Este hombre va a la cárcel, pasa miserias, se ve negado y desconocido, fracasa como escritor, fracasa como soldado y sin embargo tiene una virtud admirable porque ni envidia ni siente que tiene que tener una actitud pesimista ante la vida; todo lo contrario, su bondad natural se va afirmando y adquiere lo que pudiéramos llamar una gran tolerancia y una suprema benevolencia que le permite contemplar las desgracias con un tono sereno y compasivo emparentado con la tradición senequista y estoica.

Cervantes nos regala a Don Quijote y este personaje termina trágicamente porque se vuelve cuerdo y al perder la poesía se transforma en la realidad de los demás. Comienza a ver lo que los demás ven. Don Quijote fracasa y se da cuenta de que por sus acciones la justicia no va a poder reinar en el mundo y solo le queda el consuelo de haber sido bueno. La bondad fundamental que se encuentra en esta extraordinaria obra, la biblia de los escritores, es la materia prima de lo heroico y de lo poético.

Apelo a estos fundamentos propios de la buena conducción de las pasiones porque solo a través de una manera de ver el mundo alejada de la maldad y apegada al buen manejo de las inquietes es que se puede construir y no destruir.  Ojalá y la bondad natural humana hiciese su aparición en estas horas de confrontaciones radicales y luchas inagotables para conducir el mejor de los países al mejor de los puertos. Que los que dirigen la nave se den cuenta que no se puede considerar un triunfo el hundir al mejor de los navíos.



Twitter: @perezlopresti


Ilustración: @Rayilustra 


Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 25 de julio de 2017