martes, 1 de noviembre de 2016

Libros de Alirio Pérez Lo Presti

Libros de Alirio Pérez Lo Presti: En las librerías de la ciudad de Mérida, en un grupo de librerías del resto del país y solicitándolos directamente al CONSEJO DE PUBLICACIONES DE LA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES
El Departamento de Mercadeo se encarga de realizar los envíos a toda Venezuela.  

Estas son las señas para ponerse en contacto con mis editores, de lunes a viernes en horario de oficina.

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Libros publicados:

Para todos y para ninguno y otros ensayos





Para todos y para ninguno y otros ensayos. 2015. 
Consejo de Publicaciones de la Universidad de Los Andes. Mérida. Venezuela. 


ROGER VILAIN: Para todos y para ninguno


Pocos se percatan de lo insólito, de las maravillas que bullen semiescondidas en la vida cotidiana. Alirio Pérez Lo Presti, amigo desde los tiempos universitarios, descubre en Para todos y para ninguno y otros ensayos (Consejo de Publicaciones de la Universidad de los Andes, 2015) que tal sentencia exige una labor de aguda observación y espíritu de búsqueda detectivesca. A propósito de su último libro, la cualidad fundamental que a mi juicio lo atraviesa es justamente el rastreo de tales sorpresas bañadas de sombra, además de exaltar la belleza (la belleza de lo hermoso y la belleza de lo feo) oculta hasta debajo de las piedras.

Llego a la oficina de MRW en Altavista y ahí está, embutido en su bolsa azul y blanca, con la dedicatoria de rigor y el perfume entrañable de la tinta y el papel recién pasados por el horno. Dividido en cuatro partes (arte, ocio, polis y (con)parte), Pérez Lo Presti juega duro, apunta alto: meterle el ojo al día a día buscándole cinco patas a los gatos, arrancarle el velo de la abulia, del bostezo, de lo inamovible al reloj que pareciera transcurrir como si nada. Hasta en la quietud engañosa con pie de intrascendencia existe un rostro oculto que nos escudriña y nos pone enfrente ciertas cosas. Alirio Pérez Lo Presti lo trasiega, le saca filo hasta a una roca. Sin duda sabe hurgar en el patio.

"Se crean realidades-mentiras que son actos literarios. Se erigen mundos reales-ficticios que terminan por ser más convincentes que las cosas que nos rodean", escribe en algún momento, para rematar contándonos que "el escritor auténtico es por antonomasia un crítico social y en general la historia de la literatura es precisamente un cuestionamiento permanente a la sociedad y sus múltiples miserias". Nada menos: la rebeldía como punta de lanza en función de señalar el pus donde se encuentre, pasados por el cedazo de lo literario. Tales son apenas dos botones a manera de muestra insuficiente en función del follaje de propuestas, de ideas punzopenetrantes que el autor nos echa en cara a lo largo de doscientas treinta y siete páginas sin desperdicio. 

Desde su condición de psiquiatra y como filósofo Pérez Lo
Presti alumbra -lo he sugerido ya- zonas de la cotidianidad
sumidas en la penumbra, exactamente por la razón sencilla de que solemos obviar lo que a fuerza de tanto estar ahí termina por aplastarnos las narices. Literatura e ideas, literatura y filosofía al ritmo de la calle, del café de la esquina, del cine o la política, del viaje que hicimos en las vacaciones anteriores, del amor platónico que quizás vivimos siendo adolescentes. Imagine usted lo demás.

Leamos lo que nuestro autor echa al ruedo en otro ensayo: "Al mezclar la idea (y la praxis) de crear apego hacia figuras representativas de poder (afecto por carencia) con exaltación de lucha entre conciudadanos, se da el fenómeno que ha ocurrido en Venezuela. Surge un padre que sensiblemente suple los vacíos emocionales de todo un colectivo y se le empareja con la premisa de que existen pares hostiles a los cuales hay que adversar. Estas dos proposiciones de origen darwiniano explican gran parte del fenómeno social que ha ocurrido en los últimos quince años en Venezuela".
De ahí al gendarme necesario hay poco pasos, no faltaba más. 

Como último ejemplo, en otra página encontramos: "El escritor está fragmentado en su esencia como individuo. Por una parte está vinculado con la inexorable realidad, pero por otra está confinado al mundo paralelo y fantasioso de quien se plantea lo cotidiano como potencial escenario para ser trasgredido y poder ser convertido en literatura". Y eso, con justicia, es lo que ha hecho Pérez Lo Presti en este libro.
Enhorabuena.

rvil35@gmail.com


Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 21 de agosto de 2015



RICARDO GIL OTAIZA: El libro como noción de civilidad



Alirio Pérez Lo Presti nos ha venido acostumbrando a su prosa diáfana, cargada de pasión, plena de una energía que bulle para contagiar a sus lectores e impelerlos a continuar en sintonía con su obra que ya se hace grande. Desde que Don Alirio (como suelo llamarlo, aunque sea menor que yo) se lanzó al mundo de las letras con su celebrado libro La creación del rosado’, no le he perdido la pista a ninguno de sus libros posteriores, por razones sencillas (aunque cargadas de gran complejidad): su escritura tiene hondura, y al mismo tiempo divierte y nos lleva de la mano por mundos insospechados. Con mi querido colega y amigo es válida la advertencia que hacía García Márquez frente a la prosa de Monterroso: hay que leerla con las manos arriba porque uno no sabe si reírse o enseriarse, llorar o perderse en un mar de disfrute. Su ironía no es académica (por decirlo de alguna manera), sino que está implícita en su discurso y eso la hace necesaria y fundante de una propuesta que nos interpela frente a la realidad y la vida. 

Hace pocas semanas tuve el honor de presentar a Alirio Pérez Lo Presti al grupo posdoctoral que coordino en la ULA, y no se me ocurrió otra cosa sino decir que estamos frente a un polemista, frente a un hombre que hace del pensamiento y de la palabra herramientas indispensables en la comprensión del ahora, pero lo hace con un verbo candente, que no da tregua a meros formalismos para internarse sin rubor en una palabra que en él cobra valor: se redimensiona hasta hacerse autárquica y rebelde. Sí, Don Alirio es también un rebelde, pero un rebelde con causa: la causa de una formación científica que lo lleva a distintos territorios de las ideas, para dejar allí plantada la semilla de una metódica que duda de la duda misma, que se pregunta por su razón de ser hasta erigirse en corazón de una dialógica, que busca nuevos derroteros en medio de la incertidumbre reinante en nuestros días. 

En este contexto, el incansable artífice de la palabra acaba de entregar otro libro a la palestra: Para todos y para ninguno y otros ensayos’ (Consejo de Publicaciones de la ULA, 2015). Acostumbrado ya a la dinámica intelectual de Don Alirio, no me sorprende el denso entramado de temas e intereses ahí expuestos. Si bien es un médico psiquiatra entregado a su profesión, sigo creyendo (y esto no se lo he dicho en las constantes pláticas a la que ambos nos entregamos con frecuencia frente a una gran taza de café tinto para él y marrón para mí), y hoy lo expreso: Pérez Lo Presti es un escritor e intelectual prestado a la medicina. En este libro el autor quema las naves y se lanza a una extensa aventura intelectual, en la que multiplicidad de intereses se entrelazan para configurar un extraordinario tapiz de emociones. El pensador erudito que es nuestro autor se enfrenta (por así decirlo) al narrador innato, al contador de cuentos, al ensayista de lo cotidiano, que desea contar y comunicar sus vivencias a como dé lugar, pero que en su tránsito va dejando desperdigados jirones de experiencias y de anécdotas, que impregnan su escritura de una grato sabor a reencuentro con la persona humana.

Como agudo pensador que es Pérez Lo Presti se explaya en páginas con una fuerte carga filosófica, para ahondar (sin ánimos de dictar cátedra) en aquellas preguntas fundamentales que nos llevan a la reflexión ontológica. Temas de la cotidianidad y de ocio se entrecruzan con páginas sobre grandes filósofos, o de corte educativo, o sobre autores literarios, para crear una rica atmósfera en la que la palabra se erige en arte, para hacer de esta obra objeto de admiración por este escritor venezolano, que apuesta sin rubor al libro como noción de civilidad frente a los desvaríos del presente.

Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 12 de noviembre de 2015

Enlace: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/libro-como-nocion-civilidad_14422







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jueves, 20 de octubre de 2016

‘Aire de Bob Dylan’ por Ricardo Gil Otaiza


Don Alirio Pérez Lo Presti, Don Mariano Nava Contreras y yo solemos reunirnos a tomar café en un conocido sitio de Mérida, y hablamos de libros, de autores, de política, de la universidad, y de la vida en general. Ya perdí la cuenta del tiempo que llevamos haciéndolo, pero para nosotros tal circunstancia es importante, porque nos reencuentra como colegas y amigos (también como escritores y articulistas); como seres que buscamos puntos de encuentro para ejercitar el antiguo arte de la dialógica. El jueves de la semana pasada quedamos en vernos a eso de las 11 de la mañana, pero Alirio llegó primero y me envió un mensaje de texto para preguntarme si podía acercarme más temprano al café para ganar media hora. Afortunadamente ya estaba muy cerca del centro comercial y apresuré el paso, y allí estaba el amigo sentado, con cara de estar filosofando (es doctor en filosofía), como macerando algo en su mente, a lo que tenía que darle salida pronto o estallaría en mil pedazos. Apenas me senté me preguntó sin anestesia: ¿qué opinas del nuevo Premio Nobel? Le respondí mecánicamente: “terrible, amigo, es una locura que se lo concedan al presidente Santos…”. Alirio me miró sorprendido y me interrumpió: “no, Ricardo, no me refiero al de Santos, te hablo del Premio Nobel de Literatura que acaban de anunciar”. Puse cara de confusión, ya que no había entrado en la web esa mañana y era ignorante de lo que acontecía. Alirio se rió y con tono irónico, me dijo: “se lo ganó el cantante norteamericano Bob Dylan”. “¿Qué?” Fue lo único que pude expresar en un primer momento; luego agregué: “no, Alirio, me estás vacilando, no te lo puedo creer”. De inmediato mi mente en estampida veloz regresó al día anterior, cuando la querida colega escritora Mercedes Franco me preguntó en un mensaje de texto que por quién iba para el Nobel. Mi respuesta fue inmediata: “me agarras fuera de base. No sé si el narrador de italiano Claudio Magris esté nominado en esta oportunidad, de ser así podría darnos una sorpresa”. Ella me dijo que iba por el autor japonés Haruki Murakami. Mi mente volaba en ese instante y me negaba a aceptar la realidad. Entonces Alirio me repitió la noticia, pero esta vez con cara de circunstancia, casi de gravedad: “lo ganó el cantante Bob Dylan”. Debo confesar que en medio del estupor tuve una ocurrencia: “si de compositores se trata se lo merecía entonces Juan Gabriel, cuyas letras (todas verdaderos poemas) enamoraron durante décadas a miles de parejas en América Latina, pero como está muerto ya nada se puede hacer”. Alirio asintió con el rostro más distendido y me dijo: “el Premio ha cambiado, Ricardo, la dinámica y el devenir de los tiempos ha traído esta sorpresa (seguramente pensaba en Heráclito)”. Cuando Mariano hizo su entrada al café lo recibimos con la noticia, y como buen maracucho lo tomó por el lado jocoso y nos reímos a más no poder.

A todas estas (cuando escribo la crónica) el señor Bob Dylan no se ha dado por enterado del fulano Premio Nobel (displicente el cantante). Ya la secretaría de la academia sueca desistió de llamarlo, aunque ratifica que es Dylan el dueño del galardón. No sé, pienso yo, de pronto el cantautor la da por renunciar al galardón (tal vez no esté cómodo con él) y tengan que hacer otra ronda, o lo declaren desierto. Tal vez haya llegado el momento de nominar a un criollo a tan codiciado reconocimiento, y como el Nobel está en la onda musical podamos nominar a nuestra Lila Morillo (diría Don Mariano), que ha hecho llorar a más de uno frente a la rocola. Mientras tanto, releo el libro que en el 2012 publicó Enrique Vila-Mata, a propósito de Bob: Aire de Dylan
Ni mandado a hacer, diría mi madre, porque el tipo se está dando su airecito.




@GilOtaiza


@MarianoNava


@perezlopresti


sábado, 15 de octubre de 2016

Sobre el Nobel de literatura 2016




Mi muy apreciado amigo Franklin. Soy de los que celebra cada día la existencia de grandes cantantes y compositores. De hecho, varios familiares son fans de Bob Dylan, cuya música he escuchado durante décadas y no creo que sea cuestionable el apreciar la calidad de la letra de sus canciones.  

Sin embargo y… “ahí está el detalle”, muchos creemos que decisiones  como esta merecen un análisis que siempre va más allá de los gustos personales. Las reacciones espasmódicas ante estos hechos hacen que se caiga en posiciones dicotómicas (“a favor” versus “en contra”) que empobrecen la comprensión de los fenómenos sociales. 

Creo que haces un gran favor a la causa de quienes metemos la nariz en todas partes, que a través de tu blog propicies este tema que obviamente requerirá de más de un debate o contraposición de ideas. Te enumeraré algunas cosas que creo deben ser tomadas en cuenta ante el hecho de haberle dado el premio Nobel de literatura a un cantautor: 

1.    Desde hace mucho más de una década se apuesta por la muerte del libro impreso. Prácticamente desde el inicio de la era digital, el libro fue condenado y se esperaba que para la fecha ya fuese una reliquia propia de los museos como podrían ser las máquinas de escribir Remington. Sin embargo, contra todo pronóstico, el libro impreso está vivito y coleando, y las editoriales venden más libros (independientemente del contenido) que en cualquier otro tiempo. Entre otras razones, porque la sensualidad del libro y su estructura tangible siguen produciendo una conexión con lo humano de lo cual no creo que nos podamos distanciar.

2.    La “Academia” que otorga los premios nobeles en realidad no tiene la categoría de lo que en el más puro sentido platónico entendemos como “Academia”. Se trata de un cuerpo de influyentes e influenciables personalidades que a través de sus decisiones, intenta la imposición de nuevas pautas de comportamiento social, las cuales van de la mano con el consumo propio del hombre masa. El nobel de literatura estaba en la mira desde hace rato porque al modificar de manera radical las características del ganador de un premio que ha logrado prestigio entre la gente común y corriente, se establecen nuevas pautas de consumo. Más de un desprevenido ya ha ido a las librerías a buscar los libros de Bob Dylan. Digo que estaba en la mira porque no es la primera vez que un cantautor es nominado.

3.    Es inobjetable que se estimule el buen gusto en las letras de las canciones, entre otras razones porque la música, en general, trasciende a nivel popular más allá que la palabra escrita. Por eso celebro que hayan cantantes como Juan Luis Guerra o Joan Manuel Serrat, a los cuales se les premia por su talento en una gruesa multiplicidad de eventos. Sin embargo hay que ser  muy cauteloso (acucioso) con lo que podemos denominar “el buen gusto”. Bien se pudo haber ganado el premio Nobel de literatura Simón Díaz o Agustín Lara.

4.    Al ganarse el premio Nobel de literatura un cantautor, se crea el precedente de que el próximo año se lo pueda ganar otro cantautor ¿por qué no?, quedando por fuera de esta  selección tanto grande escritor. El día que Jorge Luis Borges murió, el lamento fue multitudinario para quienes admiramos su obra y el grito de desolación fue el mismo: “Con la muerte de Borges, el Premio Nobel de literatura fue el gran perdedor”. Mientras Borges trasciende, tantos ganadores van cayendo en el más absoluto anonimato.

5.    Lo que asomas como “barrera absurda entre lo popular y lo culto” me parece muy oportuno en estos días recientes en los cuales muere el cantautor mexicano Juan Gabriel. Desde mi abuela hasta mi descendencia lo han venido escuchando y cantando, lo cual suma cuatro generaciones que adoran al “Divo de Juárez”, quien se presentó en los más disímiles escenarios, incluyendo el 'Palacio de Bellas Artes' de Ciudad de México, quizá el santuario americano del arte cultivado por lo más granado de las élites latinoamericanas.  ¿Se merecía tanto o más el Nobel de literatura Juan Gabriel que Bob Dylan?

6.    En realidad no está pasando nada tan disonante como creemos. Desde que el mundo es mundo, siempre ha existido la tentativa desde los centros de poder de establecer “un nuevo orden mundial”, que es la manera como se dice en estos días. Desde la idea del pecado original, hasta la utópica creación del “hombre nuevo” se preconiza y se actúa en función de crear nuevas formas de pensar (lo llaman “nuevos paradigmas” en los días que corren). Este premio es un nuevo intento por apostar a cambios en nuestras sociedades.

7.    Por último, admirado Franklin, en los setenta me vinculé con gran animosidad con la obra del canadiense Marshall McLuhan, quien señalaba que la sociedad estaba cambiando en el sentido de que se estaba cimentando un culto por la imagen, el cual nunca antes se había dado de esta manera. La aparición de la radio, el cine, pero marcadamente  la televisión, estaban modificando las costumbres de la humanidad y de ahí surge la idea de la “Aldea Global” que hoy en día llaman globalización” a raíz de la revolución digital. McLuhan hacía un juego de palabras en donde masaje y mensaje eran ubicados en el mismo plano. De alguna manera, se estaría premiando la antiquísima tradición de los juglares y paradójicamente (y no exagero) le estaríamos dando otra vez la bienvenida a una especie de nueva Edad Media preliteraria. Para McLuhan, a través del mensaje éramos sometidos a un masaje, o sea a la más ramplona manipulación, por lo que apelo a la atinada frase de Yoani Sánchez de la cual tú eres un difusor: “Cuidado no te manipulen tus palabras” y yo respondo: “¿Y no estarán manipulando ya tu silencio?”

En mi columna de prensa en el diario El Universal de Venezuela y en mi blog seguiré escribiendo sobre el tema.


Con mis mejores votos, un fuerte abrazo.



Alirio Pérez Lo Presti


@perezlopresti