domingo, 20 de noviembre de 2016

Bravo, Rangel y Hernández


Ha escrito Víctor Bravo una extraordinaria novela titulada Dos vidas’, sobre Rafael Rangel y José Gregorio Hernández, y es extraordinaria por varias razones.

Se trata de una novela, y como tal, le da libertad a su autor para atraparnos desde la primera página, en donde, por sus condiciones de avezado lector y escritor, Víctor Bravo logra crear una atmósfera de gran tensión emocional, que impide que uno deje de leer página tras página, quedando cautivo del texto, sin poder soltar el libro. Utiliza las más decantadas pericias del arte literario, en donde prevalece la sencillez estilística y las técnicas propias de esta disciplina. Hace uso de varias habilidades, como por ejemplo, el mostrar la vida de los dos personajes desde la reflexión de sus más cercanos allegados.

Usando un lenguaje armónico, entrama la novela y la ancla permanentemente en su contexto histórico, en donde ambas personalidades no pueden escapar a las vicisitudes de su época y las penurias que abruman a quienes coexistieron en el mismo tiempo y lugar, desarrollando una vida intensa y azarosa, dejando un legado para el porvenir, que ha servido de fuente valorativa para dar forma a los elementos más nobles de la venezolanidad. Gracias a hombres del talante de Rafael Rangel y José Gregorio Hernández, elevados representantes de la civilidad, se puede hacer contrapeso a la más grotesca barbarie que nos ha acompañado como pueblo.

Pero Víctor Bravo va mucho más allá de la descripción de un tiempo y un transitar histórico que acompaña a ambas personalidades y entra en la vida de ellos para convertir al texto en más que un libro ordinario y hace una obra acerca de las contrariedades que caracterizan el alma de nuestra nación y sus actuales derivaciones. La descripción del culto a los más extravagantes personalismos y la desmedida y trágica presencia recurrente del caudillismo van de la mano con la existencia de prohombres, casi como si uno como fuese necesidad de lo otro, haciendo énfasis en que sin la presencia de estos admirables ciudadanos no existiría una concepción de polis en nuestra accidentada nación.

Rafael Rangel y José Gregorio Hernández son dos personas con gran complejidad psicológica, que bordean peligrosamente el abismo de los desafueros de la mente, en la cual Víctor Bravo logra penetrar como un arriesgado explorador, adentrándose en su dimensión psíquica y la expone con claridad que da vértigo por lo atinada y estéticamente bien descrita. Esa aparente dicotomía con la cual se ha tratado tradicionalmente a ambos personajes, adquiere en la obra de Bravo otra lectura, y es la de la complementariedad de ambas figuras, porque se basa en la acertada premisa de que es casi imposible entender el uno sin estudiarlo a la par del otro, en donde el misticismo y universalidad de José Gregorio Hernández va de la mano con el pragmatismo y apego a lo terrenal de Rafael Rangel, ampliando con creces en conjunto, sus alcances de hombres universales.

Pero Bravo no es cualquier escritor. Es un erudito con gran sentido del humor, quien realiza transgresiones y disrupciones personales en el libro, haciendo que la tensión que caracteriza la novela sea distendida por la complicidad y el jolgorio de quien la lee; y como si no fuese suficiente, en este contexto de interrelaciones, es una obra profunda y particularmente conmovedora que estremece el espíritu del lector e inevitablemente se convierte en acompañante y cómplice de este hermoso libro.

Debió ser arduo el trabajo de investigación por el que tuvo que pasar Víctor Bravo para hacer esta novela, como debe ser gratificante el resultado obtenido, que a mi juicio es un recordatorio acerca del país que hemos sido, el país que somos y el país que podemos ser, en estos tiempos en donde de manera repetida aparece la incertidumbre y la desesperanza que se apodera de tantos.

Es una obra que sirve para recordarnos nuestro terrible origen y de cómo la civilización y la barbarie se enfrentan una y otra vez en el curso del tiempo, como un infinito péndulo en donde unos escenarios son incandescentes y en otros la gélida oscuridad nos arropa. En Rangel y Hernández, a fin de cuentas, reposa el eterno intento humano por enfrentarse y derrotar al mal.

Por último, además de sentirme complacido por la existencia de escritores cultos y de alcances universales como Bravo, estas líneas deben también recordarnos que el Profesor Víctor Bravo es un magnífico representante del espíritu académico venezolano por antonomasia, en particular de una de nuestras principales casas de estudio como lo es la Universidad de Los Andes y solo en una institución como la academia en la cual hace vida, se pueden producir y formar intelectuales de tal carácter. En tiempos de caos y anomia es necesario recordar que existen prohombres de gran juicio, que en una especie de contrabalanza hacen peso para que las más denotadas formas del bien logren frenar o vencer a la ignorancia y a la muerte. 


Publicado en el diario El Universal de Venezuela, el 05 de diciembre de 2016. 

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