domingo, 16 de julio de 2023

Kundera: Cuando el arte es total

 


Esta semana falleció el escritor Milan Kundera. He leído y releído sus libros y pienso que es uno de esos pocos escritores, de los cuales realmente existe solo un puñado, que han logrado, a través de una obra escrita, desarrollar un arte de carácter total en el más amable sentido del término. Milan Kundera logró que, en sus textos literarios, fluyan perspectivas que consiguen cohesionar con buen tino asuntos propios del ser y el mal aliento. En sus páginas bien puede aparecer aspectos propios de las profundidades de la existencia como lo lúdico y las banalidades de la vida. Es uno de los escritores más importantes del siglo XX y con su último libro, La fiesta de la insignificancia, desarrolla su propuesta sobre lo que vendrá a ser el siglo XXI que se ha materializado con exactitud. Viéndolo de esta manera, es un autor, de esos excepcionales, a quienes bien podemos categorizar como un hombre de varios tiempos.

Diversas décadas del siglo XX quedaron talladas en su obra, como también lo fue el increíble ejercicio de atreverse a exponer las contrariedades y simplezas de lo humano al punto de transformar en aforismos, máximas de la cultura occidental con las cuales lidiamos todos los días. Con Kundera me pasa que, al leerlo, lo encuentro cada vez más vigente, como la misma tesis demencial del eterno retorno, con la cual arranca su libro La insoportable levedad del ser. En su obra, nos vamos aproximando a cosas que parecen antiguas y se van dejando de lado, a la par que la realidad las vuelve a traer al presente, sin mucho pudor. Este escritor logró la inusual proeza de superarse a sí mismo en el sentido creativo, abriendo propuestas estéticas a la par de ir cerrando temas con los que parecía ir haciendo las paces. Mientras eso ocurría en sus libros, la realidad de la vida nos volvía a llevar al mismo planteamiento de sus textos iniciales. La tesis del eterno retorno a lo mismo pareciera burlarse de todos.

Vivía en Caracas cuando comencé a leer a Kundera y evocarlo es desenterrar la transformación personal de lo que le pasa a cualquier hombre en el curso de su vida y de cómo, hagamos lo que hagamos, el devenir nos lleva a ese sitio que no queremos transitar, pero forzosamente tenemos que aceptar. En Kundera, lo que atañe al hombre y la capacidad de enfrentar su destino, es expresado con la crudeza que se necesita para abordar el tema. En su obra hay acrobacias como esta: Como lo serio y lo ridículo van de la mano, bien podemos ir pensando en el tiempo y sus consecuencias, así como podemos hacerle una entrevista al pene y preguntarle por qué no hizo su trabajo como se esperaba. Esto lo alcanza de manera perfecta en La lentitud.

En esa Caracas de mediados de los años 90 del siglo pasado, donde estaba generándose toda una situación sociopolítica que habría de terminar en tragedia, descubrí a Kundera y lo hice mi compañero inseparable. En ese lapso, tuve la sensación de que al otro lado del mundo había personas que experimentaban vivencias tragicómicas tan similares a las nuestras, que las mismas estaban marcadas por su carácter universal. De ese tiempo me quedan los recuerdos, las experiencias y la extraña sensación de que en su obra estaba leyendo mi propio destino, como el de tantos. Hay ocasiones en las cuales puede pasarnos eso que decía Proust: “Cada lector, cuando lee, es el propio lector de sí mismo.” Existen obras que tienden a representar la realidad con pulcritud. En la de él, tanta importancia tiene lo lúdico como lo tiene el amor. Porque cuando Kundera deshoja la margarita de lo amatorio, hace que sintamos vergüenza propia y ajena, pero también sentimos que esa manera como aborda el amor quizá sea la más acertada que exista.

De una broma, bien puede surgir un enredo que conduce a otro, que nos lleva a una condena y nos hace descubrir los más inimaginables elementos que conforman el ser. De un encuentro aparentemente casual en una cafetería, pueden surgir otras circunstancias que, por ser repetidas, le quitamos el carácter de casual y terminamos por creer que son las señas definitorias del destino las que nos hablan. O tal vez no sean señas del destino, sino simples casualidades a las que tenemos que idealizar para que las cosas puedan trascender en el tiempo. De esas y más va la obra de este artista inigualable, que describió una época a través de sus contribuciones literarias, quedándonos el sabor en la boca de que eso que él señaló, seguirá ocurriendo una y más veces, hasta el infinito. Con la muerte de Kundera cae la cortina de la literatura que aborda desde una gran ambición, el carácter total de lo que hemos sido, somos y seguiremos siendo. Una vez más, al escribir sobre Milan Kundera, siento que el arte de la novela es el más ambicioso de todas las disciplinas artísticas. Una vez más: ¡Ha caído el telón!

 

 Publicado en varios medios de comunicación a partir del 16 de julio de 2023.


1 comentario:

  1. Kundera ha sido nuestro compañero y guía en la vida adulta, solo nos queda dejar que la simplicidad y genialidad de sus palabras sigan llevándonos de la mano en este recorrido finito.
    De lo ridículo a lo sublime en una oración, es y seguirá siendo NUESTRO MillanK.

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