lunes, 7 de octubre de 2019

La maleta perdida



Todavía mi esposa y yo no estamos seguros de cuántas maletas hicimos cuando nos mudamos a Santiago. Fuimos muy meticulosos al decidir qué nos llevábamos y qué dejábamos, así que recordamos que una de las cosas que embalamos particularmente con cuidado eran nuestros álbumes fotográficos de toda nuestra vida familiar, la de antes de conocernos y la que hemos construido juntos.

Estaban mis fotos con mis abuelos, padres, hermanos, sobrinos, tíos, primos, amistades… cada una representando momentos relevantes de nuestras vidas de gente que hace lo posible por ser común y corriente. Los bautizos, las bodas, los aniversarios, las celebraciones de cumpleaños, las de los viajes, las de la playa, en fin , la recopilación en imágenes del ciclo temporal que un grupo de personas afines, ya sea por amistad o consanguinidad, tuvieron a bien compartir una repetida y subsecuente cantidad de instantes.

Los álbumes de fotos familiares son la representación tangible de la existencia del tiempo y sus consecuencias. Cuando los vemos nos llenamos de alegría, de nostalgia, de curiosidades y hasta nos invade el divertimento. Cada foto es la posibilidad de detener al tiempo y llevarlo a una materialización imposible de duplicar, que es la de nunca jamás poder repetir el momento captado. Con el auge de las redes sociales, parece que ya no es necesario cargar con una maleta de fotos importantes, mas el registro fotográfico que precede al auge de las nuevas tecnologías ha sido capaz de detener en imágenes momentos que lo cambian todo, tanto para la vida de una persona, como para la historia total de la civilización. En una imagen cabe un universo, y no es una metáfora.

Nos hemos sentado seriamente con la gente de la aerolínea y hay indicios de que por una alteración aparentemente poco probable de seriales, se presume que pueden haber pasado tres cosas: 1. La maleta que llevaba nuestras fotos está en el fondo del pacífico, como consecuencia de una eventualidad aérea que está registrada en los medios y coincide con el tiempo de nuestro viaje 2. Entre Uzbekistán y Tailandia debe haber llegado una maleta con un serial similar al de la nuestra y tal vez, presume la línea aérea, no llegó a un destinatario particular sino a una de esas compañías de Asia que tardan hasta años en revisar las menudencias que les llegan por tener poco personal para esos menesteres.  3. Simple y llanamente las tiene una persona o una familia en particular se quedó con los álbumes y a través de este artículo espero que reflexione y nos devuelva lo que no le (s) pertenece.

Como consecuencia de no tener ningún registro memorístico fotográfico de nuestro pasado, literalmente estamos tratando de generar una construcción iconográfica desde cero, en donde estamos planeando volvernos a bautizar, hacer la primera comunión, volvernos a casar y celebrar cuanto instante haya lugar, en una suerte de antológica segunda oportunidad de burlarnos un tanto del tiempo y con más de medio siglo de vida encima, hacer una representación en donde el pasado y el presente estarán graciosamente entremezclados y si había dudas de la existencia de una corriente de pensamiento llamada postmodernismo, con esta serie de imágenes reivindicaremos el concepto y haremos otra nueva contribución al pensamiento filosófico occidental.

Como en esas películas que tienen hasta una docena de episodios, en donde el protagonista intenta buscar una verdad inasible, estamos tratando de reconstruir una serie de imágenes que han de restituir la vida pasada que hemos tenido, que en realidad es un desafío ambicioso y hasta maravilloso. Estamos tratando de volver a vivir las cosas buenas que hemos vivido, como si mágicamente pudiésemos tener la oportunidad de volver a vivir otra vez la vida que uno siempre quiso haber vivido y en ese descubrir de lo mejor y lo peor, existe la posibilidad de erradicar instantes indeseables, torpes metidas de pata y lastres que ya el tiempo no me permite ver con nitidez.

Viéndolo con la lupa del que trata de buscarle lo bueno a lo malo, tenemos la posibilidad de hacer una especie de fumigación de las plagas iconográficas que no queremos, de aquellas que no llegaron a buen destino y de las que se hicieron innecesario olvidar, porque nada comprueba que alguna vez ocurrieron. De ese tamaño es lo que ocurre cuando se trastoca el eslabón de historia de vida cotidiana de un ser humano, que en realidad es nada pero a la vez lo es todo, porque el centro absoluto de cualquier individuo es él mismo.

El arraigo va de la mano con simbolismos, costumbres, sistemas de creencias y formas de vinculación que son la esencia de la noción de identidad que nos reafirma con nuestras particularidades, evitando el desarraigo y la sensación, muchas veces devastadora de soledad. El poder tejer pequeños espacios que nos recuerdan el lugar de donde somos y la historia de vida que tenemos es parte de una apuesta cercana a un acto de fe que caracteriza lo humano. 




Publicado en el diario El Universal, de Venezuela, el 06 de agosto de 2019. 

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