martes, 24 de octubre de 2017

El día de la raza humana


El calor de las luchas políticas de estos días hizo que pasara muy por debajo de la mesa un tema de carácter recurrente en el pensamiento venezolano, que en la actualidad ha terminado por plantearse de manera interrogativa: ¿por fin qué es lo que se conmemora el día 12 de octubre?

La fecha ha pasado a ser tema de infinitud de debates, siendo incalculable la tinta vertida alrededor del mismo asunto, lo cual ha hecho que se asuman dos posiciones de manera antagónicas que tienden a la polarización y a distanciarse cada vez más. Por un lado están los que de manera radical manifiestan que la conquista es un genocidio realizado por los españoles contra los indígenas que generó los más condenables actos de barbarie en contra de los denominados pueblos “originarios”. A esta condena se debe dar una especie de juicio moral de reproche institucional, y la fecha, lejos de ser vista como una celebración, es un duelo que debe generar una especie de auto-castigo infinito.

Por otra parte, y en el otro extremo, asoman sus ideas quienes argumentan que, a partir de la llegada de Cristóbal Colón a América, ocurre un acto de carácter civilizatorio en el cual los españoles nos dejan como mejora el idioma, la religión y muchos otros importantes legados culturales, sin los cuales no existiría Latinoamérica como un centro de pobladores civilizados. Se asume la posición de que se debe celebrar el día y se agradece le gesta conquistadora como un acto de lucha contra la barbarie.

Mantengo la idea de que ambas posturas tienen planteamientos inadecuados. Si bien es cierto que toda gesta conquistadora lleva en su sino la crueldad de la violencia, no menos cierto es que somos consecuencia directa de ese proceso de carácter cultural en el cual mis antepasados indígenas, mis antepasados negros y mis antepasados blancos confluyeron al punto de crear una tipología de ser humano de la cual formo parte. En sangre, sudor, lágrimas y semen revueltos es lo que en definitiva se viene a convertir ese extraordinario acontecimiento representado por la creación de una forma de ser y entender la vida que es el pertenecer a América Latina.

De ese origen en el cual confluyeron las más increíbles diferencias genéticas y culturales venimos y ese origen precisamente es el que nos marca como pueblo. Nuestra cosmovisión parte de esa raíz y lo bueno y lo malo que tenemos como ciudadanos nace de esta primigenia manera de construir lo que somos: la consecuencia del más insólito mestizaje en el cual absorbimos de tres grandes troncos culturales nuestras asombrosas características.

En Venezuela, la situación genera más desconcierto por razones que siempre son necesarias recordar: en otros países de Latinoamérica el mestizaje no fue tan pronunciado como en nuestra nación, lo cual hace que las tipologías entre grupos étnicos sean más marcadas. El caso venezolano debe ser una inédita expresión de mezcla de razas sin parangón en la historia de la humanidad. Todo esto hace que el desarrollo de una conciencia acerca de nuestra historia tenga un carácter emocional que en ocasiones tiende a la histeria y exaltación de las pasiones. Nuestra historiografía cuenta con esa marca febril que impide ver el pasado con cierta objetividad.

Por mi parte creo que el 12 de octubre es un día de fiesta en donde se celebra nuestro origen. Esa raíz debe ser motivo de jactancia, siendo pobre el favor que hacen los que crean la maliciosa postura de plantearse el asunto del pasado como una desgracia. Que el mismo tenga la marca de Caín no lo hace diferente a cualquier otra celebración, como las fiestas independentistas, manchadas todas de sangre. El tener una visión objetiva sobre los inéditos alcances que tiene esta fecha minimiza las posiciones divergentes y tiende más hacia una unidad nacional y continental que, en nuestro caso, apenas estamos tratando de construir en el siglo XXI.

Las poblaciones indígenas deben ser respetadas en todo el continente y la protección de la cultura de estas es un deber del Estado, el cual se halla contemplado en nuestra atropellada legislación. Un ideario sobre la venezolanidad o el ser Latinoamericano sigue siendo tema de rigor en donde se establecerán las posturas más irreconciliables. Lo cierto es que nuestro destino marcha hacia los mismos derroteros y asumir una posición de calamidad en donde la lástima sea la bandera enarbolada, no puede sino sembrar desconcierto y confusión.

Ver el pasado como una maldición es propio de una sociedad inmadura, claramente malcriada y con visos de torcida irracionalidad. Las fechas oficialmente señaladas como días de asueto son temas para pensar sobre lo que hemos logrado como naciones y lo que nos falta por alcanzar, en esa suerte de grupo de gente variopinta con los más disímiles temples y las más emotivas maneras de asumir nuestra historia, que en realidad es siempre un lugar de unión, en donde el peso de las confrontaciones francamente está de sobra.   

  

Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 17 de octubre de 2017.

 

Ilustración: @Rayilustra


2 comentarios:

  1. Excelente y sucinto análisis, en estos tiempos tan difíciles, la memoria colonial a vuelto a cobrar relevancia con diversas posturas y poco análisis.
    Gracias Alirio

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  2. Si no nos reconciliamos con nuestro pasado y seguimos sintiendo el ser violados en nuestro origen cada día; pues mal podemos crecer y vernos cara a cara con los que llegaron a nuestro espacio no a descubrirnos sino a escudriñar otros rostros y colores llenos de belleza y costumbres. Pero todo ello con el precio de colonizar e invadir cambiando el rumbo.Pero esa es la manera como se dan los eventos existenciales y mejor entenderlo como tal que reñir.Total aquí estamos *variopintos* .Gracias por este recorrido que se entiende mejor cuando se va un 12 de octubre a las Montañas de Sorte en Yaracuy.

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