martes, 13 de octubre de 2020

El ataque de los castrantes


¿Qué es pensar? En realidad, el ser humano no tiene capacidad para razonar. Puede construir una serie de argumentaciones basadas en sus experiencias, aprendizajes, distorsiones asentadas en lo que le circunda, alteraciones en relación con lo que percibe e interpreta, pero por encima de todo de sus prejuicios.

Entiéndase por prejuicio, juicio previamente elaborado con relación a un asunto en particular o lo que señala el diccionario: Opinión preconcebida, generalmente negativa hacia algo o alguien. En lo particular prefiero entender como prejuicio lo derivado de su construcción etimológica, concepto que asomé de primero.

Basado en los argumentos de los dos párrafos anteriores, debo cambiar la pregunta: ¿Existe lo racional en lo humano? Sostengo que con gran esfuerzo, somos seres argumentativos, lo cual nos lleva a un asunto todavía más peliagudo y es plantearnos si el ser humano tiene en su ser ontológico la posibilidad del libre albedrío, o sus respuestas obedecen a más de un determinismo: Lo que aprendimos, lo que interpretamos, lo que percibimos y distorsionamos, la presencia del deseo como pulsión, la naturaleza animal que nos condiciona y el inconsciente con sus claridades y tinieblas que se mueve en dura tempestad.

Atacan los rígidos

Nunca he sacado el cuerpo a un debate en términos civilizados. Eso me ha llevado a asumir posturas que en ocasiones incomodan porque ponen falsamente en peligro a quienes sostienen premisas rígidas frente a la existencia. Lo que sí he experimentado, dado que tiendo a expresar mis ideas, es el cuestionamiento natural de las mismas, lo cual es útil por cuanto lo induce a uno a volverlas a replantearlas y repensarlas. Cuando lo expresado es sometido al cuestionamiento de los que no piensan como uno, surge como potencial deriva el desafío de sopesar lo que uno plantea, lo cual es de enorme riqueza intelectual.

¿Por qué se tiende a asumir que el otro está vulnerándonos cuando expresa su parecer? Posiblemente por dos razones. 1. Porque puede salir airoso y tener un efecto persuasivo sobre otros, lo cual haría que unas ideas potencialmente tuviesen más credibilidad que otras. 2. Por un simple y clásico mecanismo de proyección. A lo que más tememos es a esos elementos que tenemos soterrados en nuestro interior y al verlos manifestados en el otro, literalmente se agitan los más enredados fantasmas. Puede ser una deriva de la primera premisa, relacionada con el terror al cambio.

Armonizando diferencias

Una cosa es asumir una posición de liderazgo en torno a las cosas que tenemos por ciertas y queremos compartir y otra es castrar, aplastar o tratar de hacer desaparecer al otro por lo que piensa. Uno de los ejercicios más delicados de lo humano es el difícil manejo de vivir de manera democrática. No comprenderlo es atentar contra la libertad de criterio y por esa razón lo democrático siempre está en peligro de muerte. He tratado de cultivar la epistemología como parte de mi quehacer ante lo cotidiano. La rimbombante palabra “epistemología” asusta a muchos y la define en buenos términos el peligroso diccionario: Parte de la filosofía que estudia los principios, extensión y métodos del conocimiento humano. A todas luces un territorio fascinante para quienes andamos dándole vueltas a las cosas que nos pasan por delante.

Si creamos un espacio para hablar de ciencia y el ámbito es de psiquiatras, se va a ver forzado a poner un encabezado como: “Sitio que reúne psiquiatras para intercambiar información relacionada con nuestra especialidad”, asunto que a su vez lleva a dos elementos claves: 1. No es posible delimitar lo científico en el contexto de la psiquiatría (asunto de gran interés epistemológico). 2. Gana la necesidad de abrirse ante la infinitud de lo humano y definir la psicología como: Disciplina que utiliza elementos de carácter científico para estudiar la mente, las cogniciones y la conducta del ser humano, todo ello ubicado en un escenario de interacciones que hacen del hombre un animal gregario y, por tanto, inmerso en una estructura social, noción que planteo en el libro de mi autoría Psicología y contemporaneidad, editado por el Consejo de Publicaciones de la Universidad de Los Andes, cuya primera de varias ediciones es de 2012 y omite la palabra “ciencia” del concepto, asunto absolutamente extrapolable a la disciplina que llamamos psiquiatría, que usa elementos de carácter científico en su quehacer, sin ser una ciencia.

Continuación de un ensayo

Básicamente nuestra postura epistémica es que desde la psiquiatría se debe abordar lo humano por encima de la chaqueta de fuerza que denota la palabra “ciencia”, porque ser psiquiatra es cultivar una disciplina de mayores ambiciones y alcances en donde la primera clase que debe recibir un residente o becario es leer e interpretar la dimensión de la Carta al padre de Franz Kafka o la psicopatología desde las imperecederas páginas de Fiódor Dostoyevski en Crimen y castigo.



Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 13 de octubre de 2020.  

lunes, 5 de octubre de 2020

El ataque de los biologicistas

 

Un día antes de presentar el concurso de oposición para ser profesor de la Universidad, mi esposa llegó con un montón de trabajos de Urie Bronfrenbrenner. Entró a la casa de manera presta y dijo sin vacilación: -“Debes hacer un último esfuerzo y aprenderte todo este material”. Con una hija recién nacida, había quedado desempleado por haberme negado a inscribirme en un partido político. Ganaba mi orgullo.

Desde el día que apareció en la prensa la notificación del concurso, mantuve una rutina constante y regia. Me levantaba con el amanecer, a las seis, desayunaba y estudiaba desde las ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. Eran doce horas de estudio continuo, en las que no reposaba. A las ocho cenaba ligero y me acostaba a las diez de la noche. Durante ese tiempo no salí ni una vez de la casa y el esfuerzo intelectual que hice lo consideraría como una gran hazaña si no fuese porque mientras yo estudiaba, mi mujer tenía el brío inmenso de seleccionar cuáles textos debía leer para el concurso. Agarró una conjuntivitis que casi pierde la vista de tanto escarbar en estantes de bibliotecas que tenían el desorden de los naufragios y de las causas perdidas.

El concurso y los sistemas

Habíamos quedado en que el día antes no iba a estudiar, pero de los contenidos de dos programas, el tema de la teoría ecológica de Urie Bronfrenbrenner era el único que me faltaba. Resulta que, para cubrir dos cátedras, el concurso salió con doble contenido programático, de manera que estaba estudiando para dos materias. Con la disciplina que llevaba no era posible que quedase un solo tema por estudiar, así que me tatué en el cerebro cada palabra del psicólogo ruso. Esta teoría trata sobre los sistemas, asunto que tiene una deriva muy interesante, dado que la idea de que existe una unidad en la totalidad es un concepto que antecede en más de quinientos años al nacimiento de Jesucristo. La idea de que “todo tiene que ver con todo” ha sido manoseada por la filosofía y por la física y obviamente tiene prestigiosos representantes en la psicoterapia, la psicología y la psiquiatría.

Pues resulta que en justa y buena lid veinte profesionales nos inscribimos en el concurso de psicología, de los cuales yo era el único psiquiatra. Por sorteo, se sacaba un papelito de la totalidad del temario y se comenzaba por dar un examen oral con público abultado. En tono de chanza, una de las concursantes preguntó quién se sacrificaba para presentar de primero y ni corto ni perezoso saqué el papelito para enfrentar al jurado. El tema no podía ser más sorprendente:

-“Desarrolle el contenido de la teoría de los sistemas elaborada por Urie Bronfrenbrenner”.

Enemigos de los sistemas

Desde temprana edad he estado vinculado con la docencia y la libertad de cátedra. Esto me ha permitido (por ser docente en una Universidad Autónoma), establecer una larga y continua carrera como investigador y publicar el resultado de las cosas sobre las cuales he reflexionado. Desde la Academia he podido publicar una docena de libros, tres de los cuales son textos de psicología, editados por el Consejo de Publicaciones de la Universidad de Los Andes: 1. Psicología. Lecturas para educadores. 2. Psicología y contemporaneidad y 3. Los cambios psicológicos.

Mis estudiantes han leído el contenido de esas tres obras y desde la enseñanza siempre he predicado una posición sobre la conceptuación del quehacer de quienes nos dedicamos a los asuntos atinentes a los desórdenes mentales. En mis libros he enfatizado una y repetidas veces que la aproximación al conocimiento es de carácter global y el entendimiento es una suerte de rompecabezas que vamos armando en el curso de nuestra existencia, tratando de entender aquello que nos apasiona conocer. La fragmentación y el ponerle límites al pensar es una tara, una puñalada al corazón de quienes nos hemos dedicado buena parte de la vida a conocer las cosas tratando de ver el todo. Una hazaña que mientras más imposible se nos hace, más atractiva se vuelve.

Comienzo de un ensayo

Que doscientos psiquiatras formemos parte de un chat en pandemia, en el cual se intercambia información sobre nuestra vocación es sin dudas un desafío atractivo, porque puede dar pie al intercambio y puntos de vista que necesariamente han de ser disímiles y enriquecedores. Por una parte, requiere ser congruente con los planteamientos, pero por encima de todo, ser receptivo y entender que no hay una manera de conceptualizar nuestro oficio, sino que existen múltiples formas. Los factores determinantes de la salud y la enfermedad mental son variables sobre las cuales no tendremos control y la inasible salud mental puede ser entendida como parte de un sistema de interacciones que va mucho más allá del sujeto y bordea los límites del arte, porque al darse una necesidad de transdisciplinariedad como la que se requiere para ser psiquiatra, el esfuerzo por acercarse al conocimiento se hace un desafío mucho mayor.

 

 

Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 06 de octubre de 2020.  

sábado, 3 de octubre de 2020

Relatos de locura corriente

La vida de cualquier ser humano, de cualquiera, tiene escaleras que bajan y suben, pasadizos a lugares secretos, sitios de emociones encontradas, perfectos caminos de inmaculada felicidad y atesoramiento de vivencias miserables y perturbadoras. Un todo en uno, como esas ventas de comida en donde no se puede separar una parte de lo que ofrece el menú, porque sencillamente “no se permite”.

Incluso en aquellos que creemos pusilánimes y apocados, se hallan elementos de vida, que si nos descuidamos o revisamos son infinitos recintos de lava volcánica, capaces de impresionar al más templado, si se inicia el movimiento inicial de rigor, capaz de hacer que alguien aparentemente inerte se vuelva trascendente. En la novela El profesor de inglés, de Jorge Masciangioli, el joven estudiante destaca por su mediocridad. Agudísima obra sobre los alcances de lo que percibimos de los demás y del efecto de nuestra presencia en el mundo aparentemente anodino de otros. Nuestras intervinculaciones potencialmente pueden generar un efecto tan importante en otros, que potencialmente se termina por producir influencias impredecibles.

El genio de un hombre

La vida de cualquiera es un relato de locura corriente, de carácter interminable y absolutamente persistente, que se encuentra caminando de la mano con aquello que llamamos “la imagen”, que no es otra cosa que la mezcla que se produce entre lo que somos, en cómo queremos que los otros nos vean y en cómo nos ven los demás, porque en esta cosa que es la representación de lo que se percibe de nosotros, todos los elementos van sumando. La imagen es eso, pero también es eso y más y ser capaz de conceptuarlo es un desafío de rigor para todo el que tenga aspiraciones a tratar de comprender un poquito la esencia de lo humano.

En esa aspiración de hacerse entendedor de lo que significa lo más elevado de lo humano estará siempre presente el arte, entendiendo como arte: Aquella actividad o cosa, tendiente a ser inútil pero que puede generar goce o propensión a ser contemplada, experimentada o practicada con conciencia de que es algo que está por encima de lo convencional, superior.

Ternurita

Hace un montón de años, una amiga cercana me decía que le parecía el hombre más tierno del mundo, que si ternurita esto, ternurita lo otro… Me llamaba “ternurita”. De mi parte no podía parar de reír, porque a veces he sentido que carezco de ciertas áreas emocionales que en ocasiones me han hecho díscolo y difícil de sobrellevar, mientras ella insistía que la ternura era mi fuerte a la par que me sentía de las cavernas, incapaz de tener las herramientas para armonizar diferencias, como una especie de plomero de las peores trancas, capaz de hacerle frente a cualquier cosa que haya que destapar.

Al mismo tiempo, mientras una amiga elogiaba mi ternura, otra estaba sinceramente convencida de que era la representación no cinematográfica de RoboCop, versión andina de Mérida, Venezuela. La verdad es que las dos dieron en el clavo y una parte de uno es susceptible de compenetrarse con lo más sensible de la existencia, mientras otra suda por sobreponerse a las adversidades. No hay manera de que lo emocional esté ausente, así como en la vida ciertas decisiones poco amables aplican. La sensibilidad es el genio de un hombre y sensibilidad no es sinónimo de debilidad.

La vida es calle

Lo que sí creo es que para medio poder lidiar con los demás y tener un mínimo de capacidad de entendimiento de lo que es el ser humano y sus circunstancias, hay que haber pisado la calle, saber cómo, cuándo y a quién pintarle la cancha y saber con quién se puede ser bondadoso a rabiar. En el más puro mordaz y procaz lenguaje, la vida requiere que el olfato entre en contacto con aquellos lugares “impronunciables” porque eso eleva al individuo, porque solo si se conoce lo más básico y tendiente a lo elemental, incluso si es vulgar (o mejor si es vulgar), el ser humano literalmente se puede elevar al punto de que logramos caminar unas cuantas pulgadas del suelo.

Para poder llegar a ser universal se debe ser impolutamente regional. Tal implica cual. Si no somos capaces de sortear lo micro, por favor no nos hagamos ilusiones de bordear lo macro. Desde los más elementales vínculos hasta la disciplina que implica tratar de entender aquello que somos, requiere calle y derrotas propias de la calle.

Teoría y práctica hasta la sepultura

Es muy improbable crear una resonancia trascendente si aquello que preconizamos no lo hemos experimentado. ¿A quién se le ocurre explicar lo que se siente cuando se besa si nunca ha besado? ¿Quién puede hablarnos del amor si su cobardía no le permite tener capacidad de entrega? ¿Acaso nos puede hablar de la muerte el que no ha sentido su respiración en la nuca? ¿Cómo saber en dónde queda el mundo si no se ha viajado? ¿Cómo explicar el desafío de lo que implica atreverse a vivir si no se está consciente de que cada segundo de vida es un escandaloso acto de fe?

 

Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 27 de agosto de 2019.

martes, 29 de septiembre de 2020

Virus y ontología

Como necesidad recurrente, es propio de lo humano tratar de dar sentido a las cosas. Incluso hay una escuela de psicoterapia llamada logoterapia, de carácter existencialista, en la cual se intenta explicar el sentido de la vida desde el padecimiento del sufrimiento, particularmente su potencial utilidad. Entendiendo el sufrimiento como algo que debe tener algún sentido, más cuando condiciona la manera en que a muchos les ha tocado enfrentar o conducir predominantemente sus vidas. La vida sin sufrimiento no existe y de ahí que la ontología y el sufrimiento son una dupla inseparable que siempre va a dar qué pensar y tiene en Víctor Frankl a uno de sus más importantes exponentes. En ese orden de ideas, ha surgido infinitud de futurólogos que, como maestras de escuela, ya adelantan lo que pudiésemos considerar “el legado del virus”.

El legado de Coronavirus  

Como consecuencia de la recesión económica que va de la mano con la pandemia, se perfila un tiempo en el cual el grito de “sálvese quien pueda” ya comienza a retumbar. La supervivencia se hace prioritaria, independientemente de los recursos o métodos que se usen para lograrla. Es difícil establecer una ética de la recesión económica, sobre todo porque habría que tratar de hacer una ética del hambre y en el siglo XXI, no era esperable que apareciera una pandemia como hace un siglo apareció la gripe española. A mi juicio, dada la necesidad de sobrevivir, el aprendizaje será potencialmente predecible, en donde la ruindad, la mezquindad y la poca capacidad de empatizar podrían salirse con la suya.

Es básico tratar de sobrevivir cuando las circunstancias son apremiantes y desbordan las posibilidades de sortearlas. El miedo, la lucha y la huida siguen siendo las tres respuestas ante lo adverso, en este caso microscópico. Las tres potencialmente están ligadas con el lado abominable de lo humano.

La paradoja del regreso al pasado

Hoy, en la prensa, el titular era que ya habíamos superado el millón de muertos por coronavirus a nivel mundial. Cifra poco alentadora en un siglo que se jacta de sus avances tecnológicos, los cuales a todas luces son más atinentes a exaltar un alarde de vaciedades y temas volátiles en donde occidente hace pompas de una baja capacidad de aspirar cosas mejores para lo humano. Pareciera que va ganando la lidia ciertas exaltaciones perversas, además de hacer ostentación pública de cosas íntimas que no deberían interesar a gente ocupada.

Se regresa escandalosamente al pasado en el sentido de depositar la esperanza de la lucha contra el coronavirus en el desarrollo de una vacuna que no llega, lo cual es literalmente volver al siglo XVIII y retomar el camino de Edward Jenner, “el padre de la inmunología” y el descubrimiento de la vacuna contra la viruela y los posteriores avances en relación con la vacunación que hace Louis Pasteur en el siglo XIX. Nada contemporáneo. Se regresa literalmente a los albores de cosas demasiado básicas sin tener resultados contundentes y mucho menos expeditos.

Lo otro llamativo de todo esto que ocurre con relación a la pandemia es el fracaso de la implementación de políticas de prevención desde el inicio de la propagación del virus (uso de tapabocas, lavado de manos y distanciamiento físico). En este punto es notable que sigamos viendo a los que lideran el mundo haciendo apología a controvertir el sentido común.  

Además de lo anterior, se apuesta al nosocomio como recurso salvador. Triunfa nuevamente lo más depurado de la medicina occidental y las naciones se ven volcadas a invertir cuantiosas sumas de dinero en unidades de cuidados intensivos y ventiladores mecánicos. Gana la medicina occidental con su modelo hospitalario y desarrollo de vacunas, mientras se distorsiona la prevención temprana como elemento que perfectamente pudo limitar el daño.

No puede sonar sino como falta de sesos que en importantes centros de salud del mundo se le pidió al personal que no utilizase implementos de protección personal, porque podía crear caos entre los ciudadanos. El nivel de esta irresponsabilidad no tiene límites.

La esperanza vence

La esperanza es un mecanismo de defensa que tiene ciertas complejidades. Es una mezcla de otros mecanismos de defensa que van desde la negación hasta la sublimación. Necesariamente el ser humano se tiene que aferrar a ella o de lo contrario la vida no tendría sentido. De ahí que hay una esperanza que atañe al día a día y facilita las relaciones con lo circundante, permitiendo que el ser humano sueñe con un mejor porvenir. Además, la esperanza se vende como paquete de doble cupón y a los que nos les va bien por los lados de acá tienen al más allá para reconfortarse. Si en esta vida no se les dio las cosas como potencialmente aspiraron, les queda la idea esperanzadora de la trascendencia. Si no es en este mundo, será en el que sigue, dirá el hombre de fe. La esperanza vence porque sin ella quedaríamos enceguecidos por tantas cosas que nos rodean.

 

 

Publicado en el diario El Universal de Venezuela el martes 29 de septiembre de 2020.   

 

martes, 22 de septiembre de 2020

Ontología del virus



Deseosos de hallar alguna explicación medianamente convincente sobre las cosas que nos ocurren, no faltará quien intente dar forma al sentido de una pandemia. Desde quienes consideran que se trata de un castigo divino hasta los que creen que es una forma de regulación de la población propia de la naturaleza. Los “consparanoicos” estarán bailando en una pata por décadas, pues se ratifican sus creencias de que la élite actuó de nuevo, cuando no los extraterrestres. Lo cierto es que ya hemos pasado por pandemias antes y las conductas para enfrentarlas han sido diferentes. El balance ha enseñado que unas han sido combatidas de maneras más erráticas que otras en una sucesión de torpezas difíciles de creer.

VIH-SIDA

La década del ochenta del siglo pasado se vio profundamente modificada con relación a las costumbres sexuales cuando aparece la pandemia del VIH/SIDA. Entre cristianos y musulmanes se expande la idea de que se trataba de un castigo de Dios a los homosexuales y se le llamó inicialmente cáncer gay. En ese tiempo, no era común el uso del preservativo entre homosexuales por considerarse predominantemente que este era solo un método anticonceptivo. Dado que la difusión del VIH/SIDA en África fue preferentemente heterosexual, y con evidencias de que en parejas de heterosexuales occidentales había transmisión del virus, los organismos encargados de prevenir enfermedades a nivel mundial no tardaron en preconizar una fortísima campaña en la cual el condón habría de venir en el mismo combo de elementos amatorios, como la caja de bombones y el ramo de flores.

Dada la magnitud del problema, los medios de comunicación de manera unívoca y recurrente hicieron que el condón formase parte de lo sexual, cuando no del enamoramiento y de las instancias más románticas de las personas. Por más pataletas que se hizo desde el catolicismo, la necesidad de usar el preservativo terminó por imponerse. Balance de la pandemia: Mucho más de cuarenta millones de muertos.

Sexo animal y gastronomía que mata

Después de mucho darle vueltas, la teoría más reconocida sostiene que el VIH proviene de un virus llamado “virus de inmunodeficiencia en simios”, el cual causa síntomas similares al SIDA en los primates. El virus debe haber entrado por primera vez en los seres humanos en los años 20 del siglo XX, en el centro de África. Las relaciones sexuales entre humanos y animales no solo están ampliamente difundidas, sino que, en algunos pueblos, las primeras formas de iniciación sexual son precisamente con animales. Sin poder ser categorizada como una parafilia ni una aberración, muchos jóvenes tienen un largo anecdotario (cuando no prontuario) en lo que respecta a sus prácticas sexuales que incluyen desde grandes aves hasta grandes y no tan grandes mamíferos.

En las comunidades llamadas originarias, no es infrecuente comerse un plato de mono, una culebra o un loro. La naturaleza provee y se debe sobrevivir a través de la caza y la pesca, la cual no siempre es dadivosa. En sociedades con grandes poblaciones, alimentar a tanta gente no deja de ser un gran problema y las recetas de animales no propios de la gastronomía occidental son afines a esas culturas. El festival de Yulin, Guangxi, llamado también festival del lichi y la carne de perro, se celebra en el solsticio de verano en China. A lo largo de diez días de festividades los perros desfilan en jaulas de madera y de metal y los participantes del festival los sacrifican y cocinan para su consumo. Se ha llegado a comer hasta 10 000 perros en cada evento.

En realidad, el negocio de consumo de animales de todo tipo, incluyendo los silvestres, forma parte de los hábitos de buena porción de la población mundial, además de ser un elemento cultural que los distingue. Los riesgos a los cuales conlleva, por no tratarse de animales de granja, criados con normas de sanidad para ser llevados a la mesa, probablemente tienen su más trágico resultado con la aparición del COVID-19. 

La gran burrada

Contrario a la pandemia del VIH/SIDA, en la cual se preconizó el uso del preservativo, con la tragedia del coronavirus las cosas no fueron tan expeditas. La enfermedad comienza en China y la Organización Mundial de la Salud se encarga de anunciar tarde que se trata de una pandemia. Contrario a lo esperable, no establece las pautas para enfrentar la misma y de manera disparatada, deja a discrecionalidad de gobernantes de los países la responsabilidad de combatirla.

Desde el primer día, se debió indicar de manera masiva e irrestricta el uso de tapaboca, el distanciamiento físico (doble torpeza haber indicado que había que “distanciarse socialmente”) y la higienización de las manos y de espacios físicos. Un recetario elemental de tres medidas universales que no se señalaron en su momento, pudiendo minimizar el número de muertos que lleva a cuestas la nueva pandemia. A la par de este yerro, líderes atolondrados hacían alardes de manejarse con irresponsabilidad.



Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 22 de septiembre de 2020. 

 

domingo, 13 de septiembre de 2020

'NADA' es un texto del libro de mi autoría: ‘La creación del rosado’.

El hombre atrapado en el sinsentido


A mis queridos estudiantes de la Universidad de Los Andes

En 2017 me llamó mucho la atención un asunto al cual comencé a darle vueltas. Muchos de mis estudiantes de la Facultad de Humanidades y Educación estaban leyendo simultáneamente a Víctor Frankl y sus trabajos sobre logoterapia. El país iba directo a un nivel de colapso cada vez mayor y mis alumnos sentían que había que darle sentido al sufrimiento que estaban experimentando. Se sujetaban al legado de quien había creado la tercera escuela vienesa de psicoterapia. La idea de que se estuviese de alguna manera comparando la experiencia de Frankl con sus propias vidas de jóvenes universitarios era bastante perturbadora: Venezuela vislumbrada como un potencial campo de concentración. A todas estas, yo hacía planes para migrar en busca de un país en donde la vida tuviera más sentido que solo sobrevivir cada día.

En lo más profundo de la miseria

Víctor Frankl fue un neurólogo, psiquiatra y filósofo austríaco que sobrevivió desde 1942 hasta 1945 en cuatro campos de concentración nazis, incluyendo Auschwitz. Logra sobrevivir a este infierno, pero no así su esposa, sus padres, su hermano, su cuñada, muchos colegas y amigos. Esta experiencia extrema lo lleva a escribir uno de los libros más leídos en el siglo XX (El hombre en busca de sentido) y crea la logoterapia y se dedica al análisis existencial. De esta vivencia espantosa, escribe y desarrolla una teoría en la cual aborda aspectos cardinales de la existencia como la libertad, la responsabilidad, el asunto del sufrimiento y su potencial utilidad y, en definitiva, lo más trascendente de su obra, hace una propuesta acerca del sentido de la vida. 

En condiciones extremas, Frankl se apega a dos elementos esperanzadores de carácter futuro, como el desarrollo de una teoría psicológica de la cual había elaborado un manuscrito (que le fue arrebatado al llegar al campo de concentración) y el amor que sentía por su esposa. Su obra ampliamente conocida, El hombre en busca de sentido, se construye sobre la base de unas modificaciones muy pertinentes. La primera edición es un ensayo sobre la vivencia de haber estado en un campo de concentración. Inicialmente exitoso, no estaría escribiendo sobre ese libro si Frankl no lo modifica y escribe por petición de los lectores y de los editores, la segunda parte de la obra: Conceptos básicos de logoterapia.

El sentido de la vida

Al existencialismo, y particularmente a la obra de Víctor Frankl, se le opone la fuerza del determinismo, al punto de que el austríaco lo llama “pandeterminismo” y lo muestra como una enfermedad infecciosa que los educadores hemos inoculado. Como en cualquier intento de darle forma a las ideas, se recurre a la posición de defenderlas con las garras, lo cual es loable y forma parte de la historia de lo civilizatorio. Cuando Frankl señala que “la libertad no es más que el aspecto negativo de cualquier fenómeno, cuyo aspecto positivo es la responsabilidad”, y propone que la estatua de La Libertad en la costa este de los Estados Unidos debería ser complementada con la estatua de la Responsabilidad en la costa oeste, establece opiniones muy difíciles de conceptualizar, cuando no yerros en la manera de entender el asunto de la existencia.

Contraviniendo la idea de Frankl, el sentido de la vida es el que la persona (el ser) pueda darle. En la medida de que alguien pueda darle sentido a su vida, la misma lo tiene, independientemente de que no se esté actuando de manera libre o responsable. Las ideas de responsabilidad y libertad poco tienen que ver con el sentido de la vida, salvo en sujetos muy elevados y con grandes atributos intelectuales como el propio Frankl. Al final de todo, el nihilismo gusta salirse con las suyas, entre otras razones porque las ideas de libertad y más aún la de responsabilidad son etéreas y muy difíciles de atrapar.

La vida sin sentido

En la medida que las personas llenen el vacío de la existencia con creencias, la vida puede tener sentido. Esas creencias pueden ser generalmente de carácter político o religioso, que a fin de cuentas son las dos vertientes más primitivas del pensamiento. Lo político y lo religioso están al alcance de cualquier persona porque son instancias vulgares, que no requieren de mayor elaboración intelectual y por más primitiva que sea la persona, en ambos de estos aspectos se puede sentir un experto y dar sentido a las cosas. Incapaces de razonar, al asumir el pensamiento político o religioso, se está endosando un recetario de ideas al sistema de valoraciones humanas.

No es casual que los dos temas de conversación que unían a sus compañeros en los campos de concentración eran precisamente los temas políticos y religiosos, ambos ajenos al razonamiento y apegados a la capacidad de argumentar. Deficientes a la hora de razonar, los grandes argumentadores de ideas deslumbran, convencen y dan sentido a la vida. Si no es destructivo, debe ser respetado. 


Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 15 de septiembre de 2020.