martes, 2 de enero de 2018

Comienza la carrera



Todo comienzo es una oportunidad y cada oportunidad significa la posibilidad de abrigar nuevas esperanzas. Las estaciones, los cambios de la naturaleza, las temporadas de lluvias y sequías y el ciclo de la vida del hombre representan periodos con los cuales se ha de lidiar o de lo contrario vencen las tinieblas. Así ha sido siempre y cada desafío representa un nuevo chance.

Haciendo reminiscencias de los asuntos de la infancia sobre los cuales tiendo a escribir, me parece apropiado contar la siguiente experiencia: De niño entré a un cuarto de una casona muy grande, propiedad de mi bisabuela, en el estado Lara. Del techo colgaba una cuerda ancha y en el piso había un tobo. Era “el cuarto de los partos”. Mi bisabuela había tenido veintiún hijos y no le gustaba que nadie la ayudase, entre otras razones, porque cada uno de los hijos que tuvo, los parió de pie, por lo que se había diseñado una habitación para ella asistirse sola en los momentos de dar a luz. Vivió casi cien años y la última vez que la visité, había una cola de casi una cuadra de gente esperando para recibir sus consejos.

 Su tono de voz era apacible y como hablaba bajito, me sentaba muy cerca de ella. Pude escuchar las preguntas más insólitas por parte de las personas que iban a consultarle, desde cómo hacer para reconquistar un esposo en malos pasos hasta cuál era el número de la semana para ganarse la lotería. Uno a uno los atendía y con una insólita economía de palabras, cada una de sus respuestas era breve y atinada. La luminosidad en el rostro de quienes hablaban con ella era el único pago que recibía.

Esa experiencia vital de haber conocido a personas como ella, moldearon mi vocación y terminé por hacer lo que actualmente soy. No sé si para bien o para mal, pero cada aprendizaje de mi vida es en realidad una nueva recreación de las cosas que tiendo a extrapolar de cuando era apenas un niño. No hay que ser tan estudiado para entender que las experiencias tempranas, en el curso de la vida, marcan potencialmente a la persona para siempre. Unos harán buen uso de lo aprendido y otros torcerán el camino.

Todo comienzo, por más duro que pueda parecer, representa también un momento que, como tantos otros, tiene un carácter absolutamente inédito. Cuando uno en la vida atraviesa por una determinada situación, flaco favor se hace si se planta ante ello con temor e inseguridad. El arrojo y el impulso son las dos vertientes de lo humano que van siempre unidas con la idea de vida y se falla cuando no se cuenta con esta energía. 

Muy duro nos ha tocado y tal vez los desafíos sean más grandes que nunca, pero esta es una prueba que medirá el talante de varias generaciones de quienes hacemos vida en estas tierras. Total, que la historia de la civilización es en realidad el cúmulo de la biografía de los hombres. La historia la hacen los hombres y su capacidad de afrontar las circunstancias y la importancia de cada historia es del tamaño de sus personalidades.

Hay un asunto que desde hace tiempo genera un eco que ensordece y es el concepto de unidad. A efectos de campear un temporal, la idea de unidad tiene sentido, pero eso es algo siempre circunstancial. El mejor ejemplo lo representan los matrimonios. Si en una pareja las cosas no funcionan, separarse es una opción y sólo en caso de necesidad, puede haber una unificación de propósitos. Algunas uniones son en realidad un lastre que dificultan el movimiento y entorpecen la marcha. Generalmente es mejor estar unidos ante la adversidad, pero cuando la persona con quien se une es la adversidad, esa unión no tiene sentido.

El maniqueísmo y las dicotomías son al pensamiento un martillazo, pero no para movilizar sus elementos sino para fulminar el cerebro. De ahí que ante las adversidades el asunto no es la premisa infantil de estar unidos (sin estarlo) sino saber con quién y para qué establezco una fusión. ¿Cómo alguien puede poner a un zamuro a cuidar carne a estas alturas del partido? En la lupa del paso del tiempo, pocos son los que terminan por pasar el colador. Que después de haber vivido la misma experiencia varias veces, muchos no atrapen el aprendizaje, no habla mal de lo vivido, sino del aprendiz.

La experiencia de la vida hace que algunos terminemos por relativizar las cosas y cada vez que hago el insólito ejercicio de ponerme en lugar del otro, siento que se abre una oportunidad para entenderse. La moral es, en definitiva, un asunto cercano a un tiempo y un lugar determinado, más cercano a la moda que al sentido común.

 Cuando alguien me pregunta qué hacer para enfrentar el tamaño de los desafíos que la vida nos pone, una de las cosas que suelo sugerir es rodearse de los mejores, entendiendo, por supuesto, que vale el adagio de que es mejor estar solo que mal acompañado. Si de algo me puedo jactar de mi paso por esta vida es de los amigos que he podido cultivar y mantener. Que lo mejor de cada uno se haga presente. Ese es mi deseo en este nuevo comienzo. 



Twitter: @perezlopresti


Ilustración: @odumontdibujos 



Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 02 de enero de 2018




martes, 26 de diciembre de 2017

Navidad: Una buena palabra






Desde 1939 hasta 1945, durante la segunda guerra mundial, mi abuela tuvo un hijo por año y todos nacieron en diciembre. La razón era sencilla: nueve meses antes de cada parto, mi abuelo, que era soldado, había estado en su hogar de permiso. Dadas las circunstancias extremas en las cuales transcurría el tiempo en Europa, no era fácil encontrar fuentes de satisfacción. La maternidad, asumida en ese contexto, era, por decir lo menos, un acto de fe, pero por encima de cualquier cosa, un ejercicio que fortalecía la idea de supervivencia.

Ante la muerte inmanente que inunda cada rincón en los lugares donde hay conflictos armados, la vida, a veces, se sigue celebrando y cada vez que la misma aparece, la esperanza va de la mano con ella. ¿Cómo hacía el día a día una mujer con cinco hijos? Con la visión de futuro tomada de la mano o de lo contrario nada hubiese tenido sentido. El entorno disparaba mensajes negativos por todos lados, pero la dinámica propia de la vida, precisamente porque se hacía cada vez más dura, era la que empujaba a quienes atravesaban por esas circunstancias únicas y extremas a seguir respirando.

El mensaje frecuente de cualquiera que haya sobrevivido a los extremos es el de anteponer el principio de vida sobre el principio de muerte o de lo contrario vence la desesperanza. Pero si a esto le anteponemos la condición de mujer que debe sobrevivir para que otros puedan trascender, entonces entendemos cómo existe gente tan luchadora, para quienes el batallar diario y la vida son sinónimos.

Por una especie de tara o debilidad que nos suele acompañar como especie, solemos ser un tanto reacios a aceptar la idea del equilibrio. De ahí que vemos tantas veces repetida en la historia de la civilización, esa tendencia a romper con las ponderaciones cuando se alcanzan. Tanto a nivel personal, como en el ámbito social, quien entra en conflicto con el equilibrio, tratará por todos los medios de hacer que resurja el caos. Ese precepto se repite, pero las generaciones lo olvidan, porque el aburrimiento y el tedio tienden a conducir a la búsqueda compulsiva y desmedida hacia la aventura incierta en los espacios donde se alcanza bienestar. De ahí que aparezcan tantos advenedizos y pescadores en río revuelto.

La experiencia de cada uno, que es la historia única de vida de cada cual, nos marca en lo que respecta a nuestra manera de leer y percibir la realidad. Solemos reconstruir y construir una postura hacia la existencia que está signada por las vivencias que vamos armando. Una mujer todavía joven y todavía guapa me decía que era desmedidamente infeliz porque el pasado la perseguía cada día. Ella está condenada a no poder pasar la página, o porque siente que le es imposible o porque ni siquiera se lo ha planteado. 

Tal vez el día que más recogimiento familiar produce y mayores expectativas, relacionado con vínculos interpersonales, es el día que celebramos la navidad.  La navidad es una fiesta determinante para saber hasta qué punto nuestra vida va por buen norte, sea para compartir en forma cercana o para condolerse por las separaciones familiares que las circunstancias van generando; la navidad es tiempo de familia y para quienes no tienen una familia como tal, la navidad es la fecha de los afectos más cercanos, que a fin de cuentas son la familia que uno va construyendo a la par de aquella con la cual tiene lazos consanguíneos. Los amigos son la familia que la vida nos va regalando en el transcurso del tiempo. 

Como muchos, y desde que era un muchacho, esperaba como nada la noche buena, por encima de cualquier celebración o festejo; la llegada de la navidad era la mejor época del año y debo reconocer que en cualquier circunstancia por las que he pasado, lo sigue siendo. Incluso es una fiesta como ninguna por un asunto de convicciones. Navidad es la gran celebración y todo lo demás es consecuencia de lo representativo de esta fecha. Tanto desde el plano tangible como del más simple simbolismo.

Tiempos malos y tiempos buenos suelen ser el péndulo que ha acompañado a la civilización. Los malos a veces son proporcionales al grado de bienestar que logramos alcanzar cuando las cosas están bien. El paso del hombre lleva en su brújula las dos vertientes del ser, en un ciclo casi perfecto que conjuga en uno solo el sino que marca la vida de los hombres.

Mi abuela, luego de años de lucha, lo dijo muy claro: “Aquí ya no se puede vivir” y en una lejana noche de navidad le pidió al abuelo que se adelantara a “La América”, porque Europa no ofrecía ninguna posibilidad para sus hijos. Cada vez que escucho esa historia familiar, me repito a mí mismo a manera de talismán, ese precepto que siempre he seguido: “El mejor lugar del mundo es donde nos vaya bien”. Que no sea la tristeza ni la nostalgia aguafiestas la que se imponga sino el más profundo e indómito espíritu que sobrepone la vida sobre los males y la unión familiar sobre los retorcidos laberintos del existir. 




Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 19 de diciembre de 2017.