miércoles, 17 de mayo de 2017

A cien el pasaje


Una amiga me llama de manera atropellada para despedirse. Dice que compró un pasaje por cien dólares y se va a Ecuador en autobús. -“Adiós para siempre”- me expresa de manera templada. Le doy mis bendiciones y cuelgo el teléfono.

Mientras pienso en esa tendencia tan andina de andar bendiciendo a las personas, recuerdo una entrevista que le hizo el médico Howard C. Cutler al Dalai Lama, la cual fue publicada hace un par de décadas con el sugestivo título de El arte de la felicidad”. El libro logra, a través de la perspectiva de la psiquiatría occidental, transmitir las ideas del líder espiritual tibetano. El Dalai Lama revisó el manuscrito final para evitar las potenciales distorsiones que implica tratar de ensamblar dos visiones diferentes de las cosas. 

Para el líder de origen oriental, a medida que la sociedad occidental adquirió capacidad para limitar el sufrimiento causado por las duras condiciones de vida, parece que perdió la capacidad para afrontarlo. La mayoría de la sociedad occidental moderna tiende a pasar por la vida convencida de que el mundo es básicamente un lugar agradable, que en general impera la justicia y que las buenas personas merecen cosas buenas. Esta forma de ver el mundo ayuda a llevar una vida más sana, pero la aparición inevitable del sufrimiento mina esas creencias y provoca graves crisis personales y colectivas.

Con el progresivo crecimiento de las tecnologías, la sociedad occidental ha mejorado el nivel general de bienestar, y esto ha aparejado un cambio en la percepción del mundo: A medida que el sufrimiento se hace menos posible, deja de verse como connatural a los seres humanos, se lo considera una anomalía, una señal de que algo ha salido terriblemente mal. “Fracaso” es el término que se suele acuñar y no la palabra “resultado”.

Para el pensador oriental, esta manera de asumir la realidad conlleva muchos peligros. Si pensamos en el sufrimiento como algo antinatural, algo que no debemos experimentar, se asume un papel de “víctima”, lo cual es una idea recurrente en el pensamiento del hombre de occidente. El riesgo de asignar culpas y mantener una postura de víctima es precisamente la perpetuación de nuestro sufrimiento, con sentimientos persistentes de cólera, frustración y resentimiento.

Naturalmente, el deseo de librarse del sufrimiento es un objetivo legítimo de todo ser humano: Es el corolario de nuestro deseo de ser felices. Sin embargo, mientras veamos el sufrimiento como un estado antinatural, como una condición anormal que tenemos y rechazamos, nunca lograremos desarraigar sus causas y llevar una vida mejor.

Es un deber ético el respetar las decisiones de las demás personas. Cada día, en Venezuela, se marchan muchos de sus habitantes. Una estampida que va dejando familias fracturadas y a las personas alejadas de sus orígenes, viéndose forzadas a enfrentar realidades ajenas. Una verdadera desgracia para muchos, si tenemos en cuenta que la situación por la que atraviesa la nación pudo ser evitada. Mucho peor si pensamos que no se hace lo necesario para que la situación del país mejore.

Esa tendencia a huir de los graves problemas que afrontamos es una respuesta natural frente a una situación que sentimos imposible de enfrentar. Mucho más si ha sido propio de nuestra idiosincrasia el sentir que lo solidario y la amabilidad es propia de todos los ciudadanos del mundo. Para muchos, lamentablemente es el despertar de un pronunciado letargo que nos ha hecho caer en cuenta que tuvimos un país en donde la vida paradisíaca y el confort eran parte inevitable de la vida.

Esta visión de la existencia, fue en nuestro caso hermoseada con dos elementos que marcaron una vena propia del hecho de ser venezolano. El primero es el haber vivido durante tantos años bajo la falaz idea de que se podía mantener a toda una sociedad a costa de la renta petrolera. Este hecho creó una vinculación malsana con los recursos naturales y enredó la relación del venezolano con el trabajo. Lo segundo deriva de lo anterior. Para tantos connacionales, está en el disco duro de las creencias, la idea de que las cosas son o deben ser “gratis”. En realidad absolutamente nada es gratis. Alguien está pagando y las consecuencias de estos dos enunciados de alguna manera son una deriva que condiciona lo que estamos atravesando.


Siento mucho pesar por tantas personas queridas que cada día salen de nuestras fronteras, en ocasiones sin tener claro cuál es el rumbo a tomar. Me aflige la manera en que el sufrimiento se coló en nuestras vidas, sin haber sabido manejarlo antes de que hiciera su aparición, porque vivíamos una realidad que inexorablemente nos conducía al despeñadero y no lo evitamos. Pero lo que más me genera compasión es que como occidentales tuvimos mayores flaquezas que otras sociedades y aquellas cosas que creíamos que eran nuestras riquezas, terminaron por disolverse, como un castillo de arena a la orilla de la playa, cuando cada tarde sube la marea.

Twitter: @perezlopresti


Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 28 de marzo de 2017

Ilustración: @odumontdibujos 


El peligro de las ideas


En su obra La sociedad abierta y sus enemigos, Karl Popper, uno de los más importantes epistemólogos que ha existido, plantea la idea de que Platón (427-347 a.C.) fue el precursor de los totalitarismos del siglo XX. En lo particular tengo afinidad por esta premisa.

En la antigua Grecia va a aparecer un hombre, el cual conocemos como Sócrates, que se presentaba como una persona extraña y humorística, carente de estudios, a quienes algunos lo tenían por bufón, otros por subversivo y deambulaba por Atenas, sin mostrarse como alguien importante. Se dedicaba a hacer preguntas a los ciudadanos de la polis acerca de temas como la verdad, la belleza o la justicia. Cuando las personas le daban una respuesta, Sócrates seguía preguntando, hasta dejar claro que la gente no sabía la verdadera contestación de las preguntas que les formulaba.

Todo esto lleva a un proceso desencadenado por razones políticas, siendo finalmente Sócrates condenado a suicidarse mediante envenenamiento en el año 399 antes de Cristo. Platón (el de anchos hombros) es el pseudónimo con el cual se conoce a Aristocles, quien siendo discípulo de Sócrates se afectó profundamente por el proceso contra su maestro y puso todo su empeño en tratar de establecer un ideal de justicia y respeto por la verdad, fundando su célebre Academia en el año 388 antes de Cristo, la cual se puede considerar la primera universidad de Europa. Un proyecto que les permitió a los hombres de ideas no ser perseguidos ni condenados por su manera de pensar.

Platón nació en el seno de una familia aristocrática y llegó a combatir como soldado en la Guerra del Peloponeso  entre Atenas y Esparta, haciendo vida social e interesándose en los asuntos de la convivencia humana. Todo esto no solo marca la filosofía sino que es el germen del cual parte todo el pensamiento occidental. La filosofía nace con un propósito político desde sus inicios siendo Platón un hombre con conciencia y exigencia política, lo cual lleva al surgimiento de las enemistades propias de ser un ciudadano público.

En esos tiempos, los sofistas eran viajeros que deambulaban entre las ciudades que mejor podían acogerlos y remunerarlos. Estas enemistades se materializan en el enfrentamiento entre Platón y los sofistas, a quienes va a antagonizar de manera formidable. En ese enfrentamiento, Platón defiende la justicia, pero simultáneamente defiende a la ciudad tradicional, xenófoba, intolerante y anti-igualitaria frente a sus enemigos tangibles. En sus diálogos tardíos o de vejez, reformula su filosofía y admite que: “No se podía pretender que los gobernantes fuesen lúcidos y desinteresados”. En el último de sus diálogos, titulado Las leyes, confió a la organización legal lo que ya no podía esperar de la sabiduría de los individuos, adquiriendo su pensamiento una vocación ordenancista, autoritaria y rígida.

Es un lugar común decir que todas las obras filosóficas que se han escrito son simplemente notas a pie de página de los diálogos de Platón. Por una parte es cierto que los griegos no conocían el concepto de nación ni el concepto de Estado, sin embargo, la organización de la polis es un concepto de carácter político-filosófico que prevalece en occidente hasta nuestros días. Por otro lado, en el ideario griego existe la necesidad de luchar permanentemente contra todo lo que impida el desarrollo libre del pensamiento, y esa lucha hizo que los principales enemigos tanto de Sócrates como su discípulo Platón fuesen los sofistas, quienes sintetizaban la búsqueda del saber a una técnica, lo cual pudiésemos llamar “ideología”. Las ideologías y los ideólogos, pertenezcan o no a la academia, representan un atentado contra la libertad de pensamiento, debido a que esa manera de pensar es fosilizada y renuente a ser cuestionada. Quien esgrime una ideología ya consiguió su verdad y deja de buscarle el sentido a las cosas.

Dicho en otras palabras, para Platón, padre de la filosofía, y creador de la teoría de las ideas, los principales enemigos de la Academia eran los ideólogos, que tenían pensamientos programados y se les combatía desde lo político. Esta doble manera de equilibrar la visión del mundo, en la cual se conjugan lo ideológico con la vida colectiva, es la base que sustenta el pensamiento y la obra de Platón, creando por una parte una vocación de protección al pensamiento libre y por otra, y de manera simultánea, una dureza en la manera de confrontar aquello que ponga en riesgo el espíritu de la Academia, el espíritu de la filosofía y por consiguiente el pensamiento occidental.

De ahí que no tiene nada de insólito percibir, como lo llegó a hacer Karl Popper, cierto carácter autoritario en los diálogos de Platón, particularmente en aquellos que conocemos como diálogos medios o de madurez. Junto con Jesucristo, son las dos más influyentes personas de la civilización occidental, hallándose presente en ambos la ambigüedad, tanto en sus vidas, como en sus enseñanzas. 





Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 21 de marzo de 2017. 

Ilustración: @odumontdibujos 

viernes, 14 de abril de 2017

Pico Pan de Azúcar

En la cumbre del Pico Pan de Azúcar. 4680 msnm
13 de abril de 2017


El empinado ascenso al Pico Pan de Azúcar


En la cumbre del Pico Pan de Azúcar. 4680 m.s.n.m.


Se aprecian los picos Gemelo de Pan de Azúcar y Pan de Sal 


Las hermosas lagunas detrás del pico Pan de Azúcar


El extraordinario descenso por el arenal


En el campamento base en Barro Negro

El 12 de abril llegamos hasta Barro Negro y montamos el campamento base. El ascenso al Pico Pan de Azúcar se hizo en la mañana del 13 de abril y ese mismo día regresamos a la ciudad de Mérida. 

En la madrugada del 13 de abril, una manada de perros salvajes atacó a un caballo, el cual sobrevivió. Este hecho se le notificó al guadaparque de turno el día 13 de abril en la tarde. 

jueves, 23 de marzo de 2017

Timoncito

Timoncito. 28 de febrero de 2017

 En Timoncito


Timoncito. Llama la atención el color del agua, la cual se congela y descongela permanentemente


  
Abanico. Cara Sur del Pico Bolívar


 
En el centro: El Pico Bolívar visto desde su Cara Sur


Timoncito


Pico Espejo. Desde Timoncito se ve la Estación del Teleférico


Cara Sur del Pico Bolívar


En Timoncito


Timoncito

domingo, 19 de marzo de 2017

Cascada El Duende

El 18 de marzo de 2017 junto con Annabelle Perez Lo Presti fuimos a la Cascada El Duende. 4220 msnm

Al fondo la Cascada El Duende 4220 msnm



Annabelle Pérez Lo Presti en Valle del Muerto. Vía la Cascada El Duende


El camino hacia la Cascada El Duende 


En la Cascada El Duende 


El hermoso ecosistema de la Cascada El Duende


 La ruta hacia Barro Negro
Una selfie en la Cascada El Duende con Annabelle Pérez Lo Presti

El camino hacia el Pan de Azúcar


Hermosa y "amplia" "cueva". De regreso de la Cascada El Duende

El regreso muy nublado


Nos queda el jazz


El escritor británico Graham Greene escribió una obra maestra de la literatura universal titulada El poder y la gloria, siendo su protagonista un sacerdote cundido de infinitud de defectos, el cual es perseguido por los gendarmes mexicanos en la época conocido como la Guerra Cristera, en la cual  el anticlericalismo fue política de Estado en el país del norte de América.

En esta novela, el cura es un hombre que representa simultáneamente lo maltrecho de la condición humana con la santidad propia de las acciones que realiza. Hay una descripción particularmente perfecta en donde el religioso está tratando de tomar vino (uno de sus excesos), cuando aparecen sus perseguidores. La escena literaria no puede ser más inquietante, pues el sacerdote ve cómo brindis tras brindis por parte de sus enemigos, el vino va desapareciendo ante sus ojos. Tal vez la última oportunidad de experimentar un tanto de placer en esa desolada tierra mexicana donde lo violento y lo sublime han ido siempre de la mano.

El autor británico genera una atmósfera intensa que hace de El poder y la gloria una obra excelsa que conjuga el inmaculado arte del escritor con la idea de la relativización de la moral. Además, es de gran interés la propia vida del autor británico, desde su faceta artística hasta la política, incluyendo el espionaje; habiendo inspirado a varios de los exponentes del boom latinoamericano.

Es difícil que esa escena no haga su aparición de vez en cuando entre quienes alguna vez tuvimos oportunidad de tener acceso a ciertos placeres propios del hombre que merece un nivel de confort y bienestar por la jornada de trabajo que realiza. La posibilidad de degustar de un buen vino, luego de una conversación con el maestro Alberto Soria o experimentar los consejos del maridaje (arte de combinar comida y vino) del chispeante Miro Popic, cuando de paella se trata. El estrenar un par de zapatos, el poder comprar un texto con tapa dura en una librería que ofrezca novedades, la adquisición de un nuevo computador, un teléfono acorde con el avance tecnológico o la posibilidad de hacer un viaje al extranjero con el fin de relajarse un poco ante las tensiones de la vida. Nada raro para cualquier persona que viva en una sociedad medianamente equilibrada en donde lo placentero va de la mano con el concepto de trabajo, pero absolutamente imposible para un venezolano trabajador del siglo XXI, dependiente de un salario.

En la Venezuela del presente, lo que enriquece el espíritu pareciera haber  caído en el foso de las reminiscencias y la lucha por adquirir comida ocupa el primer plano de nuestras vidas. Nunca había escuchado tantas veces que las personas se hiciesen eco de la ya célebre pirámide de Abraham Maslow, alegando que la nuestra es una sociedad que no pasa del primer nivel de la misma, en donde a duras penas podemos, “si tenemos suerte”, satisfacer algunas necesidades fisiológicas, como alimentarnos.

Hace poco, un colega a quien su automóvil dejó de funcionar por falta de posibilidades de hacerle el respectivo mantenimiento regular, luego de pedirme que lo dejara en un lugar de la habitual ruta donde conduzco todos los días mi ya destartalado Chevrolet, se asombró por el equipo de sonido que tengo (un Mp3 Sony de 2006). Lo triste no fue que se entusiasmara con el equipo ya pasado de moda, sino que se le desbordaron sin empacho las lágrimas cuando escuchó la impoluta trompeta de Louis Amstrong interpretando Heebie Jeebies.

-“¿Todavía escuchas jazz, Alirio?... yo ni eso”- dijo con voz aterradoramente mustia, mientras el vozarrón de Amstrong ocupaba todos los espacios del universo.

La joya musical West end blues luce siempre lacónica, creando el contexto musical perfecto para cualquier venezolano que sea amante de la melodía, pero particularmente si lo es del jazz, género musical de elevadísimo nivel artístico, cuya preponderancia en el alma de los amantes de lo melódico es sinónimo de buen tono y necesidad de cierto languidecer que nos haga acompañamiento, así como las jugarretas de Louis Amstrong cuando une trompeta pura y dura y contraste de voces construyendo la sinfonía redonda llamada Tight like this: Simplemente sublime.

El sacerdote de El poder y la gloria se apega a lo mundano y a aquello que lo hace defectuoso pero le genera placer. Es así como Graham Greene describe: El cura siguió farfullando: -“El cielo está allí donde no hay jefes, ni leyes injustas, ni soldados, ni hambre. Vuestros hijos no mueren en el cielo”.

Mientras de fondo escucho al gran maestro de la música universal haciendo una especie de remate de virtuosismo cuando interpreta Mahogany hall stomp… me paso de lo previsto y por descuido (en realidad por estar concentrado en la excepcional música) no dejo al colega donde me había pedido. -“Gracias por el aventón, profesor. Ojalá que no le roben el equipo”- me dice al bajarse de mi carro- y sigo la marcha, pensando que a pesar de todo, “por ahora” nos queda el jazz.




Publicado en el diario El Universal de Venezuela el 14 de marzo de 2017


Ilustración: @odumontdibujos 


domingo, 12 de marzo de 2017

Laguna Verde-Timoncito

El lunes 27 de febrero de 2017 realizamos el recorrido entre la laguna Verde y el sitio conocido como Los Albornoz, a pocos metros de la base del Pico Bolívar por su cara Sur. Luego de la empinada subida del Chomajoma sigue una hermosa travesía que conduce hasta Timoncito. 

Al fondo se ven los picos Humboldt y Bompland. Foto tomada en la travesía que conduce a Timoncito


El camino que conduce a la laguna El Suero. Al fondo se aprecia la laguna Verde 


En la laguna El Suero. El letrero señala el camino al Chomajoma 


Laguna El Suero


Al fondo se aprecia el empinado Chomajoma 


Chomajoma
Desde lo alto del Chomajoma se ve la laguna Verde


Laguna Verde desde lo alto del Chomajoma


Hermosa vista de los picos Humboldt y Bompland desde el camino hacia Timoncito